Jonás Estrada

Rusia y Ucrania se han visto envueltas en un conflicto durante los últimos 8 años: una guerra civil entre el ejército de Ucrania y los rebeldes separatistas prorrusos respaldados por Rusia, en las dos regiones orientales de Ucrania conocidas colectivamente como Donbás (Lugansk y Donestk).  El conflicto nunca terminó formalmente y, hasta la fecha, se estima que ha cobrado la vida de 14.000 personas y desplazado aproximadamente 1,5 millones.

Ahora, en este contexto se ha desatado una escalada de la crisis debido a la presencia de unos 100.000 soldados rusos cerca de la frontera ucraniana lo que hace temer a los países occidentales, pues permite suponer que Moscú esté preparando una “nueva agresión militar al país vecino”. Claro, según los medios de comunicación hegemónicos, que son los que auspician que se originen un conflicto entre la EEUU-OTAN contra Rusia por Ucrania. Lo interesante del asunto en esta nueva escalada de tensión, es el hecho de que el ministro de Defensa de Ucrania, Alexéi Réznikov, afirmó el pasado lunes 07/02/2022 que su departamento no observó entre las tropas rusas estacionadas cerca de la frontera ucraniana a ninguna fuerza preparada para una ofensiva. De acuerdo a Réznikov:

“Las fuerzas de asalto, desde un punto de vista militar, tienen varias características. Hasta ahora, según los datos de hoy, esos 119.000 [soldados] del componente terrestre y todos lo demás no han formado grupos de ataque en ninguno de los lugares para atacar Ucrania", dijo el ministro en un programa de debate del canal ucraniano ICTV. Agregó que, si Moscú quisiera formar a tales grupos, necesitaría "alrededor de un mes" para completar las preparaciones.”

Asimismo, Réznikov refutó los asertos de la inteligencia estadounidense sobre supuestos planes de Rusia para orquestar provocaciones y utilizarlas como pretexto para una invasión. En vez de ello, señaló que considera posible “algún intento de desestabilización dentro de Ucrania”.

No obstante, para comprender este conflicto tenemos que recurrir tanto a la historia y lo más importante a la geopolítica, pues resulta complejo lo que se está en jugando en el conflicto entre los actores preeminentes y el pivote geopolítico. De la misma manera, es importante no dejarse llevar por las desinformaciones mediáticas de los medios hegemónicos.

La caída de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) en 1991, ha sido considerada por muchos estudiosos de las Relaciones Internacionales como el triunfo unánime de la Democracia liberal y del sistema económico de Libre Mercado (Capitalismo) sobre el sistema político comunista y su esquema económico de Economía Planificada Estatal. También, a nivel internacional, se puso punto final a la lucha por la supremacía global de ambas superpotencias entre Estados Unidos de América y la URSS lo que devino en el fin de la “Guerra Fría” y el fin del mundo bipolar, que dividía al mundo en dos bloques hegemónicos. Rusia, en ese momento, estaba en proceso de transición hacia la instauración de la Democracia y de la economía capitalista con la finalidad de que el nuevo Estado ruso se adapte a la era de la globalización.

En el año 1991, se acabó la Guerra Fría, la gran rivalidad soviético-estadounidense que desde 1945 redujo las relaciones entre los estados a su propia lógica de ideología y poder. El ex Secretario de Estado James Baker observó que el momento estratégico de finalización fue el día que la Unión Soviética no se opuso a la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que condenó la invasión a Kuwait por parte de Irak, un viejo “estado-cliente” de Moscú en el Golfo Pérsico. Ese acompañamiento de la entonces URSS a Occidente significó que Moscú no solo ya no se encontraba en condiciones de sostener la rivalidad, sino que su política exterior realizaba un giro sin precedentes. Aunque fue un momento discernible de capitulación, el Kremlin lo veía en el marco del “nuevo pensamiento” destinado a restructurar y revitalizar el país.

También vale acotar que mientras Rusia se adecuaba a los cambios que el sistema internacional había señalado mientras existía la órbita comunista soviética, la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), que era la antigua alianza militar adversaria al Pacto de Varsovia crecía y se expandía precisamente, hacia la antigua espera de influencia rusa, con la finalidad de cercar a Rusia y así lograr consolidar el dominio de Occidente sobre Eurasia. El gobierno del “Estado continuador” (No Estado sucesor) de la URSS, la Federación de Rusia, continuó con esa política exterior de cooperación, aunque la llevó hasta el paroxismo. Para el ministro de Relaciones Exteriores Andrei Kozyrev, Rusia no podía volver a equivocarse como lo hizo en 1917: era necesario que Rusia acompañara a Occidente porque ambos, siempre según el particular enfoque del tándem Kozyrev-Yeltsin, habían triunfado en la Guerra Fría al haber derrotado al comunismo soviético.

No obstante, para los EEUU no pensaba de esa manera: la competencia acabó con la victoria de una sola de las partes y, por tanto, no había dividendos geopolíticos que repartirse, como sucedió tras el final de la Segunda Guerra Mundial. Más todavía, mientras Rusia desplegaba un enfoque externo romántico, alejado de cualquier pasado zarista y soviético, Estados Unidos mantuvo la política de poder con el fin de evitar que la “nueva Rusia” volviera eventualmente a desafiar la supremacía y los valores de Occidente. Así EEUU estableció el sistema internacional unipolar liberal o como diría el fallecido Samuel P. Huntington: “La Pax Americana”, y por ende, EEUU para ese momento, queda como la única superpotencia hegemónica de manera indiscutible jamás visto en la historia de la existencia humana.

Es importante destacar que, para la década de 1990 del siglo XX, Rusia enfrentó una profunda crisis económica, militar, social y moral porque se veía incapaz de mantener la unidad territorial rusa. No conforme con la caída y desintegración de la URSS surgieron nuevos Estados y factores tanto internos como externos buscaban desintegrar el nuevo Estado ruso. A su vez, el ejército ruso al principio era humillado en la región separatista de Chechenia que buscaban la independencia auspiciada por Occidente con la finalidad de desintegrar el nuevo Estado ruso.

Pronto Rusia comprobó (retomando las ideas asertivas del antiguo Canciller imperial alemán Otto von Bismarck) que “una política sentimental no conoce reciprocidad”. Hacia mediados de los años noventa, Rusia se convenció que nada conseguiría de Occidente, y que a éste solo le importaba afianzar un “orden” o “Yalta de uno”. Es decir, solo habría una esfera de influencia en Europa: la de Occidente. Cualquier esfera de influencia de Rusia quedaría acotada al territorio ruso. Pero incluso esta posibilidad, según algunas propuestas geopolíticas realizadas por estrategas estadounidenses para “facilitar la gestión territorial de Rusia”, podría llegar a verse restringida.

La ampliación de la OTAN al este de Europa central, es decir, a las mismas adyacencias del territorio de Rusia, como sucedió con el ingreso a la Alianza de los tres países del Báltico, Lituania, Letonia y Estonia (la tercera ampliación de la OTAN) dejó en claro que Occidente se proponía llevar a cabo esa “Yalta de uno”. Pero, para lograr ese propósito, que implicaba una concepción y práctica de post-contención a un estado irremediablemente conservador y revisionista, Occidente debía sumar a su cobertura estratégica militar a los países del Cáucaso más Ucrania y Bielorrusia, es decir, acabar con las zonas de amortiguación protohistóricas de Rusia, aquellas que le permiten a Rusia contar con lo que en algunas zonas del mundo puede que se encuentre perimida: la profundidad estratégica.

El reciente análisis realizado por George Friedman en su sitio digital “Geopolitical Futures”, explica claramente la importancia de estos territorios para Moscú: “Rusia no es un país que confía, por una buena razón. Alemania lo invadió dos veces en el siglo XX, Francia lo invadió una vez en el siglo XIX y Suecia una vez en el siglo XVIII. No se trataba de las incursiones mordisqueras a las que estaba acostumbrada Europa, sino de penetraciones profundas destinadas a capturar el corazón de Rusia y subordinarlo permanentemente. Cada siglo vio un asalto a Rusia que amenazaba su existencia. Es difícil olvidar algo así, y es difícil para Rusia no sospechar de los movimientos en su periferia. No hay nada en la historia de Rusia que haga que sus líderes piensen de otra manera”.

Queda suficientemente en claro que Rusia jamás permitirá que se consume un “orden de Yalta” cuyo perímetro sean las fronteras orientales de las ex repúblicas soviéticas, norte en el caso de las del Cáucaso. Para la sensibilidad territorial de Rusia, aceptar semejante situación implicaría reducir prácticamente a cero el nivel de su seguridad nacional. Ante este escenario catastrófico que se avecinaba es que viene a tomar posesión del cargo de la presidencia rusa Vladimir Vladimirovich Putin, en ese momento un desconocido ex agente del Comité para la Seguridad del Estado (KGB, por sus siglas castellanizada en ruso), es decir, del antiguo servicio secreto soviético.

Para Putin, desde su perspectiva y de su visión de cómo él comprende la política, el poder es un factor totalmente decisivo para su formación política. El presidente ruso expresó que la desaparición de la Unión Soviética fue “la catástrofe geopolítica más grande del siglo XX”, incluso ha criticado de manera muy vehemente al ex presidente de la URSS Mijaíl Gorbachov por haber realizado de esta “catástrofe” debido a que “había que luchar por la integridad de nuestro Estado de manera más constante, consecuente y atrevida y no por esconder la cabeza bajo la arena”.

Es interesante recalcar la importancia de Rusia como un actor de importancia geopolítica y global. Desde tiempos atrás ha sido un país que se merece especial atención para los investigadores, académicos y expertos sobre Rusia con particular atención en el campo de la geopolítica, ya que posee una serie de particularidades que lo diferencia del resto de los otros países en condición de potencias militares y, uno de los aspectos que lo hace marcar la pauta es su condición geográfica. La Federación de Rusia se extiende a través de la mayor parte del norte del supercontinente Eurasia por lo que abarca una gran variedad de paisajes y climas. Rusia cuenta con una superficie equivalente a la novena parte de la tierra firme del planeta, por ende, es el país más extenso del mundo y abarca dos continentes.

Rusia como “jugador geoestratégico activo” y Ucrania como “pivote geopolítico”

Antes del explicar el papel de ambos estados, es importante conocer los conceptos de jugador geoestratégico y pivotes geopolíticos para así comprender las acciones de la Federación de Rusia en su política exterior y en lo geopolítico con Ucrania acorde a lo explicado por el geopolitólogo estadounidense Zbigniew Brzezinski, ya que su argumentación conceptual es oportuna y precisa la conceptualización de ambos términos.

Hay que tener claro que los “Jugadores geoestratégicos activos” son aquellos Estados con capacidad y voluntad nacional de ejercer el poder o influencia más allá de sus fronteras para alterar en una medida capaz de afectar los intereses de aquel o aquellos países con el cual posee disputas geopolíticas y hegemónicas. Es interesante conocer, en particular, que estos Estados tienen el potencial o la predisposición de actuar con volubilidad en el terreno geopolítico. Por alguna razón la búsqueda de grandeza nacional, en cumplimiento de ciertos objetivos políticos o ideológicos, el mesianismo político o el engrandecimiento económico; algunos Estados intentan alcanzar una posición de predominancia regional o de importancia global por la cual, son empujados por motivaciones profundamente arraigadas y muy complejas.

Mientras que los “Pivotes geopolíticos” son aquellos Estados cuya importancia se deriva no de su poder y de sus motivaciones sino más bien de su situación geográfica sensible y de las consecuencias que su condición de potencial vulnerabilidad provoca en el comportamiento de los jugadores geoestratégicos. Muy a menudo los pivotes geopolíticos están determinados por su geografía, que en algunos casos les da un papel especial, ya sea el de definir las condiciones de acceso de un jugador significativo a áreas importantes o el de negarles ciertos recursos. En algunos casos, un pivote geopolítico puede actuar como un escudo defensivo para un Estado vital o incluso para una región. Algunas veces, puede decirse que la propia existencia de un pivote geopolítico tiene consecuencias políticas y culturales muy significativas para un jugador geoestratégico vecinos más activos.

En este caso que nos corresponde estudiar, la Federación de Rusia es un actor de importancia en la política global y, en su condición de Estado-continental que representa, es un jugador geoestratégico activo muy importante porque posee la capacidad de cambiar el panorama, sea a nivel regional y mundial por sus acciones que han realizado, primero en la política interna para reconfigurar el poder político en Rusia en base de la estabilidad política y así luego proyectarse con mayor fuerza al exterior y demostrar al mando de que Rusia vuelve a la escena política internacional en recuperar sus fueros geopolíticos perdidos tras la caída de la URSS.

Tenemos que empezar por comprender la importancia geopolítica de Ucrania en su condición de “pivote geopolítico” para Rusia y también para Occidente atlantista que son EEUU junto con la OTAN y la UE más allá que comunidad europea no posean imperativo geopolítico alguno, pero han buscado que Ucrania forme parte de dicha comunidad. Ahora si lo vemos desde la perspectiva de Brzezinski que es la acertada en su estrategia, ya que él ha seguido la senda del realismo político.

Su programa en la década de los noventa del pasado siglo consistía en una expansión de la UE y de la OTAN hacia el Este de Europa hasta incluir Ucrania; porque Brzezinski sabía que Rusia no podía ser un Imperio Eurasiático sino tenía bajo su influencia Ucrania, es importante mencionar que el núcleo duro de la Europa Unida debería estar compuesto por esta, Polonia, Francia y Alemania. Los objetivos eran, por una parte, prevenir que Rusia pudiera volver a expandir su área de influencia a la Europa Oriental; por otra, relegar a Rusia a una posición puramente asiática que la indujese a una estrecha cooperación con Europa y con EEUU que, además de afirmar el pilar de la seguridad euroasiática, condujese a Occidente a las fuentes energéticas de Asia Central.

Pero, para que se lograra esos objetivos planteados por EEUU se tenía que Rusia occidentalizarse, es decir adoptar la Democracia en Rusia, a su vez, dejar de ser un imperativo geopolítico, más bien un Estado nacional de la comunidad atlántica occidental  y Ucrania fue de manera definida un Estado independiente así la comunidad atlántica expandirse hacia el este y que adoptará la Democracia como forma de gobierno y así tener su hegemonía en Eurasia y evitar el surgimiento de una potencia Eurasiática que cuestione la supremacía de EEUU.

Por una u otra razón, lo cierto es que el programa del ex Consejero de Seguridad Nacional se ha ido desarrollando inexorablemente. Casi todos los Estados de la Europa Oriental pertenecen ya a la Unión Europea, y en igual número se han incorporado a la OTAN. Además, EEUU ha impulsado la creación de la asociación GUAM (Georgia, Ucrania, Azerbaiyán, Moldavia) como contrapeso a la influencia rusa a través de la Comunidad de Estados Independientes (CEI) y también como vanguardia geopolítica de EEUU-OTAN y UE para socavar el área de influencia de Rusia en el “Extranjero Próximo”.  Posteriormente, en el año 2009, la Unión Europea puso en marcha una iniciativa, la Asociación Oriental que incluía a Armenia, Azerbaiyán, Bielorrusia, Georgia, Moldavia y Ucrania, con objeto de “promover la democracia” y preparar a sus miembros para una futura adhesión a la Unión Europea. De hecho, la firma de un tratado de asociación debería haberse efectuado en la cumbre de Vilna, el 28 y 29 de noviembre de 2013, pero hasta la fecha ningún país del GUAM es parte de la UE.

Los planes de Brzezinski para Ucrania fueron elaborados en la última década del siglo XX, cuando la Federación Rusa, bajo el gobierno de Boris Yeltsin, se hallaba en plena decadencia económica, política y militar. La Rusia de Vladimir Putin no es en absoluto la de Yeltsin. Ya en sus primeros discursos como Presidente de la Federación, manifestó su deseo de convertir Rusia en un Estado fuerte y recuperar la influencia y el poder del que gozó en el pasado, por lo que ha intentado ocupar el antiguo espacio soviético. Algunos analistas o geopolitólogos han argumentado sobre una “pragmática insubordinación geopolítica revisionista”, caracterizada por oponerse al poder de Estados Unidos, neutralizar a la UE mediante la conclusión de acuerdos bilaterales con Estados europeos cuidadosamente seleccionados, restablecer zonas de influencia en sus fronteras exteriores y cortar la expansión de la OTAN a la que ve como una organización esencialmente militar, vehículo de proyección del poderío norteamericano sobre Europa y un agente activo de la unipolaridad estadounidense, haciendo referencia al orden internacional unipolar bajo la hegemonía de EEUU.

Incluso dichos analistas suele argumentar que Ucrania es mucho más importante para Rusia que para la UE o EEUU. Tales afirmaciones son confusas. Para Rusia, Ucrania tiene un significado histórico extraordinario, ya que vincula la creación del primer Estado ruso en el siglo IX a la Rusia de Kiev, así como significados psicológicos (la llaman “pequeña Rusia”) y económicos (es la ruta comercial más corta para sus exportaciones a la UE). Históricamente, el territorio ucraniano ha sido una “Zona Buffer” o “Zona colchón” entre Rusia y sus enemigos reales o potenciales y la clave del dominio de los eslavos en el imperio multinacional zarista (1480-1917) y el soviético (1917-1991). Hoy, la importancia de Ucrania para Rusia no solamente reside en la hermandad de los eslavos y el glorioso pasado común, sino en el hecho de que Moscú ha conseguido convertirla en un “instrumento” para impedir la expansión de la UE y la de EEUU-OTAN, que considera como una de las principales amenazas a su seguridad nacional.

Sin embargo, la amenaza de la expansión de la OTAN y la UE es una amenaza militar para la seguridad nacional de Rusia, aunque no es probable de ataque e invasión de Rusia por parte de un país occidental, sino más bien para el gobierno de Vladimir Putin, que la usa al viejo estilo soviético, para fortalecer la cohesión política interna y como justificación de su doble política revisionista. Y es en este punto donde Ucrania representa la piedra de toque para Occidente. Los occidentales dentro de su papel no deben permitir que Rusia use Ucrania como un instrumento conseguido para competir  tras el final de la Guerra Fría, pero Rusia en su papel es evitar a toda costa que Ucrania no forme parte de la UE ni de la OTAN.

Es oportuno hacer mención que la importancia de Ucrania en su condición de “pivote geopolítico” se debe a 5 factores geoestratégicos:

  1. Es el tercer principal exportador de granos, detrás de Estados Unidos y Argentina y los principales destinos de sus exportaciones agrícolas son Rusia, la UE, Medio Oriente y China.
  2. Por Ucrania pasa la red de gasoductos heredados de la Unión Soviética, que actualmente se utilizan para trasladar gas desde Rusia hacia la Unión Europea. Desde hace dos años, se encuentra en funcionamiento un gasoducto alternativo, “Nord Stream 2”. Ese gasoducto, cuyo trazado es por debajo del Mar Báltico, sale de Rusia e inyecta gas directamente en Alemania, sin intermediarios. Su construcción tuvo como una de sus consecuencias, el debilitamiento de la posición ucraniana frente a Rusia, al no ser intermediario obligado. Rusia utilizó ese trazado alternativo debilitando Ucrania, para atraer nuevamente a ese país a su órbita.
  3. Ucrania es una reserva muy importante de Gas Shale, que aún no está siendo explotado. La empresa petrolera y gasífera estadounidense Chevron es la multinacional más implicada. La explotación de ese gas por empresas anglosajonas serviría para abastecer a la UE, debilitar la posición rusa como abastecedor principal, y a su vez sumar una herramienta más a la posición de fuerza estadounidense hacia eventualmente contra la UE.
  4. Ucrania aparte de ser un “pivote geopolítico”, para Occidente y Rusia es un “Estado tapón” o “Zone Buffer”.
  5. Además, Ucrania es un Estado en tránsito para el suministro de gas natural de Rusia a la Unión Europea. Bruselas importa 62% de su consumo de gas natural, siendo Moscú su principal proveedor desde donde obtiene el 34% de sus importaciones. El 65% de este suministro, es decir, 175 mil millones de pies cúbicos diarios, se realiza a través de gasoductos que atraviesan Ucrania; por lo cual Moscú también busca controlar a Kiev, y cualquier conflicto entre ambos, atenta contra la seguridad energética europea.

La península de Crimea y el puerto de Sebastopol (actualmente reunificadas al territorio Estatal ruso) es el territorio clave para la proyección del poder naval ruso hacia el mediterráneo. Desde la óptica de la UE y de Estados Unidos, amputar esa pieza del tablero ruso es una manera de limitar su capacidad de accionar en esa zona. Desde la perspectiva rusa era una pérdida muy sensible. Por eso, Rusia responde reincorporando ese territorio a través del referéndum en Crimea.  A su vez, la pérdida de Crimea supone una pérdida importante para Ucrania, ya que por esa costa se exportan buena parte de los cereales que produce el país. Adicionalmente, hay que agregar la importancia geopolítica de la península de Crimea actualmente, bajo soberanía rusa tras dicha reunificación y es por el factor de posición de “enclave de avanzada defensivo” como lo explica Pedro Sánchez Herráez al respecto y teniendo en cuenta que la Federación de Rusia por su condición geográfica posee la ausencia de terrenos naturalmente fuertes.

El francés Raymond Aron fue un pensador que desafortunadamente es cada vez más olvidado, decía que “todos los órdenes internacionales son órdenes territoriales”; podríamos decir, por tanto, que todos los desórdenes internacionales implican desórdenes territoriales. El actual “desorden territorial” que tiene lugar en Europa oriental sucede porque se privilegió una estrategia basada en “rentabilizar la victoria más allá de la victoria”, y esto terminó por provocar un desequilibrio geopolítico de escala del que cada vez se torna más difícil hallar estrategias de salida y lo que sucede entre el conflicto entre EEUU-OTAN y Rusia por Ucrania es una consecuencia del problema del desorden territorial.

El geopolitólogo argentino el Dr. Alberto Hutschenreuter argumentó de manera acertada en este aspecto: “EEUU en conjunto del mundo occidental nunca consideró que tras el final de la Guerra Fría y la desaparición de la URSS, debió pensarse en un orden de posguerra fría y necesariamente exige siempre pensar estratégicamente en relación con el orden que la sucede. Es verdad que el lado ganador o sea, EEUU goza del derecho que da la victoria, pero si no lo hace con sentido de equilibrio, entonces lo que habrá será un orden blando, cuestionado y crecientemente inestable. Fue lo que ocurrió tras 1919: luego de un efímero periodo de cooperación internacional, surgieron los reclamos de los vencidos que, además, marcharon juntos (Alemania, el principal derrotado, y la URSS, el derrotado por el derrotado y el marginado en Versalles). Tras su victoria en la Guerra Fría, Occidente se comporta como los vencedores de 1918, y el trato a Rusia es como el que se proporcionó a la Alemania entonces. La ampliación de la OTAN es la principal manifestación de victoria sin estrategia pro-orden internacional”.

Lamentablemente Occidente, sin considerar el pasado ni los oportunos consejos de los estrategas de Estado que desaconsejaron llevar la OTAN más allá de lo conveniente, optó por una “vía Cartago”, es decir, por una decisión que evitara para siempre (como hizo el general Escipión cuando en la antigüedad conquistó la ciudad africana enemiga de Roma y sembró sal en los surcos) que “una Rusia políticamente conservadora y geopolíticamente revisionista volviera a representar un reto a la preponderancia de Occidente” y “Echar sal en los surcos de Rusia” por parte de la OTAN significa acabar con sus activos territoriales que siempre le significaron barreras geopolíticas y tiempo estratégico y Rusia como Estado-Continental euroasiático nunca más implique un desafío a la supremacía de Occidente (EEUU). Es decir, cuestiones que atañen a los intereses vitales de Rusia; por ellos Rusia fue a la guerra en 2008 en Georgia y en 2014 que se dio la reunificación de la península de Crimea a Rusia.

Para EEUU es inaceptable que Rusia intente restablecer un sistema en el que las grandes potencias, como Rusia, tengan esferas de influencia. Occidente (y Ucrania) no contempla ninguna diagonal, por caso, que Ucrania no forme parte de ninguna alianza política miliar y, sin llegar a un estatus de neutralidad, mantenga relaciones con ambas partes, como sucedía antes de que se iniciara el conflicto, cuando existía una interesante relación económica con Rusia. Esta posibilidad prácticamente ha desaparecido, por tanto, el conflicto adoptó un carácter irreductible. Es entendible que Kiev quiera ser parte de todas las seguridades que proporciona Occidente; pero no asumir que por su ubicación está constreñida a mantener una calibrada diplomacia de deferencia le ha costado territorio y podría costarle mucho más. En ello reside su condición de “Estado-pivote geopolítico”.

El propósito de EEUU de convertir a Ucrania en un miembro de la OTAN y de la comunidad occidental atlantista-liberal obedece a esa visión; pero el fin verdadero busca colocar a Rusia en una situación políticamente aislada, geopolíticamente anulado, económicamente estrangulada y militarmente comprometida. En estos términos, Rusia podría encaminarse hacia escenarios complejos hacia dentro, un hecho por demás funcional en Occidente para que el país se acerque a la “década tumultuosa” de los años noventa, cuando la “potencia”, debido a su extrema debilidad, dejó de implicar un reto.

Otro aspecto que vale la pena mencionar es el ascendente estadounidense en Europa en el cual, tiene varios propósitos, entre ellos, desacoplar a los países de la UE, particularmente a Alemania, del suministro de energía proveniente de Rusia. Además, una Europa desprovista de geopolítica propia favorece los intereses de Washington en relación con el alejamiento de Rusia de Europa, ya que en clave geopolítica EEUU ve a Europa como la “Cabeza de playa de Eurasia” y sigue siendo el hegemón geopolítico y “pacificador” mientras que los países de Europa, es decir la UE es un actor anti-geopolítico y subordinados a los intereses geopolíticos de EEUU con la finalidad de evitar el eje París-Berlín-Moscú porque se vería en la obligación de salirse de Europa y quedarse en su “isla mundial”, es decir en su país.

La clave, en términos neorrealista waltzianos, es considerar la estructura internacional, y ello, en esta singular región o “placa territorial”, significa no desbordar el mandato de la geopolítica (líneas rojas) y los necesarios equilibrios geopolíticos que ella reclama a los poderes, ya que en las relaciones internacionales, la búsqueda de ganancias de poder por parte de los centros preeminentes implica el despliegue de estrategias que muchas veces resultan poco visibles y hasta impensadas.

Análisis: El fin inacabado de la historia y la guerra de Rusia contra el orden mundial liberal

Alexander Dugin

Desde el punto de vista ideológico, el mundo sigue viviendo a la sombra de la polémica de los años 90 entre Francis Fukuyama y Samuel Huntington. Independientemente de las críticas que puedan hacerse a las tesis de ambos autores, su importancia no ha disminuido en absoluto, ya que el dilema sigue existiendo y, de hecho, sigue siendo el contenido principal de la política y la ideología mundiales.

Permítanme recordarles que tras el colapso del Pacto de Varsovia y luego de la URSS, el filósofo político estadounidense Francis Fukuyama formuló la tesis del "fin de la historia". Se reduce al hecho de que en el siglo XX, y especialmente después de la victoria sobre el fascismo, la lógica de la historia se redujo a una confrontación de dos ideologías: el liberalismo occidental y el comunismo soviético. El futuro, y por tanto el sentido de la historia, dependía del resultado de su enfrentamiento. Así, según Fukuyama, el futuro ha llegado, y este momento fue el colapso de la Unión Soviética en 1991 y la llegada al poder en Moscú de los liberales que reconocieron la supremacía ideológica de Occidente. De ahí la tesis del "fin de la historia". Según Fukuyama, la historia es una historia de guerras y enfrentamientos, fríos y calientes. En la segunda mitad del siglo XX, todos los enfrentamientos y guerras se limitaban a la oposición del Occidente capitalista-liberal contra el Oriente comunista. Cuando el Este se derrumbó, las contradicciones desaparecieron. Las guerras se detuvieron (como le pareció a Fukuyama). Y, en consecuencia, la historia terminó.

El fin de la historia - pospuesto, pero no rechazado

De hecho, esta teoría es la base de toda la ideología y la práctica del globalismo y la mundialización. Los liberales occidentales siguen guiándose por ella. Es la idea que defienden George Soros, Klaus Schwab, Bill Gates, Jeff Bezos, Mark Zuckerberg, Barack Obama, Bernard Henri Levy, Hillary Clinton y... Joe Biden.

Los liberales admiten que no todo ha ido bien desde los años 90. El liberalismo y Occidente se han enfrentado a diversos problemas y nuevos retos (con el islam político, el nuevo ascenso de Rusia y China, el populismo -incluso en la propia América en forma de Trump y el trumpismo-, etc.), pero los globalistas están convencidos de que el fin de la historia se ha retrasado un poco, pero es inevitable y llegará muy pronto. Bajo el lema de un nuevo esfuerzo -para hacer realidad el fin de la historia y cimentar de forma irreversible el triunfo global del liberalismo- se llevó a cabo la campaña del globalista Joe Biden (Bild Back Better, que significa "Volver a la globalización, y esta vez con más éxito, habiendo construido nuestra retaguardia"), inscrita en el programa planetario Great Reset de Klaus Schwab. Es decir, no se ha descartado a Fukuyama y su tesis, sólo que se ha pospuesto la aplicación de este plan, ideológicamente impecable desde el punto de vista de la cosmovisión liberal en su conjunto. Sin embargo, el liberalismo ha seguido impregnando la sociedad durante los últimos 30 años: en la tecnología, los procesos sociales y culturales, la difusión de las políticas de género (LGBTQ+), la educación, la ciencia, el arte, los medios sociales, etc. Y esto no sólo ocurrió en los países occidentales, sino incluso en sociedades semicerradas como los países islámicos, China y Rusia.

El nuevo fenómeno de las civilizaciones

Ya en los años 90, otro autor estadounidense, Samuel Huntington, presentó una visión alternativa a Fukuyama sobre los procesos mundiales. Fukuyama era un liberal convencido, partidario del Gobierno Mundial, de la desnacionalización y de la progresiva anulación de los Estados tradicionales. Huntington, por su parte, se adhirió a la tradición del realismo en las Relaciones Internacionales, es decir, reconoció la soberanía como el principio más elevado. Pero a diferencia de otros realistas que pensaban en términos de Estados-nación, Huntington creía que tras el final de la Guerra Fría y la desaparición del bloque oriental y la URSS, no habría un fin de la historia, sino nuevos actores que competirían entre sí a escala planetaria. Por ello, denominó a las "civilizaciones" y predijo en su famoso artículo (Choque de Civilizaciones) su enfrentamiento entre ellas. Huntington partió de lo siguiente: los campos capitalista y socialista no se crearon en un vacío de planos ideológicos abstractos, sino sobre las bases culturales y de civilización muy definidas de los diferentes pueblos y territorios. Estos fundamentos se establecieron mucho antes de la Nueva Era y sus ideologías simplistas. Y cuando la disputa de las ideologías modernas llegue a su fin (y lo hizo con la desaparición de una de ellas, el comunismo), los contornos profundos de las antiguas culturas, cosmovisiones, religiones y civilizaciones emergerán de debajo del formato superficial.

Verdaderos y falsos enemigos del liberalismo global

La explicación de Huntington se hizo especialmente evidente en la década de 2000, cuando Occidente se enfrentó al islamismo radical. Para entonces el propio Huntington había muerto antes de disfrutar de su victoria teórica, mientras que Fukuyama admitió que se había precipitado en sus conclusiones, e incluso avanzó la tesis del "islamofascismo", cuya derrota traería "el fin de la historia", pero no antes.

Sin embargo, Huntington no sólo tenía razón sobre el Islam político. Además, el islam demostró ser tan heterogéneo en la práctica que no se fusionó en una fuerza unida contra Occidente. Y a los estrategas occidentales les convenía manipular hasta cierto punto el factor de la amenaza islámica y del fundamentalismo islámico para justificar su injerencia en la vida política de las sociedades islámicas de Oriente Medio o de Asia Central.  Un proceso mucho más serio fue la búsqueda de la plena soberanía por parte de Rusia y China. Una vez más, ni Moscú ni Pekín contrastaron a los liberales y globalistas con ninguna ideología en particular (especialmente desde que el comunismo chino, tras las reformas de Deng Xiaoping, reconoció el liberalismo económico). Se trata de dos civilizaciones que se desarrollaron mucho antes de la Nueva Era. El propio Huntington las llamó civilización ortodoxa (cristiana oriental) en el caso de Rusia y civilización confuciana en el caso de China, reconociendo muy acertadamente en Rusia y China una conexión con culturas espirituales profundas. Estas culturas profundas se dieron a conocer justo cuando la confrontación ideológica entre el liberalismo y el comunismo terminó en una victoria formal, pero no real (¡!) de los globalistas. El comunismo desapareció, pero el Este, Eurasia, no.

Victoria en un mundo virtual

Pero los partidarios del fin de la historia no han sido complacientes. Están tan enredados en sus modelos fanáticos de globalización y liberalismo, que no reconocen ningún otro futuro. Y así empezaron a insistir cada vez más en un final virtual de la historia. Como, si no es real, hagamos que parezca real y todo el mundo lo creerá. En esencia, se está apostando por la política de control mental, a través de los recursos de información global, la tecnología de redes, la promoción de nuevos artilugios y el desarrollo de modelos de cohesión hombre-máquina. Se trata del Gran Reajuste enunciado por el creador del Foro de Davos, Klaus Schwab, y abrazado por el Partido Demócrata estadounidense y Joe Biden. La esencia de esta política es la siguiente: los globalistas no controlan la realidad, pero dominan completamente el mundo virtual. Poseen todas las tecnologías básicas de red, protocolos, servidores, etc. Por ello, apoyándose en la alucinación electrónica global y en el control total sobre la conciencia, comenzaron a crear una imagen del mundo en la que la historia ya había terminado. Era una imagen, nada más. Pero la cola decidió seriamente mover al perro.

Así que Fukuyama conservó su importancia, pero ya no como analista, sino como tecnólogo político global que trata de imponer percepciones rechazadas obstinadamente por gran parte de la humanidad.

La guerra de Putin contra el orden liberal

Por ello, la evaluación de Fukuyama sobre la operación militar especial en Ucrania tiene cierto interés. A primera vista, podría parecer que su análisis resulta entonces totalmente irrelevante, ya que se limita a repetir los clichés habituales de la propaganda anti-rusa occidental que no contienen nada nuevo ni convincente (al estilo del periodismo rusófobo banal). Pero si se examina más de cerca, el panorama cambia un poco si se ignora lo más llamativo: el odio rabioso a Rusia, a Putin y a todas las fuerzas que se oponen al fin de la historia.

En un artículo publicado en el “Financial Times”, Fukuyama expresa ya en el propio título la idea principal de sus afirmaciones contra Rusia: "La guerra de Putin contra el orden liberal". Y esta tesis en sí misma es absolutamente correcta. La operación militar especial en Ucrania es un acorde decisivo para establecer a Rusia como civilización, como polo soberano de un mundo multipolar. Esto encaja perfectamente con la teoría de Huntington, pero está completamente en desacuerdo con el "fin de la historia" de Fukuyama (o la sociedad abierta de Popper/Soros).

Sí, eso es exactamente: "la guerra contra el orden liberal".

El papel clave de Ucrania en la geopolítica mundial

La importancia de Ucrania para el resurgimiento de Rusia como potencia mundial plenamente independiente ha sido claramente reconocida por todas las generaciones de geopolíticos anglosajones, desde el fundador de esta ciencia Halford McKinder hasta Zbigniew Brzezinski. Anteriormente se formuló así: "Sin Ucrania, Rusia no es un Imperio, pero con Ucrania es un Imperio. Si pusiéramos el término "civilización" o "polo mundial multipolar" en lugar de "Imperio", el significado sería aún más transparente.

El Occidente global ha apostado por Ucrania como la Anti-Rusia y para ello ha dado luz verde de forma instrumental al nazismo ucraniano y a la rusofobia extrema. Cualquier medio era bueno para luchar contra la civilización ortodoxa y el mundo multipolar. Sin embargo, Putin no tomó este giro y entró en la batalla, pero no con Ucrania, sino con el globalismo, con la oligarquía mundial, con el Gran Reinicio, con el liberalismo y el fin de la historia.

Y aquí es donde surgió lo más importante. La operación militar especial está dirigida no sólo contra el nazismo (la desnazificación -junto con la desmilitarización- es su principal objetivo), sino aún más contra el liberalismo y el globalismo. Al fin y al cabo, fueron los liberales occidentales quienes hicieron posible el nazismo ucraniano, lo apoyaron, lo armaron y lo enfrentaron a Rusia, como el nuevo polo de un mundo multipolar. Incluso Mackinder llamó a las tierras de Rusia "el eje geográfico de la historia", ese fue el título de su famoso artículo. Para que la historia termine (la tesis globalista, el objetivo del "Gran Reinicio"), el eje de la historia debe ser roto, destruido. Rusia como polo, como actor soberano, como civilización simplemente no debe existir. Y el plan diabólico de los globalistas era socavar a Rusia en la zona más dolorosa, para enfrentar a los mismos eslavos orientales (es decir, a los mismos rusos), e incluso a los ortodoxos. Para ello, había que colocar a los ucranianos dentro de la matriz globalista, para conseguir el control de la conciencia de la sociedad con la ayuda de la propaganda informativa, las redes sociales y una gigantesca operación de control de la psique y la conciencia, de la que han sido víctimas millones de ucranianos en las últimas décadas. Los ucranianos han sido persuadidos de que forman parte del mundo occidental (global) y que los rusos no son hermanos, sino enemigos acérrimos. Y el nazismo ucraniano en tal estrategia coexistió perfectamente con el liberalismo, al que sirvió esencialmente de forma instrumental.

La guerra por un orden mundial multipolar

Esto es exactamente lo que Putin se empeñó en una lucha decisiva. No contra Ucrania, sino a favor de Ucrania. Fukuyama tiene toda la razón en este caso. Lo que está ocurriendo hoy en Ucrania es "la guerra de Putin contra el orden liberal". Es una guerra con el propio Fukuyama, con Soros y Schwab, con el "fin de la historia" y el globalismo, con la hegemonía real y virtual, con el "Gran Reinicio".

Los acontecimientos dramáticos - y este es un dilema universal. Ellos deciden el destino de lo que será el próximo orden mundial. ¿Se convertirá el mundo en verdaderamente multipolar, es decir, democrático y policéntrico, donde se dará voz a las diferentes civilizaciones (y esperamos que esto sea exactamente lo que ocurra, este es el significado de nuestra próxima victoria), o (¡Dios no lo quiera!) se hundirá finalmente en el abismo del globalismo, pero de una forma más abierta, donde el liberalismo ya no se enfrentará al nazismo y al racismo, sino que se fusionará inseparablemente con él. El liberalismo moderno, dispuesto a explotar el nazismo y a pasarlo por alto cuando se trata de los intereses de las naciones, es el verdadero mal. El mal absoluto. Es eso, y es contra lo que se está librando la guerra ahora.

12 tesis del Gauleiter Fukuyama, basadas en una falsa premisa

Otro texto reciente de Fukuyama, American Purpose (Propósito Americano), impreso en la publicación de los "neoconservadores" estadounidenses como representantes vocales del nazismo liberal, merece cierto interés. En él, Fukuyama propone 12 tesis de cómo, en su opinión, se desarrollarán los acontecimientos durante el conflicto en Ucrania. Los presentaremos en su totalidad. Digamos de inmediato que se trata de una completa desinformación y de propaganda enemiga, y es en esta calidad - noticias falsas - que citamos este texto.

"Rusia se dirige a la derrota total en Ucrania. La planificación rusa ha sido incompetente, basada en la suposición errónea de que los ucranianos son favorables a Rusia y que sus fuerzas armadas se derrumbarán inmediatamente después de la invasión. Obviamente, los soldados rusos llevaban uniformes de desfile para el Desfile de la Victoria en Kiev, no municiones ni raciones adicionales. En este momento, Putin ha comprometido a la mayor parte de sus Fuerzas Armadas en la operación, no hay grandes reservas a las que pueda recurrir para participar en la batalla. Las tropas rusas están atascadas en las afueras de las distintas ciudades ucranianas, donde se enfrentan a enormes problemas de abastecimiento y a constantes ataques ucranianos".

La primera frase es la más importante. "Rusia se dirige a la derrota total en Ucrania". Todo lo demás se basa en el hecho de que representa la verdad absoluta y no se cuestiona. Si se tratara de una analítica, comenzaría con un dilema: si los rusos ganan, entonces..., si los rusos pierden, entonces.... Pero aquí no existe tal cosa. "Los rusos perderán porque los rusos no pueden evitar perder, lo que significa que los rusos ya han perdido. Y no se consideran otras opciones, porque serán propaganda rusa". ¿Qué es? En esto consiste el nazismo liberal. Pura propaganda ideológica globalista, que sitúa al lector desde el principio en un mundo virtual donde "la historia ya ha terminado".

Entonces todo se vuelve predecible, lo que sólo aumenta la alucinación. Estamos ante un ejemplo de "psy-op", una "operación psicológica".

"El colapso de sus posiciones podría ser repentino y catastrófico, en lugar de producirse lentamente, en una guerra de desgaste. El ejército en el campo llegaría a un punto en el que no podría ser abastecido ni retirado y la moral se evaporaría. Esto es cierto al menos en el norte; los rusos lo están haciendo mejor en el sur, pero estas posiciones serán difíciles de mantener si el norte se derrumba".

No hay pruebas, son puros deseos. Los rusos deben ser perdedores porque son perdedores. Y esto lo escuchamos del perdedor ejemplar Fukuyama, todas sus predicciones han sido desmentidas de forma demostrable.

En general, se basa en la suposición de que Moscú se estaba preparando para una operación que iba a durar dos o tres días y que culminaría con un saludo victorioso con flores de una población liberada. Como si los rusos fueran tan idiotas que no se dieran cuenta de los treinta años de propaganda rusófoba, del entrenamiento por parte de Occidente de las formaciones neonazis y de un ejército enorme (para los estándares europeos) y bien armado (por el mismo Occidente) y entrenado en la época soviética (y el entrenamiento era serio entonces), que iba a iniciar una guerra en el Donbass y luego en Crimea. Y si una operación especial de los rusos en tal situación no se completó en quince días, es un "fracaso".  Otra alucinación.

Occidente sacrificó a los ucranianos

Y luego Fukuyama pasa a decir una cosa bastante importante:

"Antes de que eso ocurra, no hay solución diplomática para la guerra. No hay ningún compromiso concebible que sea aceptable ni para Rusia ni para Ucrania, dadas las pérdidas que han sufrido hasta ahora".

Esto significa que Occidente sigue creyendo en su propia propaganda virtual y no va a comprometerse con Rusia y aplicar un control de la realidad. Si Occidente espera a que Rusia sea derrotada para iniciar las negociaciones, éstas nunca comenzarán.

"El Consejo de Seguridad de la ONU ha demostrado una vez más su inutilidad. Lo único útil ha sido la votación en la Asamblea General, que ayuda a identificar a los actores sin escrúpulos o evasivos en el mundo".

En esta tesis, Fukuyama se refiere a la necesidad de disolver la ONU y crear en su lugar una Liga de las Democracias, es decir, Estados completamente subordinados a Washington, que estén dispuestos a vivir bajo la ilusión del "fin de la historia". Este proyecto fue formulado por otro nazi liberal rusófobo, McCain, y ha comenzado a ser implementado por Joe Biden. Todo va según el plan del "Gran Reinicio".

"Las decisiones de la administración Biden de no declarar una zona de exclusión aérea y de no ayudar a entregar los MiG polacos fueron las correctas; mantuvieron la calma en un momento muy emotivo. Es mucho mejor que los ucranianos derroten a los rusos por sí mismos, privando a Moscú de la excusa de que la OTAN les atacó, y evitando todas las posibilidades obvias de escalada. Los MiG polacos, en particular, añadirían poco a las capacidades ucranianas. Mucho más importante es un suministro constante de Javelins, Stingers, TB2s, suministros médicos, comunicaciones y equipos de intercambio de inteligencia. Supongo que las fuerzas ucranianas ya están siendo dirigidas por la inteligencia de la OTAN que opera fuera de Ucrania".

En cuanto a la primera frase, en cambio, se puede estar de acuerdo con Fukuyama. Biden no está preparado para el inicio de un duelo nuclear que seguiría inmediatamente al anuncio de una zona de drones y otros pasos directos para que la OTAN intervenga en el conflicto. Lo de que "los propios ucranianos derrotaron a los rusos" suena cínico y cruel, pero el autor no entiende lo que dice: Occidente primero enfrentó a los ucranianos con los rusos y luego permitió que se enfrentaran solos a ellos al abstenerse de prestarles ayuda efectiva. Los ucranianos son victoriosos prácticamente sólo en un mundo donde la historia ha terminado. Y debería, según el pensamiento de Fukuyama, alegrarse por ello. Es un asunto menor: queda para derrotar a los rusos.

"Por supuesto, el precio que está pagando Ucrania es enorme. Pero el mayor daño lo causan los misiles y la artillería, a los que ni los MiG ni una zona de exclusión aérea pueden hacer frente. Lo único que puede detener la carnicería es la derrota del ejército ruso sobre el terreno".

Cuando Fukuyama dice que "el precio es enorme", queda claro por su expresión despreocupada que no sabe de qué está hablando.

Putin y el nuevo comienzo del populismo

A continuación, Fukuyama reflexiona sobre el destino del presidente Putin. Todo en la misma línea de soñar con el fin de la historia. En términos inequívocos declara:

"Putin no sobrevivirá a la derrota de su ejército. Consigue apoyo porque se le ve como un hombre fuerte; ¿qué puede ofrecer cuando demuestra su incompetencia y es despojado de su poder coercitivo?"

Otra tesis construida enteramente sobre la primera premisa. La derrota de los rusos es inevitable, lo que significa que Putin está acabado. Y si los rusos ganan, Putin es sólo el principio. Esto es lo que importa, no ya para el delirante Fukuyama, sino para nosotros.

"La invasión ya ha hecho un enorme daño a los populistas de todo el mundo que, antes del ataque, expresaban sistemáticamente su simpatía por Putin. Entre ellos están Matteo Salvini, Jair Bolsonaro, Eric Zemmour, Marine Le Pen, Viktor Orban y, por supuesto, Donald Trump. La política de la guerra ha expuesto sus tendencias abiertamente autoritarias".

En primer lugar, no todos los populistas están tan directamente influenciados por Rusia. Matteo Salvini, bajo la influencia de los nazis liberales y los atlantistas de su círculo íntimo, ha cambiado su actitud, antes amistosa, hacia Rusia. Tampoco hay que exagerar las simpatías pro-rusas de los demás. Pero aquí también hay un punto curioso. Incluso si se acepta la posición de Fukuyama de que los populistas están orientados a Putin, sólo pierden si los rusos son derrotados. ¿Y en caso de victoria? Después de todo, esta es "la guerra de Putin contra el orden liberal", y si la gana, entonces todos los populistas ganan junto con Moscú... Y luego el fin de la oligarquía global y de las élites del "Gran Rebote".

Una lección para China y el fin del mundo unipolar

"La guerra hasta ahora ha sido una buena lección para China. Al igual que Rusia, China ha desarrollado un ejército aparentemente de alta tecnología durante la última década, pero carecen de experiencia en combate. Es probable que el fracaso de la fuerza aérea rusa lo repita la Fuerza Aérea del Ejército Popular de Liberación, que también carece de experiencia en la gestión de operaciones aéreas complejas. Podemos esperar que los dirigentes chinos no se engañen a sí mismos sobre sus capacidades del modo en que lo hicieron los rusos al contemplar futuras acciones contra Taiwán."

De nuevo, todo esto es cierto si "los rusos ya han perdido". ¿Y si han ganado? Entonces el significado de esta lección para China sería justo el contrario. Es decir, Taiwán volverá a su puerto natal antes de lo que se podría suponer.

"Queda por esperar que la propia Taiwán despierte y se dé cuenta de la necesidad de prepararse para la guerra, como han hecho los ucranianos, y restablezca el servicio militar obligatorio. No seamos prematuramente derrotistas".

Sería mejor ser realista y ver las cosas como son, teniendo en cuenta todos los factores. Pero tal vez el hecho de que Occidente tenga ideólogos como Fukuyama, hipnotizados por sus propios delirios, sea una ventaja para nosotros.

"Los drones Bayratkar de Turquía se han convertido en un éxito de ventas".

Ahora, los fragmentos de estos "bestsellers" son recogidos por vagabundos y saqueadores en los vertederos de Ucrania.

"La derrota de Rusia hará posible un 'nuevo nacimiento de la libertad' y nos sacará de nuestro ensueño sobre el declive de la democracia mundial. El espíritu de 1989 seguirá vivo, gracias a un grupo de valientes ucranianos".

He aquí una gran conclusión: Fukuyama ya conoce "la derrota de Rusia", como conocía "el fin de la historia". Y entonces, el globalismo se salvará. ¿Y si no? Entonces no habrá más globalismo.

Y entonces - "bienvenidos" de vuelta al mundo real, al mundo de los pueblos y las civilizaciones, las culturas y las religiones, al mundo de la realidad y la libertad del campo de concentración liberal totalitario.

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