Por Juan Aguilar*

El programa nuclear español

Tras la II Guerra Mundial, nuestros actuales “aliados” impulsaron en Naciones Unidas un bloqueo total a España, solo incumplido por Argentina y algún otro país sudamericano. Aislada del concierto internacional, España buscó la autosuficiencia y en 1953 empezó a proyectar, entre otros, un avión a reacción de ala en delta y supersónico («HA-300»), programa conducido por el ingeniero alemán Wilhelm E. Messerschmitt, uno de los muchos científicos alemanes que habían huido de su país tras la derrota.

En 1948 se creó la Junta de Investigaciones Atómicas, colocada bajo la dirección del físico José María Otero, y en 1955, según un informe estadounidense, España era el quinto país más adelantado en física nuclear.

En 1963 el Gobierno español ordenó a la Junta de Energía Nuclear que investigara la posibilidad de obtener una bomba atómica y sus elementos subsidiarios. Vencida la duda, los españoles eligieron el desierto del Sahara para probar su explosivo atómico. Los trabajos preliminares empezaron en 1966 y dos años después se montó en Madrid una pila atómica experimental. Cabe considerar como vinculadas a este plan las plantas industriales para la obtención de elementos fusionables (Andújar) y óxido de deuterio (Sabiñánigo) y el establecimiento en 1967 de una central atómica de grafito refrigerado por gas (Vandellós).

Cierto que la bomba atómica y los vectores de lanzamiento se trataban sólo de proyectos, y que todavía quedaban problemas que resolver para la fabricación en serie de este tipo de armas, pero Estados Unidos reparó en que España había iniciado su plan nuclear y accedió a suministrar armas, lo que permitió ejercer sobre nuestro país el control del suministro de los repuestos necesarios para utilizar el material vendido, con el consiguiente peso específico en nuestras Fuerzas Armadas.

Se diseñaron una serie de reactores experimentales (Madrid, Barcelona y Bilbao) y se esbozaron los ingenios para lanzar los explosivos atómicos. En la práctica, el programa nuclear español se inicia a la par que el quinquenio de renovación del tratado entre España y Estados Unidos en torno a la concesión de bases militares en territorio español (1963), pero en 1968 fracasarían las conversaciones secretas acerca de una renovación de dicho tratado a causa de las «desproporcionadas pretensiones españolas».

Era evidente la intención del gobierno de Francisco Franco de lanzar un programa de armamento nuclear para dotar a España de bombas atómicas y "reforzar su posición internacional y convertirse en una potencia armamentística." Un informe del gabinete de inteligencia de Estados Unidos desclasificado, fechado el 17 de mayo de 1974, aseguraba que "el gobierno de Franco tenía en proyecto y desarrollo un extenso y ambicioso plan nuclear que merecía la atención y vigilancia de los Estados Unidos". Entre los planes de Franco se incluía la construcción de una central para enriquecimiento de uranio "cuya construcción dependía de una combinación de circunstancias incluyendo la política del gobierno que sucediese la muerte del dictador".

El informe secreto de la CIA afirmaba: "España es uno de los países de Europa merecedores de atención por su posible proliferación de armas nucleares en los próximos años. Tiene reservas propias de uranio de moderado tamaño, un extenso programa de desarrollo nuclear, tres reactores operativos, siete en construcción y otras diecisiete en proyecto. También una planta piloto para enriquecimiento de uranio". Añade el documento que España presidía una lista que incluía a Irán, Egipto, Pakistán, Brasil y la República de Corea, países que necesitaban "al menos una década para desarrollar su programa de armas nucleares". "Algunos de ellos podría detonar un ingenio experimental antes de ese tiempo quizás considerablemente antes adquiriendo material u obteniendo ayuda extranjera", explicaba la CIA. Destaca, además, que la dictadura franquista no había firmado el Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares, suscrito por 19 países. Los analistas de la agencia estadounidense tenían sus dudas de que España prosiguiera en su desarrollo nuclear. Hacían depender esta alternativa de los problemas internacionales respecto a Gibraltar y Norte de África (Ceuta y Melilla "y quizás un gobierno post Franco inseguro").

Informe con el diseño técnico de la bomba atómica española


En 1973, Henry Kissinger, secretario de Estado, visitó España y advirtió al almirante Carrero Blanco, presidente del Gobierno, que «una España fuerte siempre ha sido peligrosa». El último se negó a detener el programa de armas atómicas y pocos días después murió en un famoso atentado, de autoría poco clara pero reivindicado por ETA, a pocos metros de la Embajada estadounidense.

En 1976 se aprobó la construcción del Centro de Investigación Nuclear de Soria, capaz de obtener anualmente plutonio suficiente para una veintena de cargas nucleares, y se fijó un término de entre 5 y 7 años para la primera prueba militar atómica.. Hasta 1980 continuó insistiéndose en el desarrollo de armas nucleares; en esta fecha, el presidente norteamericano James Carter amenazó con severas medidas y en 1981 España suspendió su programa (tras el 23-F), dos años después ingresó en la OTAN y en 1987 suscribió el NPT OTAN  («Nuclear Non Proliferation Treaty»), una forma de control que el presidente Felipe González calificó de «hipócrita y humillante».

Sin embargo, durante este intervalo de tiempo se empezó a bosquejar un cohete bifásico de 18 m y 15 toneladas, el Capricornio, y los estudios prácticos del arma atómica siguieron en secreto, estrechamente relacionados con otro programa de submarinos atómicos.


Estas actividades encubiertas no pasaron desapercibidas y en 1986 el Partido Socialista Francés (PSF) señalaba que «la negativa española a una entera integración militar en la OTAN sólo puede explicarse con el propósito de fabricar armas nucleares». Estados Unidos renovó las amenazas y España firmó el Tratado anteriormente citado, pero para entonces, según muchos técnicos, todo el trabajo estaba hecho. En efecto, un miembro de la Junta de Energía Nuclear dijo en 1987 que «la decisión de fabricar armas nucleares ya no es una cuestión de tiempo, si no de política nacional».

Felipe González firmó el tratado de no proliferación nuclear, publicado el 13 de diciembre del 1987, según se explicó en aquel entonces, para aplicar y construir centrales nucleares en el país y abastecer de energía eléctrica a la población. Pero luego vinieron la excesiva cantidad de reserva de plutonio y uranio que tenía España, añadiendo además el cierre de varias centrales nucleares.

El uranio se enriquece según el uso que se le vaya a dar y el proceso es diferente según sea para centrales nucleares o armamento nuclear ¿Como nos explicamos que España esté comprando a Francia uranio enriquecido para sus centrales nucleares teniendo una planta en Salamanca de enriquecimiento de uranio? Por otro lado ¿Para que almacena plutonio en Córdoba? Si se han paralizado mediante la moratoria nuclear, los proyectos de más centrales nucleares, se están desmantelando paulatinamente las ya existentes… ¿Para qué tiene España  una de las reservas de uranio más importantes del mundo?

Otros sistemas de armas estratégicos

Aunque como señalan los especialistas militares, España ya tiene todo lo necesario para crear y fabricar en uno o dos años toda una serie de productos catalogados como armamento nuclear, sin embargo, es secreta toda información respecto de este programa, supuestamente caduco, por lo que podemos dar por eliminado, de momento, el desarrollo de dicho armamento nuclear. Pero circunstancias de diversa índole han llevado España al desarrollo de otras armas muy mortíferas, algunas en una escala que rebasa el mero experimento.

Vectores de lanzamiento

El perfeccionamiento del cohete como ingenio portador supone un esfuerzo económico más pequeño que el bombardero estratégico o el submarino armado con misiles de cabeza nuclear (SSBN) y, por su instalación más replegada, facilita la seguridad. A falta de un misil autóctono multifásico, se pueden emplear como vectores de lanzamiento aéreo cazabombarderos convencionales, expresos o reformados, que en el caso español de los años 70 eran el «Phantom II», «Mirage III» y «F1». En la actualidad dispondríamos de los F-18 y los Eurofighter. Cabe añadir, finalmente, que la miniaturización de las cargas atómicas permite su empleo táctico con medios convencionales: el obús «M109», del que ya había dotación en España en aquellos años, puede lanzar granadas nucleares a distancias de unos 20 kilómetros.

El misil de crucero

Marruecos parece preocupado los últimos años por los misiles de crucero «Taurus 530» adquiridos por España en 2009, que dispone de medio centenar de estas armas para poder alcanzar desde el mar cualquier objetivo en el territorio de Marruecos. Consideraciones técnicas aparte, se trata de un ingenio fabricado en Alemania; es decir, Marruecos no puede presionar a través de su aliado ultramarino (Estados Unidos) y europeo (Francia) para que España haga un «uso limitado» de este misil en caso de un conflicto entre ambos países.

El «Taurus 530», prácticamente indetectable y cuyo objetivo es el ataque de gran precisión, es capaz de operar en la más completa obscuridad y, en caso necesario, con cabeza nuclear. Sin entrar en especulaciones ni analizar precedente o consecuencias, el factor decisivo evidente en las relaciones más o menos pacíficas de España y Marruecos ha sido la superioridad tecnológica y táctica de los sistemas aéreos, navales, electrónicos y de armas españoles frente a los de Marruecos. Así, la compra de estos misiles de crucero, que coincide en el tiempo con la construcción de la primera central nuclear marroquí, en Sidi Boulbra, con tecnología francesa, puede ser considerada como una velada amenaza a cualquier aventura extraña de Marruecos.

La Bomba Explosiva Aire Combustible (BEAC)

Lo cierto es que España no necesita de bombas nucleares tácticas cuando tiene un arma de destrucción masiva similar a la bomba atómica: La Bomba Explosiva Aire Combustible (BEAC).

En una entrevista realizada en octubre de 2006 a León Garzón, catedrático emérito de Energía Nuclear de la Universidad de Oviedo, afirmaba:

“Tenemos una bomba similar en potencia a las nucleares. Funciona a partir del queroseno o más bien de una deflagración de un combustible similar al queroseno. Amable Liñán, premio «Príncipe de Asturias», sabe mucho de esas combustiones especiales. Es una bomba terrorífica. (…) Se lanza en paracaídas como también se lanzan los bombas nucleares cuando parten de aviones y no de misiles, y destruye todo en un radio de al menos un kilómetro. Es terrible. La tienen también los EE UU y algún otro país.

La bomba mencionada en la entrevista se llama bomba BEAC. Una BEAC o BAC (Bomba Explosiva Aire Combustible) no tiene muchas más potencia que una bomba convencional del mismo tamaño. Las BAC que hay por ahí tienen explosivos de óxido de etileno o de propileno, que son alrededor de cuatro veces más energéticos que el TNT (1,6kCal/cm3 en el TNT, 6,0kCal/cm3 en el óxido de etileno y 6,6kCal/cm3 en el propileno). Pero, si lo que nos interesa es la potencia, resulta que la explosión de una BAC es "distribuida" cubrirá un área mucho mayor, aunque, al mismo tiempo "el que mucho abarca, poco aprieta": una explosión de TNT produce un pico de presión en su zona central hasta 10.000 veces superior a una BAC, aunque luego cae rápidamente al alejarnos de esa zona, mientras que en el otro caso, se mantiene constante en un área relativamente grande. Por eso es útil para algunos "trabajos" puntuales, cuando quieres cubrir un área grande, pero no tan protegida como para necesitar la densidad de potencia de una bomba convencional: para limpiar campos de minas rápidamente (su onda de presión hace que exploten), para atacar a concentraciones de tropas no protegidas...

Su capacidad destructiva hace de la BEAC una minibomba nuclear. Comenzó a investigarse en España en 1983, cuando el socialista Narcís Serra era ministro de Defensa. La parte técnica estuvo a cargo de Explosivos Alaveses (mientras que la empresa chilena Incar se dedicaba a su producción) y en los primeros años ya se invirtieron 100 millones de pesetas.

La BEAC provoca en las víctimas, siempre muy numerosas a causa del amplio radio de acción sobre el que actúan, rotura de los pulmones y embolias de corazón y cerebro, con una lenta y dolorosa agonía. Está compuesta por botellas de óxido de etileno que revientan, diseminándose en gotas que explotan al mezclarse con el aire, produciendo una fuerte onda de presión.

La BEAC fue probada por España en el desierto de Atacama (Chile), a finales de los 80, en presencia de ingenieros de la empresa española M.S. Systems. En 1990, sólo la poseían cuatro países: España, Estados Unidos, Israel e Irak. ¿Cómo la consiguió este último? Pues lo hizo a través de Libia y gracias al traficante de armas Carlos Cardoen, al que investigaba el periodista inglés Jonathan Moy cuando fue asesinado. Cardoen, que durante el régimen de Pinochet se hizo de oro con este tráfico, poseyó en España, desde 1988 la empresa Imecsa, sita en Pontejo (Cantabria). Imecsa fabricó piezas para bombas de racimo,
que también compró Irak.

Los primeros modelos de la BEAC fueron fabricados por Estados Unidos, que los empleó, aunque en pequeña escala, en la guerra de Vietnam. El motivo principal para su uso fue que no había trinchera ni escondrijo que escapase a su onda en poco menos de un segundo y en un radio de varios cientos de metros. Incluso la sacudida hace que exploten por simpatía las minas subterráneas que hayan sido colocadas en su radio de acción.

La bomba termobárica

Muy similar a la BEAC, una bomba termobárica de alto impulso (HIT), también conocida como explosivo aire-combustible (FAE o FAX), o bomba de vacío, consiste en un contenedor de un líquido volátil o gas a alta presión que en algunos modelos está mezclado con un explosivo finamente pulverizado y (normalmente) dos cargas explosivas separadas. Después de que el ingenio es lanzado desde una aeronave o se dispara, la primera carga explosiva (u otro mecanismo de dispersión) revienta el contenedor a una altura específica y produce la dispersión del combustible en una nube que se mezcla con el oxígeno de la atmósfera. Una vez que el combustible ya se ha mezclado lo suficiente, se detona la segunda carga que propagará la explosión (onda explosiva) por toda la nube de combustible. Así pues, se diferencia de los explosivos convencionales en el hecho de que usa como oxidante de la reacción explosiva al propio oxígeno del aire, en vez de cargarlo en el propio artefacto explosivo.


Efectos de las BEAC y bombas de vacío

La explosión puede aniquilar equipos y edificios reforzados; mata y daña a los efectivos adjuntos. El efecto antipersona de la onda explosiva es más letal en refugios excavados en el suelo, sobre personas con algún tipo de armadura o protección corporal y en espacios cerrados "rígidos", como cuevas, edificios y búnkeres.

La sobrepresión ejercida en el interior de la explosión puede alcanzar los tres mega pascales (3 MPa) (430 PSI) y la temperatura puede oscilar entre los 2500ºC y los 3000ºC. Fuera de la nube, la onda explosiva viaja a más de 3 km/s. Esta onda, al pasar, deja tras de sí el vacío. Este vacío es capaz de arrancar objetos que no estén sujetos. Sin embargo, como efecto más serio, el vacío arrastra el combustible no explosionado pero aún en combustión, causando una penetración del mismo en todos los objetos no herméticos dentro del radio de la explosión y produciendo su incineración instantánea. Pueden presentarse daños internos y asfixia en las personas que hayan quedado fuera de la zona de mayor efecto de la explosión; por ejemplo, en galerías o túneles profundos, a consecuencia de la onda explosiva, el calor y la subsiguiente extracción del aire debida al vacío.

Algunos de los combustibles empleados, tales como el óxido de etileno y el óxido de propileno, son altamente tóxicos. Un ingenio que utilice tales combustibles es muy peligroso aún dándose el caso de que el combustible no llegara a encenderse, en cuyo caso se habría convertido básicamente en un arma química.

Recientemente, ha llamado la atención el desarrollo ruso de este arma, cuyo efecto podemos ver en el siguiente video:

Conclusión

Varios países de la Unión Europea, estrechamente relacionada con la OTAN, afirman que una defensa europea independiente requiere de un tercer arsenal atómico, con España como candidato más adelantado. Según los técnicos, la transformación ―inevitable― de la Unión Europea en un estado supranacional impondría la necesidad del desarrollo de armas nucleares españolas.

Pero la realidad es que la Unión Europea está muy lejos de convertirse en un Estado plurinacional viable. Mientras tanto, La acción de nuestros “aliados” anglosajones ha impedido hasta el momento, que España dispusiera de la capacidad de disuasión ante los potenciales enemigos que da el arma nuclear. Un déficit en nuestra capacidad defensiva que además ha retrasado el impulso de nuestras capacidades aeroespaciales y demuestra de forma dramática un déficit más preocupante y doloroso: el de nuestra Soberanía como Nación.

*Director de Elespiadigital.com

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