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Marine Le Pen, después de anunciarse los resultados de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, dijo que: "Los franceses han elegido una continuación de la política del gobierno... Doy las gracias a todos los que estuvieron conmigo ... Estos son unos resultados históricos que demuestran que nosotros somos una nueva fuerza de oposición. Macron no es un presidente legítimo. La primera ronda demostró que los partidos antiguos han abandonado el juego. Hoy, la división es una división entre los patriotas y los globalistas ... Una nueva batalla nos está esperando: las elecciones parlamentarias, Y voy a liderar esa campaña".

La segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Francia en 2017 fue ganada por Emmanuel Macron, que recibió el 65,8% de los votantes. Marin Le Pen recibió el 34,2%.

Disturbios en París tras la elección del nuevo presidente Emmanuel Macron


Los manifestantes se han congregado en la Plaza de la República de la capital francesa para protestar contra el presidente electo. Los activistas habían anunciado manifestaciones sin importar el resultado electoral.

Manifestantes han salido a las calles de París tras las elecciones presidenciales de este domingo en Francia, en las que venció el candidato Emmanuel Macron. El movimiento había sido anunciado independientemente de quién resultara electo, ya que tanto Macron como Marine Le Pen llevarían a cabo políticas antisociales, según los activistas.

Cientos de personas permanecen reunidas en la Plaza de la República en medio de un fuerte despliegue de agentes y vehículos policiales. Por el momento no se registran incidentes mayores de violencia en el marco de la protesta.

Las protestas se han prolongado por segundo día consecutivo: ayer los manifestantes coreaban consignas contra fascistas y capitalistas, y pedían "la renuncia de Macron". La jornada registró disturbios a los que la Policía respondió con gases lacrimógenos y deteniendo a al menos 141 manifestantes.

La corresponsal de RT Charlotte Dubenskij fue una de los detenidos por la Policía francesa mientras cubría las manifestaciones. A pesar de haber mostrado su credencial de prensa a los oficiales, la periodista fue retenida por unos 30 minutos.

Este domingo Francia celebró la segunda vuelta de las elecciones presidenciales. Con prácticamente todo el escrutinio completado, el candidato del partido centrista ¡En marcha! obtuvo el 66% de los votos frente al 34% de Le Pen, su rival del Frente Nacional.

Dugin: "En Francia la batalla está perdida, la guerra no"

El filósofo Alexander Dugin ha comentado sobre los resultados de la segunda ronda de las elecciones presidenciales en Francia:

"Marine Le Pen perdió las elecciones, ganó el globalista Macron, Las élites transnacionales (y transgénero) derrotaron al pueblo. Bienvenidos al infierno. La caída continúa. La derrota del pueblo es nuestra derrota. Y el golpe debe ser tomado como un golpe. No tiene sentido quejarse: Nosotros hemos dicho: "La vida - incluyendo la vida política, y la vida política en primer lugar - es una guerra, la batalla está perdida, pero la guerra no. Todo está por delante. La escoria mundialista no renunciará y tratará de arrastrar a toda la humanidad al abismo. Pero no perdamos el dominio. Ahora está claro que la Resistencia tiene la necesidad de ser global. Después de todo, el enemigo es global.

Los viejos partidos están virtualmente destruidos. No hay ni derecha ni izquierda. Están los pueblos y las élites, los europeos y la oligarquía financiera mundial. Marine trabajó perfectamente. Ella es en adelante el polo ideológico de la Resistencia.

Puesto que Macron fundamentalmente no puede hacer nada, y la crisis sólo se profundizará, ahora, sin perder un minuto, debemos prepararnos para la siguiente etapa de nuestra lucha común: Francia, Europa y la humanidad. ¡Nuestro nombre es Marine Le Pen!"

Análisis: Tras la campaña electoral en Francia: «¡Eso no!»

Thierry Meyssan

En Francia, la campaña previa a la elección presidencial se ha apartado de la vía democrática. Estamos viendo un despliegue de medios destinados a condicionar a los electores nunca visto en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. El ejemplo que analizamos en este trabajo no deja lugar a dudas: se trata de una campaña de propaganda en el sentido dictatorial del término y su objetivo es conducir a la elección del candidato Emmanuel Macron.

La actual campaña previa a la elección presidencial en Francia muestra características diferentes a todas las campañas electorales que se han desarrollado en Europa desde la Segunda Guerra Mundial: por primera vez, un experimentado equipo de propaganda de guerra está trabajando a la sombra de uno de los candidatos.

Inicialmente favorito para ganar la elección, Francois Fillon fue eliminado en la primera vuelta sobre la base de toda una serie de acusaciones de nepotismo y corrupción que incluso le han valido ser llevado ante la justicia. Pero ninguna de esas acusaciones ha sido verificada hasta el momento.

De cara a la segunda vuelta, los electores franceses ahora se disponen a votar en masa a favor de un personaje contra el que manifestaban –también masivamente– hace sólo 2 años. Pero ahora van votar por él en aras de protegerse de un peligro que creen mucho más grave: la candidata Marine Le Pen.

Sin embargo, cuando se les pregunta a esos electores en qué consiste el peligro que esta candidata representa… no encuentran nada preciso que reprocharle y sólo logran citar una serie de críticas contra su padre.

Todas las publicaciones periódicas regionales y nacionales de Francia, sin excepción, denuncian el peligro que representa Marine Le Pen y llaman a cerrarle el camino votando por Emmanuel Macron.

Todos los franceses a los que preguntamos lo que piensan de la acusación en la que Emmanuel Macron afirmó que Marine Le Pen apoyó la invasión prusiana, ¡en 1870!, y la agresión alemana... en 1914, se rieron a carcajadas. La señora Le Pen nació… en 1968.

El video que incluimos en este trabajo ha sido objeto de una gran difusión tanto a través de los canales de televisión como en internet. Cuando lo mostramos a nuestros interlocutores franceses, todos recordaron haberlo visto antes y haber pensado que lo que el señor Macron estaba diciendo era realmente absurdo. Cuando volvimos a mostrarles el video, se quedaron pasmados al descubrir en esas imágenes las acusaciones que anteriormente los habían hecho reír.

O sea, se ha vuelto posible decir ese tipo de sandeces sin que nadie reaccione de inmediato. Veamos el video:

  • Agitando la medalla conmemorativa que se distribuye a los visitantes de la necrópolis de Notre Dame de Lorette, donde reposan los restos mortales de 45 000 combatientes de la Primera Guerra Mundial, Emmanuel Macron afirma que ese conflicto fue desatado por dirigentes que pensaban: «Somos mejores que nuestros vecinos, así que ¡vamos a destruirlos!» Seguidamente acusa a Marine Le Pen y sus amigos «refugiados en el castillo de Montretout» de compartir la misma ideología que el agresor y de querer empujar a Francia hacia una guerra similar. Y termina vociferando: «¡Eso no! ¡Eso no! ¡Eso no!»
  • El castillo de Montretout, donde creció Marine Le Pen, fue ocupado por los prusianos durante el asedio de París, en… 1870. La frase «refugiados en el castillo de Montretout» sugiere algún tipo de vínculo entre la niña que fue Marine Le Pen y Guillermo I, rey de Prusia y emperador de Alemania.
  • Los héroes de Notre-Dame de Lorette cayeron honrosamente en el campo de batalla en… 1914-1918. Y el objetivo de guerra del emperador Guillermo II ciertamente no era destruir Francia.
  • Es la primera vez que alguien inventa una relación de causa y efecto entre la guerra de 1870, la Primera Guerra Mundial y el Frente Nacional.

Es justo reconocer que la manera de presentar las cosas impidió a los electores percibir de forma consciente el sentido de las palabras de Emmanuel Macron, pero no comprenderlas inconscientemente.

Así se justifica en sus mentes que vayan a votar por un personaje que en realidad detestan, pero que supuestamente va a protegerlos de una mujer que dice representar a la Nación, a pesar de que ya traicionó a Francia en el pasado y de que tiene sobre su conciencia los millones de muertos de las guerras de 1870 y de la Primera Guerra Mundial.

Según el sociólogo Jean-Claude Paye [1], la enormidad de tales acusaciones, respaldadas por toda la prensa, sin excepción, literalmente petrifica a los franceses. Aturdidos, marchan como zombies hacia las urnas para votar como se les ordena que lo hagan.

Mientras más increíble, más fácil de hacer tragar.

[1] «Pas ça !», por Jean-Claude Paye, Réseau Voltaire, 5 de mayo de 2017

Un debate muy revelador

Si hacemos el esfuerzo de ver el debate previo al voto de la segunda vuelta de la elección presidencial francesa en función de lo que supuestamente tenía que haber mostrado –o sea, no los programas sino las personalidades de los dos candidatos–, el debate de este 3 de mayo resultó muy revelador: los franceses se disponen a elegir como presidente para los próximos 5 años a un brillante actor que ni siquiera se interesa en ellos.

En los debates previos a la segunda vuelta de la elección presidencial francesa, los dos candidatos tradicionalmente renunciaban a la retórica de campaña y asumían una postura de posible presidente. Su objetivo no era tanto explicar una vez más su visión de Francia sino más bien mostrar sus capacidades personales para conformar un equipo, mantener la sangre fría y defender el interés general.

No fue eso lo que sucedió este 3 de mayo de 2017. Marine Le Pen y Emmanuel Macron se enzarzaron en una riña apenas digna de dos vendedores ambulantes, prolongando así ante las cámaras la lucha que ya había marcado sus respectivas campañas.

Esta incontrolable violencia verbal demuestra, a mi memoria de elector, que existe en este momento una fractura sin precedente en la sociedad francesa. Este diálogo de sordos entre sus líderes sólo puede terminar con los electores yéndose a las manos. Se hace cada vez más evidente que Francia será en los próximos años teatro de graves enfrentamientos callejeros, de una revolución o, incluso, hasta de una guerra civil.

Todos conocemos bien el diagnóstico: de un lado, gente acomodada, que trabaja en el sector terciario –o sea, en el sector de los servicios (comercio, hotelería, administración y servicio públicos, turismo, finanzas, ocio, etc.)–, que vive en las zonas centrales de los grandes centros urbanos, consumidora de espectáculos y de animaciones culturales; del otro lado, habitantes de los barrios periféricos o de las zonas rurales, carentes de servicios públicos… y carentes también de perspectivas de futuro. Está también, por supuesto, la gran cantidad de gente que se sitúa entre esos dos polos… y que teme caer en el segundo.

Según la señora Le Pen, sus electores son las víctimas de una disolución progresiva de la Nación y de la República en eso que ha dado en llamarse la globalización. Según el señor Macron, sus electores, al enriquecerse, se han convertido en los vencedores de la modernidad y son, por consiguiente, el ejemplo a seguir.

Los telespectadores, aturdidos por la violencia del debate del 3 mayo, no observaron las cualidades que mostró cada uno de los candidatos.

Marine Le Pen se mostró liberada de su educación de extrema derecha, simultáneamente maternal y severa. Como abogada, se mostró preocupada por la justicia social y puso su talento al servicio de la «Francia de abajo». Carece de la agilidad intelectual que le permitiría brillar en los salones parisinos pero sí mostró una gran capacidad para entender con claridad las situaciones, eliminando instantáneamente el falso brillo y las elucubraciones.

Emmanuel Macron es una mente superior, mucho más inteligente que su rival, a menudo encantador, a veces cortante. Es un hombre de teatro, domina el arte de crear la ilusión. Es una personalidad narcisista, a menudo mal intencionado, desprovisto de escrúpulos e incapaz de sentir remordimiento. Se dedicó a burlarse de su adversaria asumiendo la posición del caballero impoluto que se enfrentaba a una especie de hijo travesti de un monstruo nazi.

Al término de esta larga campaña, incluyendo este último debate televisivo, es probable que el señor Macron resulte electo por la coalición que conforman la «Francia de arriba» y los que viven con la esperanza de pasar a ser parte de ella. Pero nada permite anticipar cómo van a desarrollarse las elecciones legislativas de junio. La lógica según la cual los franceses deberían garantizar una mayoría parlamentaria al presidente que acaban de elegir podría estrellarse contra el despertar de las fuerzas derrotadas en la primera vuelta de la elección presidencial. Así que no hay que excluir la posibilidad de que el encanto se rompa mucho más rápido que lo previsto y que Emmanuel Macron –si resulta electo– se vea obligado de inmediato a tratar de negociar con los derrotados.

En todo caso, tanto si un Macron presidente logra mantenerse solo en el poder como si gobierna asociándose a lo que quede de la formación sucesora de la UMP [el actual partido Los Republicanos] y del agonizante Partido Socialista, lo cierto es que el abismo que ya separa las dos Francia –«la Francia de arriba» y «la Francia de abajo»– seguirá haciéndose cada vez más profundo y más ancho. Los ciudadanos que realmente quieran defender el interés general, o sea la República, no tendrán otra solución que organizarse para resistir, probablemente tras la jefa electa de la oposición, Marine Le Pen, y prepararse para ejercer el poder. Tendrán que admitir por fin que ya no es hora de cortesías fuera de lugar y que la cólera también está en marcha.

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