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Por Alexander Dugin*

1. Después de la decadencia y de la desaparición del bloque socialista de Europa del Este a finales del siglo pasado, se hizo necesaria una nueva visión de la geopolítica mundial sobre la base de un nuevo enfoque. Pero la inercia del pensamiento político y la falta de imaginación histórica entre las élites políticas del Occidente victorioso, llevaron a tomar una opción simple: la base conceptual de la democracia occidental liberal, una sociedad de economía de mercado, y el dominio estratégico de los EE.UU. a escala mundial se convirtieron en la única solución ante todo tipo de retos emergentes y el modelo universal que debe ser obligatoriamente aceptado por toda la humanidad.

2. Ante nuestros ojos está surgiendo una nueva realidad – la realidad de un mundo organizado en su totalidad en el paradigma de los Estados Unidos. Un influyente think tank neoconservador en el moderno EE.UU., se refiere a ella abiertamente mediante un término más apropiado: el “imperio global” (en ocasiones: “imperio benevolente” -R. Kagan). Este imperio es unipolar y concéntrico en su misma naturaleza. En el centro se encuentra el “Norte rico”, la comunidad Atlántica. El resto del mundo -la zona de los países subdesarrollados o en desarrollo, considerados periféricos- se presume que está siguiendo la misma dirección y el mismo curso que los países centrales de Occidente tomaron mucho antes.

3. En esa visión unipolar, Europa es considerada la periferia de América -la capital del mundo- y como la cabeza de puente del oeste americano en el gran continente euroasiático. Europa es vista como parte del Norte rico, no en la toma de decisiones, sino un socio menor, sin intereses propios y características específicas. Europa, en tal proyecto, es percibida como un objeto y no como sujeto, como una entidad geopolítica privada de identidad autónoma y de soberanía real y reconocida. La mayor parte de la particularidad cultural, política, ideológica y geopolítica del patrimonio europeo es considerada como algo pasado de moda: todo lo que una vez fue valorado como útil ya ha sido integrado en el proyecto occidental global, y lo que queda es descartado como irrelevante. En tales circunstancias, Europa queda geopolíticamente desnuda, privada de su propio, adecuado e independiente ser. Siendo geográficamente vecina de regiones con diversas civilizaciones no europeas, y con su propia identidad debilitada o negada directamente por el enfoque del Imperio Americano Global, Europa puede perder fácilmente su propia forma cultural y política.

4. Sin embargo, la democracia liberal y la teoría de libre mercado representan sólo una parte del patrimonio histórico europeo, ya que ha habido otras opciones, propuestas y temas, tratados por los grandes pensadores europeos, científicos, políticos, ideólogos y artistas. La identidad de Europa es mucho más amplia y profunda que alguna simple comida rápida ideológica norteamericana del complejo imperial global – con su mixtura caricaturesca de ultra-liberalismo, ideología de libre mercado y democracia cuantitativa. En la época de la guerra fría, la unidad del mundo occidental (en ambos lados del Atlántico) tenía la base más o menos sólida de la defensa mutua de valores comunes. Pero ahora este reto ya no está presente, la vieja retórica ya no funciona. Debe ser revisada así como suministrados nuevos argumentos. Ya no hay un enemigo común claro y realista. Una base positiva para un Occidente unido en el futuro es casi totalmente inexistente. La elección social de los países y estados de Europa se encuentra en marcado contraste con la anglosajona (hoy americana) opción por el ultra-liberalismo.

5. La Europa de hoy tiene sus propios intereses estratégicos que difieren sustancialmente de los intereses estadounidenses o del enfoque del Proyecto Global Occidental. Europa tiene su particular actitud positiva hacia sus vecinos del sur y del este. En algunos casos los beneficios económicos, los problemas de abastecimiento de energía y de defensa común no coinciden en absoluto con los americanos.

6. Estas consideraciones generales nos llevan, como intelectuales europeos profundamente preocupados por el destino de nuestra Madre-Patria histórica y cultural, Europa, a la conclusión de que necesitamos desesperadamente una visión alternativa del mundo futuro donde el lugar, el papel y la misión de Europa y de la civilización europea sean distintos, mayores, mejores y más seguros de lo que lo son dentro del marco del proyecto de Imperio Global, con características imperialistas demasiado evidentes.

7. La única alternativa viable en las actuales circunstancias se encuentra en el contexto de un mundo multi-polar. La multipolaridad puede ofrecer a cualquier país y civilización del planeta el derecho y la libertad para desarrollar su propio potencial, para organizar su propia realidad interna de acuerdo con la identidad específica de su cultura y de su gente, para proponer una base fiable de relaciones internacionales justas y equilibradas entre las naciones del mundo. La multipolaridad debe basarse en el principio de equidad entre los diferentes tipos de organizaciones políticas, sociales y económicas de esas naciones y estados. El progreso tecnológico y una creciente apertura de los países deben fomentar el diálogo y la prosperidad de todos los pueblos y naciones. Pero al mismo tiempo esto no debería poner en peligro sus respectivas identidades. Las diferencias entre civilizaciones no tienen que culminar necesariamente en un choque inevitable entre ellas – en contraste con la lógica simplista de algunos autores americanos. El diálogo, o más bien “polílogo”, es en este sentido una posibilidad realista y viable que todos debemos explotar.

8. En lo que respecta a Europa directamente, y en contraste con otros planes para la creación de algo “grande” en el ya pasado de moda sentido imperialista de la palabra – sea el Proyecto del Gran Medio Oriente o el plan pan-nacionalista de una “Gran Rusia” o de una “Gran China” – sugerimos, como una concreción del enfoque multi-polar, una visión equilibrada y abierta de una Gran Europa como un nuevo concepto para el futuro desarrollo de nuestra civilización en su dimensión estratégica, social, cultural, económica y geopolítica.

9. La Gran Europa consiste en el territorio contenido dentro de los límites que coinciden con los confines de una civilización. Este tipo de frontera es algo completamente nuevo, como lo es el concepto de la civilización-estado. La naturaleza de estos límites supone una transición gradual – no una línea abrupta. Por lo que esta Gran Europa debe estar abierta a la interacción con sus vecinos del Oeste, el Este o del Sur.

10. Una Gran Europa en el contexto general de un mundo multi-polar se concibe como rodeada de otros grandes territorios, basando su unidad respectiva en la afinidad de civilización. Por lo tanto, se puede postular la eventual aparición de una Gran América del Norte, una Gran Eurasia, una Gran Asia Pacífico y, en el futuro más lejano, una Gran América del Sur y una Gran África. Tal y como están las cosas hoy en día, ningún país – excepto los EE.UU.- puede darse el lujo de defender su soberanía real contando únicamente con sus propios recursos internos. Ninguno de ellos podría ser considerado como un polo autónomo capaz de contrarrestar el poder Atlantista. Por lo tanto la multipolaridad requiere un proceso de integración a gran escala. Se podría llamar “una cadena de globalizaciones” – pero globalización dentro de unos límites concretos – que coinciden con los límites aproximados de varias civilizaciones.

11. Nos imaginamos esta Gran Europa como un poder geopolítico soberano, con su propia identidad cultural, con sus propias opciones políticas y sociales – sobre la base de los principios de la tradición democrática europea -, con su propio sistema de defensa – incluidas las armas nucleares -, con su propio acceso estratégico a los recursos energéticos y minerales – tomando sus propias e independientes decisiones sobre la paz o la guerra con otros países o civilizaciones -, todo lo anterior en función de una voluntad europea común y un procedimiento democrático para la toma de decisiones.

12. A fin de promover nuestro proyecto de una Gran Europa y el concepto de la multi-polaridad, hacemos un llamamiento a las diferentes fuerzas en los países europeos, y a los rusos, los americanos, los asiáticos, para que yendo más allá de sus respectivas opciones políticas, diferencias culturales y opciones religiosas, apoyen activamente nuestra iniciativa, creando en cualquier lugar o región Comités para una Gran Europa u otro tipo de organizaciones que compartan el enfoque multi-polar, el rechazo a un mundo unipolar y al creciente peligro del imperialismo norteamericano, así como la elaboración de un concepto similar para otras civilizaciones. Si trabajamos juntos, afirmando fuertemente nuestras diferentes identidades, seremos capaces de encontrar un mundo equilibrado, justo y mejor, un Gran Mundo en el que cualquier digna cultura, sociedad, fe, tradición y creatividad humana encontrará su propio y reconocido lugar.

Una nación, etnias diferentes

Si queremos preservar, fortalecer y ampliar nuestra esfera de influencia, debemos ser euroasiáticos y basar nuestra política en esta filosofía.

Los pasos que Vladimir Putin ha dado desde la publicación de su artículo programático sobre la Unión Euroasiática en “Izevstia”, demuestran que no se trata simplemente de una declaración aislada. No obstante, tanto sobre una integración del espacio post-soviético, como respecto a la posibilidad de llevarla a cabo prioritariamente en relación con la CEI, el tema ya ha sido ampliamente tratado por el mismo Putin y por otras figuras políticas.

Que no se trata simplemente de una abstracción, es algo visible desde los primeros pasos concretos tendentes al establecimiento de una unión aduanera, en la creación de una zona de libre comercio en la CEI y en otras acciones: esto demuestra que estamos frente a un proyecto con estrategias y programas.

La Unión Euroasiática no es sólo una iniciativa económica, aunque Putin insiste en la economía. Pero si sólo se trataba de economía, entonces ¿por qué no limitarse a un formato “euro”, la Comunidad Económica Euroasiática –CES-, un espacio económico común o una unión aduanera? ¡No! Putin dijo que la Unión Euroasiática es otra cosa. Es una estrategia política real. Y vemos cómo Putin se está esforzando en ponerla en práctica.

Si Medvedev comenzó su presidencia con el proyecto de modernización, Putin comienza su regreso a la presidencia con el proyecto de Eurasia.

¿Qué es la Unión Eurasiática? Se trata de una filosofía política que tiene tres principios básicos, tres núcleos principales. El primer núcleo consiste en la construcción de un mundo multipolar. No se ve la necesidad ya sea de un mundo unipolar, ya sea de la hegemonía estadounidense -que Putin ha criticado en su discurso de Munich-, ni de un mundo sin polos que garantizaría el dominio de las corporaciones transnacionales y el poder de las élites mundiales. Para Putin es inaceptable tanto un mundo sin polos como un mundo unipolar. Él habla de un mundo multipolar donde haya algunos polos concretos de influencia regional, desde cuyo equilibrio se pueda implementar un sistema equitativo de reparto de la fuerza y de las áreas de influencia. Sólo en un mundo multipolar puede hacerse esto.

De la idea de un mundo multipolar arranca el segundo núcleo de la filosofía política euroasiática: la integración del espacio post-soviético. Esto es realmente lo que Putin, ahora, más destaca. En que Rusia, por sí sola, no puede constituir un polo plenamente autónomo y completo en un mundo multipolar. Con el fin de crear este polo Rusia necesita de aliados, de los procesos de integración en el espacio post-soviético. Necesita de Kazajstán, Bielorrusia, Ucrania, Moldavia, si es posible también de Armenia y de Azerbaiyán; necesita una salida en el corazón de Asia Central, como en Kirguistán, en Tadžikistan, mejor aún en Uzbekistán e incluso en Turkmenistán.

Eso es todo – una perspectiva muy lejana. Pero hay que trabajar en esta dirección. Aunando nuestro potencial energético, económico y militar-estratégico, nuestros yacimientos de recursos fósiles y naturales y sus canales de distribución, seremos una potencia mundial real, verdaderos protagonistas globales, y volveremos al escenario de la historia.

El tercer núcleo de un mundo multipolar –Rusia se está reconstruyendo con el modelo de la democracia liberal que en los años 90 fue copiado de Occidente, recorriendo la muy especial ruta rusa de desarrollo.

La especificidad de nuestra sociedad consiste en el hecho de que no tenemos una nación enteramente burguesa. No tenemos una única sociedad civil basada en los principios del individualismo, el liberalismo, como por ejemplo la sociedad norteamericana o europea. El sistema de valores de Rusia es radicalmente diferente. Este sistema tiene como valor estratégico una unidad alrededor del núcleo ruso y la polifonía étnica, no las naciones, sino los grupos étnicos que viven en el territorio de Rusia y en el espacio post-soviético formando una unidad cultural. Esto se llama eurasismo en la política interna. Una sola gestión estratégica, un solo Estado y una multiplicidad de grupos étnicos, cada uno de los cuales no reproduce la propia configuración nacional o política, sino una parte del tesoro espiritual de nuestra patria común.

Putin ha hablado este verano sobre la necesidad de distinguir entre naciones y grupos étnicos. La nación es una sola, como único es el estado, mientras que los grupos étnicos son diversos. En este punto es muy importante no permitir ni el nacionalismo separatista de los grupos minoritarios, ni el nacionalismo de los pueblos más grandes. Los modelos nacionalistas son incompatibles con la naturaleza euroasiática de nuestra sociedad. Si queremos preservar, fortalecer y ampliar nuestra esfera de influencia, debemos ser euroasiáticos y basar nuestra política en esta filosofía.

Esto es todo lo que Putin anunció, este es el proyecto que ha comenzado a concretar. Creo que en un corto período de tiempo va a ser necesario modificar nuestro sistema político, cambiar el equilibrio de poder entre el centro y las regiones, y el discurso en dos direcciones simultáneamente: la eliminación de conceptos tales como la república nacional dentro de Rusia y al mismo tiempo ampliar el poder de los grupos étnicos, una política deliberada para el fortalecimiento y la renovación de la lengua y de las comunidades religiosas. Se trata de un equilibrio dual.

Esta filosofía política de Eurasia está representada por Putin a partir de marzo de 2012. Se trata de un asunto muy serio. Vamos a entrar en una era de nuevas realidades políticas. No se trata de la modernización liberal, sino de la construcción de una potencia euroasiática. Integral, fuerte, mundial, con sus características sociales, con sus principios y valores específicos.

*Alexander Dugin es experto en geopolítica, ensayista y escritor ruso

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