altPor David Urra

Mucho se habla en estos tiempos de lo que sucede en Damasco, Kiev, Pyongyang, Sudan, Caracas o El Cairo. Los grandes medios y el ejército de analistas que lo componen, tratan de descifrar o manipular los acontecimientos, pero sin que muchos lo perciban, incluyendo a los propios rusos, estamos siendo espectadores de un acontecimiento que debe tener una transcendencia universal – LA TOMA DE MOSCU.

Parece un poco espectacular esta aseveración y hasta tremendista, al estilo de la “Guerra de los Mundos”, pero se hace necesario hacer una lectura realista de lo que está pasando y a donde apuntan los hechos, no las palabras. Para ello lo primero que debemos hacer es dejar a un lado el lenguaje que nos impone occidente a través de los medios y las declaraciones reiteradas de sus personeros y que desvirtúan no solo los acontecimientos, sino y hasta la propia compresión de estos y hacia donde nos llevan.

Para comprender que significa el “cambio de lenguaje”, podemos considerar algunos ejemplos:

  • Occidente nos ha tratado de vender la idea de que Iraq, Libia, Sudan, Kosovo, etc, son movimientos (inclusive se emplea el termino revoluciones), que pretenden canalizar la “ansias de libertad y democracia” de estos pueblos. Durante un tiempo llovieron los artículos y materiales presentando a los líderes de estos países como bestias sangrientas que “oprimían” a sus pueblos. Al final forzaron los cambios, con no poca participación de fuerzas y recursos externos. Deberíamos preguntarnos ¿Qué está pasando en estos países ahora? ¿Hay algún tipo de democracia en ellos?
  • En Kiev un grupo de fascistas se lanzó a la violencia y genero disturbios con marcado carácter desestabilizador, inclusive después de acordado con occidente un proceder para solucionar el “problema”, incumplieron los acuerdos y se aprovecharon de la retirada de las fuerzas del orden para asaltar, al más puro estilo del Western americano, las instituciones de gobierno, provocando un clásico golpe de estado que occidente enseguida reconoció con el eufemístico epíteto de “revolución auténtica”. En Crimea el pueblo define en las calles su deseo de no ser parte de la payasada occidental en Kiev y su parlamento vota una resolución solicitando la anexión a Rusia, entonces nos presentan este acto como un golpe de estado inaceptable para la “comunidad internacional” y se aprestan a tomar represalias contra quienes lo apoyan. Por cierto en la misma fecha en que se realiza el referéndum en Crimea se está desarrollando un acto idéntico en Venecia, pero nadie habla de ello.

Pudiéramos poner muchos ejemplos más donde es evidente como se nos define de forma distinta un mismo hecho o se nos presentan otros como en realidad no ocurren.

Lo más importante es que a pesar de los evidente pasos que está dando occidente y su coalición, los rusos y los chinos siguen jugando a la “asociación constructiva”  y su principal problema radica en que el análisis de los acontecimientos lo hacen considerando el punto de vista occidental, para dar una imagen falsa de “estar en la misma cuerda”, cuando en realidad la cuerda esta alrededor de su cuello.

La verdadera estrategia de EE.UU y sus aliados consiste en mantener a los rusos y chinos en un perfil bajo y hacerles creer que ellos son sus socios cuando en realidad están tratando de estrangularlos.

En el caso de los chinos se emplea la versión “japonesa” empleada por EE.UU contra Japón después de la Segunda Guerra Mundial  consistente en hacerles creer que eran sus socios y que los apoyarían en su desarrollo económico, lo cual sería suficiente para lograr el largo anhelo nipón de ser un “imperio”.  Los japoneses lograron un desarrollo vertiginoso desde el punto de vista económico, pero en imperio nunca se convirtieron. Es más, cuando a EE.UU le convino y consideró que la competitividad japonesa estaba lesionando sus intereses, utilizó su verdadero control sobre esa economía y la devaluó al rango de “no peligrosa”, obligando a los japoneses a bajar su perfil.

Ahora se emplea la misma estrategia con China y estos viven la ilusión de que son una potencia económica, cuando en realidad se han convertido en lo que muchas veces  menciono el líder Chino Mao Tse Tung, en un “Gigante con pies de barro”.

Recientemente China declaró que en caso de que EE.UU mantenga la actual presión sobre Moscú por su actitud en el conflicto ucraniano, exigirán el pago de sus obligaciones de deuda en oro, lo que produciría un derrumbe financiero en dicho país. Esto no pasa de ser una bravuconada imposible de ejecutar.

El problema consiste en que esta acción provocaría un derrumbe estrepitoso del dólar lo que al final solo favorecería a los norteamericanos, pues afectaría en primer término a las economías que poseen superávit y grandes reservas en dólares, las que se esfumarían de inmediato, por su parte para EE.UU inmerso en un espiral de deudas interminable e impagable, significaría la “devaluación” de dicha obligación financiera lo que le seria desesperadamente conveniente.

La economía China es tan dependiente de las transnacionales, que cuando EE.UU lo estime conveniente, la devaluará al nivel manejable para que no afecte sus intereses.

Con los rusos la historia es otra, pues a pesar de todos sus tropiezos son en realidad el peligro más evidente para la implantación de la hegemonía estadounidense a nivel global.

Es por ello que, si bien EE.UU ha montado un muro de contención en la zona Asia-Pacifico, alrededor de Rusia está incendiando a todos los aliados y vecinos con el evidente objetivo de quitarle a los rusos el apoyo de estos, lo que invariablemente los devaluara a la categoría de gran país, en lugar de gran potencia, disminuirá su influencia internacional de forma drástica y adecuada para en su momento lanzarse al asalto de Moscú, donde convendría instalar a un tío del estilo de Boris Yeltsin, adicto a libaciones espirituosas de “samagonka” (vodka casero) y otras sustancias no identificadas.

Ucrania es un claro ejemplo de esta estrategia debido por un lado a la cercanía de Rusia y por otro a lo que significa desde el punto de vista militar y psicológico un cambio en la dirección de Kiev.

El aspecto militar aunque se toca con prudencia tiene una significación clave en este asunto. No solo porque en los puertos ucranianos de Sevastopol y Yalta tienen los rusos sus bases sureñas de la flota rusa que cubren como zona de responsabilidad el Mediterráneo y cuya pérdida significaría un duro golpe para su necesaria y estratégica presencia en esta convulsa zona, sino y por el evidente papel que Bielorrusia y Ucrania significan para el sistema defensivo ruso que fungen como un cordón de seguridad que les permite fundamentalmente disminuir la eficiencia del sistema de ataque y respuesta montado en los países miembros de la OTAN.

En términos técnicos esto se explica porque los sistemas de defensa antiaérea se escalonan en altura y distancia. Los rusos pueden escalonar en altura su sistema, pero si Ucrania se convierte en una plataforma para amenazar a Rusia -y va por ese camino – el escalonamiento por distancia se reduciría a casi nada pues el trayecto entre las fronteras ucranianas y Moscú es de aproximadamente  500 kms.

Por otro lado para nadie es un secreto que EE.UU ha “adelantado” sus “defensas”, poniendo casi en las narices de Rusia sus sistemas antiaéreos, lo que los convierte en ofensivos pues pueden controlar y “atacar” a la aviación y misiles rusos en el momento de despegue.

Cabe esperar que en cuanto Washington logre instalar su “Gobierno” en Kiev uno de los primeros acuerdos será expulsar a la flota rusa de sus puertos en el Mar Negro, instalar en ellos a sus buques para amenazar el suroeste ruso e instalar un sistema antimisil en la frontera ucraniano-rusa para garantizar una envidiable ventaja estratégica, fundamentalmente en su escalonamiento en distancia.

Prácticamente ningún avión podrá despegar de los aeropuertos en la zona europea de Rusia sin estar bajo el control de los sistemas antiaéreos norteamericanos. De más está decir que esto ni remotamente pueden lograrlo los rusos.

Muchos pensaran en que esto no tiene importancia, pues de todas formas el uso del armamento nuclear es incompatible con la vida humana y cualquier contienda de ese tipo, no importa donde detonen estos artefactos provocaría la destrucción global, de los “ganadores” y los “perdedores”.

El problema consiste en hacerse la pregunta correcta, de ser así entonces ¿Para qué EE.UU insiste en el constante acercamiento de sus sistemas antimisiles a las fronteras rusas, lo cual se evidencia en las instalaciones existentes en Polonia, Rumania y la Republica Checa?

Y es aquí donde a los rusos les falla el pensamiento de “colaboración constructiva” con occidente. A EE.UU y sus aliados no les interesa colaborar con Rusia, solo debilitarla hasta convertir al Oso ruso en un gatico domestico cuyo único mecanismo de defensa sea maullar.

Lo peligroso de esto radica en la percepción norteamericana de que esto les traerá “ventajas” estratégicas y por ende en algún momento pueden lanzar un ataque que destruya a su sempiterno enemigo.

Esta apreciación no solo es irreal, sino y muy peligrosa.

Claro que esta estrategia tiene otras aristas. Occidente juega también la carta de la desestabilización y en ello Ucrania puede ser una pieza importante, conjugándose con Georgia, Azerbaizhan y otras ex repúblicas soviéticas que se presten para el juego de Washington.

El empleo de la penetración de toda clase de bandidos y aventureros, incluyendo a muchos de corte fascista, generaría un verdadero caos en distintas regiones de Rusia y convertiría al país en otra Siria o Libia, donde estos grupos trabajarían en vastos espacios difíciles de cubrir  por las fuerzas de seguridad del país y jugarían la carta de la desesperación y el desorden generalizado que tanto daño le hace a la población y de hecho se convierte en un elemento decisivo en la Guerra Psicológica.

Consideremos además que los ucranianos por sus semejanzas con los rusos pueden más fácilmente penetrar las zonas de la periferia occidental rusa y generar una gran confusión, haciéndose pasar por rusos “descontentos” con su gobierno.

Pero estas no son las únicas “perdidas” rusas en la nueva situación creada. Igualmente los sistemas de alerta temprana que se encuentran en Ucrania y Bielorrusia sufrirían, pues las huestes que amenazan con imperar en Kiev, son abiertamente pro occidentales y anti rusas y si en la revolución naranja, jugaron a la democracia en un país con fuertes lazos culturales y étnicos con Rusia, ahora no tendrán contemplaciones e implantaran una dictadura pro occidental al estilo polaco o checo y desencadenaran una persecución contra las fuerzas mayoritariamente pro rusas que generará, además de una limpieza étnica, un éxodo importante hacia la nación vecina.

El tema de Crimea va más allá de la Base Naval que posee Rusia en Sebastopol, pues tiene sus raíces en la historia. Crimea perteneció siempre a Rusia y fue por una decisión arbitraria de Jrushov anexada a Ucrania. La mayoría de su población es de origen ruso aunque hay una importante colonia tártara que desea igualmente pertenecer a Rusia, aunque una pequeña parte está siendo tratada de manipular por occidente para emplearla como fuerza desestabilizadora.

Buena parte de los ucranianos residentes en la zona también poseen fuertes vínculos con Rusia, por lo que su decisión es totalmente comprensible y representa más la corrección de un error histórico que una “anexión”, como pretende presentarla occidente.

Pero hay otras situaciones que se avecinan con el “cambio”, las nuevas autoridades ucranianas, abiertamente extremistas y pro occidentales, se lanzaran por un lado a ganar méritos con sus socios y trataran de ser mas anti rusos que los propios occidentales. Ya sea por iniciativa propia o por “instrucciones” de sus protectores, se producirán constantes provocaciones y agresiones que caldearán tanto la relación hasta la confrontación directa, lo que será aprovechado por occidente como un pretexto para “defender” a la “agredida” Ucrania por el Gigante ruso.

Lo peligroso de esta situación es que ya se están empezando a producir hechos de esta índole sin que ni siquiera existan autoridades reconocidas en Kiev.

Ya hubo un intento de sacar fuera de servicio a los satélites de comunicación rusos que transmiten para la zona, en evidente acto de Guerra Electrónica.

Un grupo “desconocido” atacó un gasoducto en Crimea que pudo ocasionar un desastre económico y ecológico.

Ya fue detectado por los sistemas de defensa rusos un Drone que realizaba actividades de inteligencia en territorio ruso.

Pero vendrán otras acciones ¿Cuáles?:

  • Producto de la cercanía se realizaran acciones de guerra radioelectrónica no solo contra vuelos de aviones militares sino y contra vuelos civiles, lo que podrá provocar víctimas inocentes y un gran sentimiento de inseguridad en la población,
  • Se realizarán provocaciones con vuelos militares, aprovechando el conocimiento que tienen los pilotos ucranianos del territorio ruso y la operatividad de sus fuerzas,
  • Comenzarán las incursiones a territorio ruso por grupos terroristas que atacarán fundamentalmente objetivos civiles y económicos y generaran un caos en las regiones fronterizas,
  • Se producirá una verdadera cacería humana contra todo y todos los que representen algo relacionado con Rusia, para lo cual usarán a los grupos de ultraderecha y las fuerzas de la mal llamada Guardia Nacional, heredera de las milicias que crearon los nazis para reprimir al pueblo durante su ocupación,
  • Igualmente se concentraran los medios masivos de información en manos de los oligarcas que ostentan el control del país para con ello evitar grietas y amordazar la opinión pública nacional,
  • Por último se desarrollará una campaña de desprestigio contra los rusos y se tratará, como es usual, de convertir a la víctima en victimario y viceversa, lo que permitirá confundir mentes y justificar su accionar.

Hay acciones que ya se han adelantado, como la dependencia de cualquier gobierno ucraniano de occidente, mediante el agobiante peso de la deuda que será utilizada como arma de chantaje.

Lo que nos extraña es la posición rusa de “socio constructivo” con EE.UU y occidente, mientras las fuerzas avanzan hacia sus fronteras de forma vertiginosa.

De solo ver esta grafica donde se muestra el avance de la OTAN sobre Rusia  nos percatamos de las “razones” que deberían tener los rusos para sentirse amenazados.

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¿Tendrá algo que ver esto con el tratado Molotov–Ribbentrop durante la Segunda Guerra Mundial en la que los soviéticos  no veían el inminente peligro que la Alemania Nazi representaba para ellos?

Cayó Kiev y ya se puede decir que EE.UU, considerando las características de los medios actuales, está a las puertas de Moscú.

Créanme que me duele decir esto, pero la falta de visión de los dirigentes rusos está llevando a ese noble y esforzado país a la debacle.

Hay múltiples ejemplos de esa aseveración. Los más llamativos son la perdida de aliados claves y el acercamiento de la OTAN a sus fronteras.

¿Cómo es posible que los rusos no se den cuenta de que occidente no tiene buenas intenciones con ellos? ¿Es que acaso la propia existencia de la OTAN a casi 25 años de la desaparición del campo socialista, no es una prueba de la actitud beligerante de EE.UU y sus aliados?

La campaña psicológico-Informativa desarrollada por occidente contra Rusia está surtiendo sus efectos.

Por un lado los alaban como socios, mientras les quitan los mercados. Por otro les hacen creer que sus acciones son positivas (recuerden la campaña en Siria en que se nos hizo creer que la acción de Putin de eliminar las armas químicas que poseía el ejército de ese país evito una guerra, cuando en realidad lo único que logro fue desarmar al agredido y dejar intacto al agresor. En realidad hay que estar ciego para no ver que no solo no se evitó la guerra, esta lleva más de 3 años destruyendo al país y lo ha devaluado a ser un país prehistórico, destruyendo su infraestructura y enconando su mundialmente famoso ecumenismo que ya nadie podrá restablecer).

Por esto hasta le propusieron un Premio Nobel cuyo prestigio es en estos momentos bastante dudoso.

Cuando el enemigo te halaga, revísate.

Las últimas declaraciones de Putin demuestran el nivel de confusión y desorientación en que están los dirigentes rusos:

“¿Pero fue realmente necesario llevarlo a este nivel de anarquía? ¿A un derrocamiento no constitucional y toma de poder por la fuerza, hundiendo después el país en el caos donde está hoy en día?  Creo que es inaceptable.  Y no es la primera vez que nuestros socios occidentales están haciéndolo en Ucrania.  A veces tengo la sensación que en algún lugar por otro lado de ese charco gigantico, en América, hay gente sentado en un laboratorio experimentando, como si fueran experimentando con ratones, sin entender realmente las consecuencias de lo que hacen.  ¿Por qué tenían que hacer esto? ¿Quién lo puede explicar?  No hay explicación ninguna”.

¿Es que ahora se entera el Presidente ruso de la labores de desestabilización que se estaban produciendo en Ucrania?

¿Desconocía Putin que el objetivo era hundir al país en el caos para justificar sus acciones?

¿Es Ucrania el primer país donde occidente con EE.UU a la cabeza hace esto? ¿Para donde miraba el Presidente Putin cuando Iraq, Libia, Sudan, Honduras, Venezuela, Ecuador, Bolivia, Nicaragua, Cuba y otros países estaban y siguen siendo desestabilizados por la potencia imperial?

¿Creyó en realidad Vladímir Vladímirovich que a Rusia no le tocaba?

¿Su experiencia como viejo oficial de la KGB, no le enseño nada sobre esto?

Estimado Vladimir, SI HAY EXPLICACION, EE.UU nunca será socio de Rusia, porque en su proyecto hegemónico un país tan grande, potente e independiente, no le cabe. El caos en Ucrania es la antesala del asalto a Moscú y ya es hora de que ustedes lo vean, o ¿es necesario que mueran millones de rusos como ocurrió en la Segunda Guerra Mundial para darse cuenta?

Ni siquiera durante esta Guerra contra el fascismo alemán los EE.UU y occidente fueron “socios” suyos, fueron ellos quienes ayudaron a armar a Hitler y lo lanzaron contra la URSS para después recoger los pedazos de los vencidos. El tercer frente solo se abrió cuando existía el peligro de que las tropas soviéticas liberaran a toda Europa, no fue para acabar con el nazismo, sino para preservar sus intereses.

Créanme, no soy fatalista, confío en el pueblo ruso que será capaz de destruir a cualquiera que intente desestabilizar su país. Muestra de ello han dado de sobra, solo nos queda preguntarnos, a que costo.

La batalla por Moscú está en marcha, solo que ahora no será con grandes concentraciones de tropas y miles de aviones y tanques. Ahora se desarrollará en el plano psicológico-informativo y empleando todo tipo de aventurero, bandido y delincuente que esté dispuesto a poner precio a sus acciones.

Puede ser que Moscú no crea en lágrimas, pero los millones de rusos que se han sacrificado por la nación que tienen y conocen los sufrimientos de sus antepasados llevando con orgullo sus banderas, si creen, y les servirán de fuerza motriz para luchar por su patria, historia y orgullo.

Podría concluir con lo ya expresado, pero sería cobarde hacerlo sin arriesgar un consejo que pudiera servir a los actuales dirigentes rusos y que esbocé en el título de un trabajo anterior: Si los rusos cierran el puño, los norteamericanos se mojan los pantalones.

Fuente: Contrainjerencia

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