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Un reciente informe revela una triste estadística de lesiones cerebrales y desórdenes mentales así como otros traumatismos graves que han sufrido las tropas de EE.UU. en las guerras de Irak y Afganistán.

Según recientes datos del Servicio de Investigación del Congreso de los EEUU, las operaciones militares que EEUU ha llevado a cabo desde el año 2001, arrojan un diagnóstico de trastornos por estrés postraumático en casi 130.000 militares. Sin embargo, esta cifra podría ser solo la 'punta del iceberg', ya que no todos los casos fueron detectados por los médicos.

Desde el año 2000 (para este parámetro se tuvo en consideración también el año anterior a los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001), más de 253.000 militares estadounidenses sufrieron algún traumatismo craneoencefálico. Este tipo de lesiones es común entre los afectados por explosiones de bombas.

Un 77% de estos casos es considerado “leve” porque los efectos (como la pérdida de memoria), duraron menos de 24 horas o porque el afectado permaneció inconsciente menos de 30 minutos. El informe recoge también unos 6.500 casos de “heridas abiertas en la cabeza, fracturas de cráneo o proyectiles clavados en el cerebro”.

Además, casi 800 veteranos de la guerra de Irak y casi 700 de Afganistán tienen amputada alguna extremidad completa debido a las heridas recibidas en el campo de batalla. A más de 200 (de ambas operaciones) les sometieron a amputaciones menores, como dedos o pies.

En total, más de 50.000 militares y civiles del Departamento de Defensa de EE.UU. resultaron gravemente heridos en Irak y Afganistán. Más de 6.600 estadounidenses fallecieron en las dos operaciones en Irak (ya concluidas) y en la de Afganistán, cuyo final está previsto para 2014, aunque un contingente de militares norteamericanos permanecerá allí por un tiempo indefinido.

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