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Raúl Zibechi

Un reciente informe publicado en Asia Times sobre las relaciones entre China y América Latina (un tema escasamente tratado en los medios orientales), permite hacerse una imagen bastante acertada de la importancia que va adquiriendo el Dragón en el continente latinoamericano.

El profesor David Arase, del Hopkins-Nanjing Center, asegura que "la cantidad y distribución de proyectos de inversión portuaria es impresionante y puede hacer que la Ruta de la Seda Marítima de China circunnavegue el mundo, desde el Pacífico Sur hasta América Latina, a través del Canal de Panamá y el Caribe hasta Brasil, y luego a los puertos del Cinturón y la Ruta en África Occidental".

La respuesta de Estados Unidos oscila entre la crítica y la histeria, porque es inocultable que el avance de China socava la noción de que América Latina es el patio trasero de EEUU. El almirante Craig Faller, jefe del Comando Sur de EEUU, dijo recientemente a NBC News: "La influencia china es global, y está en todas partes en este hemisferio, y avanza de manera alarmante".

Si se observa el largo plazo, los avances de China en el continente son notables. "En 1955, solamente 23 países del mundo mantenían relaciones diplomáticas con la República Popular China, fundada en 1949", nos recuerda Xulio Ríos, director del Observatorio de la Política China.

El resto de naciones mantenían su alianza con la República de China (Taiwán), trasladada a la isla tras la derrota del Kuomintang (KMT) en la larga guerra civil. Actualmente Taiwán cuenta en toda la región con 9 aliados del total de 15 que conserva actualmente en el mundo. De ellos, sólo Paraguay, en América del Sur.

En la actualidad más de 2.500 empresas chinas se encuentran en esta región. Según datos de la CEPAL, el intercambio entre América Latina y el Caribe y China creció 22 veces en los últimos 14 años.

La participación en la iniciativa china la Franja y la Ruta ya suma 19 países de los 33 países de ALC que han firmado memorándum o acuerdos de cooperación, mientras otros ocho se incorporaron al AIIB (Asian Infrastructure Investment Bank).

En los últimos años las "pérdidas" de aliados de Taiwán que pasan a engrosar los vínculos con la República Popular China, han sido importantes: República Dominicana, Panamá y El Salvador se sumaron a Costa Rica, que cambió su alineamiento unos años antes.

El último país en cambiar de lado fue Nicaragua, el pasado diciembre.

Según el ministro de Hacienda, Iván Costa, "la adhesión de Nicaragua a la iniciativa la Franja y la Ruta le permitirá, a mediano plazo, fortalecer las salida al océano Pacífico para establecer una comunicación marítima directa con China y acceder al mercado global que representa el gigante asiático".

La relación con China le permite a Nicaragua, el país más pobre de la región luego de Haití, desarrollar puertos sobre el Pacífico y el Caribe y una red ferroviaria que los una, como parte de "un sistema de servicios para las multinacionales que utilicen la infraestructura y comunicación de Nicaragua", según el ministro Costa.

El 3 de diciembre de 2021 se realizó la tercera reunión de ministros del Foro China-CELAC en forma de videoconferencia. El mencionado informe de Asia Times destaca que "durante la última década, la inversión de China en América Latina y el Caribe (ALC) ha aumentado sustancialmente en volumen y se ha diversificado más".

Quedaron atrás los tiempos en que las inversiones de China se centraban en hidrocarburos, minería y agricultura, o sea recursos naturales. Progresivamente sus inversiones se inclinan "hacia industrias de manufactura y servicios como transporte, electricidad, servicios financieros y tecnología de la información y las comunicaciones".

Asia y China representan casi un tercio del volumen de inversión extranjera directa que ingresa en América Latina y el Caribe. Entre ellas destacan las negociaciones para construir una nueva planta de energía nuclear en Argentina y las inversiones en puertos e instalaciones portuarias, con proyectos en México y Centroamérica, Bahamas y Cuba, Panamá, Perú, Brasil, Uruguay, Argentina y Chile.

Aunque aún faltan integrarse a la Franja y la Ruta las tres grandes economías de la región (Brasil, Argentina y México), China es ahora el socio comercial más importante de Brasil, Argentina y de la mayor parte de América del Sur, con las excepciones de Colombia, Ecuador y las Guayanas.

Uno de los objetivos centrales de la política de China hacia ALC —como sostiene el libro China y América Latina: Una asociación estratégica integral, recientemente publicado por el Centro Venezolano de Estudios sobre China—, consiste en "ocupar los espacios vacíos", erosionando indirectamente poder de EEUU en la región" (p. 326).

Por supuesto EEUU se empeña en frenar y hacer retroceder los crecientes lazos de China con los países latinoamericanos. Pero lo hace al estilo tradicional, imponiendo la militarización de los vínculos. En diciembre se realizaron los mayores ejercicios militares entre Brasil y EEUU, desde la segunda guerra mundial.

Las Operaciones Combinadas y Ejercicio de Rotación (CORE por sus siglas en inglés), son dirigidas por el Comando Sur de EEUU y comenzaron a planificarse en 2016 (año de la destitución de Dilma Rousseff). En su reciente edición desplegaron mil soldados durante diez días (200 de ellos estadounidenses) simulando incluso combates urbanos.

Debe recordarse que en septiembre de 2020, en plena pandemia, EEUU y las fuerzas armadas de Brasil realizaron un simulacro de guerra en la frontera con Venezuela. En esa ocasión utilizaron artillería brasileña como los proyectiles Astros 2020, en una de las maniobras militares más controvertidas de los últimos años.

El concepto clave, como señala el Departamento de Defensa de EEUU, es la "interoperabilidad" entre fuerzas de varios países, con el objetivo declarado de "responder rápidamente a cualquier contingencia del Comando Sur de EEUU en el hemisferio occidental".

Según la prensa brasileña, en los ejercicios participó la 101ª División Aerotransportada del ejército de EEUU, que " participó recientemente de operaciones de contraterrorismo en Irak y en Afganistán". Esto puede dar una idea más clara de qué tipo de operaciones está planificando el Comando Sur en la región.

El contraste entre las políticas de China y de EEUU hacia América Latina no puede ser mayor. El Dragón habla de "beneficio muto" y de "intereses comunes", proponiendo relaciones en las cuales las dos partes obtengan ventajas, lo que denominan la política de "ganar-ganar". En tanto, Washington sigue apostando por la contención militar, sin dejar margen para el desarrollo de naciones cuyas poblaciones padecen creciente pobreza.

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