Gastón Pardo

El presidente estadounidense Joe Biden ha anunciado que la intervención militar estadounidense en Afganistán llegará a su fin el 11 de septiembre de 2021 y que el último soldado estadounidense dejará el país varias semanas antes del vigésimo aniversario de la invasión y conquista estadounidenses de este país del centro de Asia, el 7 de octubre de 2001.

Biden es el tercer presidente estadounidense que ha prometido que va a poner fin a la guerra en Afganistán. Aunque si dejaran el país los últimos 3.500 soldados, aproximadamente, aún permanecerían miles de operadores de la CIA, mercenarios y tropas paramilitares apuntalando el gobierno del presidente Ashraf Ghani.

Pero el anuncio de Biden ofrece la ocasión para sacar un balance de la guerra más larga en la historia de EEUU, que ha producido un sufrimiento incalculable al pueblo de Afganistán, desperdiciado recursos vastos a costa de la sociedad estadounidense engañada sobre los motivos reales de la invasión.

World Socialist Web Site revela que han fallecido 100 mil afganos en la guerra, según las cuentas oficiales, lo que sin duda es una cifra incompleta. EEUU ha librado esta guerra a través de los métodos de “contrainsurgencia”, es decir, a través del terror: bombardeando fiestas de bodas y hospitales, asesinando con drones, diseñando secuestros y torturas. En una de las máximas atrocidades de la guerra, en 2015, un avión estadounidense llevó a cabo un ataque de media hora contra un hospital de Doctores Sin Fronteras en Kunduz, Afganistán, matando a 42 personas.

Turquía acogerá una nueva conferencia en Estambul sobre el proceso de paz entre el gobierno de Afganistán y los talibanes que contará en el mes de abril de 2021 con la participación de Naciones Unidas y de países como Estados Unidos y Rusia. El proceso no implica que Doha, la capital de Catar, deje de ser el centro de la negociación de paz, ha explicado el canciller turco, Mevlut Cavusoglu, en una entrevista a la agencia estatal Anatolia. La omnipresencia de los funcionaros turcos en todos los encuentros es reveladora del peso de la geoestrategia de su país en el desenlace regional que sólo atañe a los pueblos turquestanos.

Está a la vista la convivencia de dos escenarios que hubieran sido inadmisibles en el pasado. Mientras prevalece aún en la geoestrategia estadounidense la influencia del libro "El gran tablero mundial", de Zbigniew Brzezinski, que consagra el derecho de la geopolítica estadounidense en el Medio Oriente, se admite el papel dominante de Turquía en un proyecto trascendental para el islam otomano que incluye en una primera etapa al Turquestán entero.

Turquestán Oriental y occidental

Turquestán es una región histórica de Asia Central que está situada entre el mar Caspio y el desierto de Gobi, poblada sobre todo por pueblos túrquicos que ocupan una superficie de más de 5 millones de kilómetros cuadrados en Europa Oriental y Asia.

El Turquestán Oriental también conocido como Sinkiang o Uiguristán, es un término político con múltiples significados según el contexto y el uso. El término fue inventado por turcólogos rusos como Nikita Bichurin en el siglo XIX para reemplazar el término Turquestán chino, que se refería a la cuenca del Tarim en la parte suroeste de la provincia de Sinkiang de la dinastía King, dice Wikipedia.

A partir del siglo XX, los separatistas uigures y sus partidarios utilizaron el Turquestán Oriental (o «Uigurestán») como una denominación para todo Sinkiang, o para un futuro estado independiente en la actual Región Autónoma Uigur de Sinkiang (presumiblemente con Urumchi como su capital). Rechazan el nombre de «Sinkiang» (Xinjiang) debido a la resonancia probablemente china reflejada en el nombre, y prefieren el de «Turquestán Oriental» para enfatizar la conexión con otros grupos turcos del oeste.

Turquestán occidental

El Turquestán Occidental o Turquestán ruso (en ruso, Русский Туркестан, Russkiy Turkestan), fue un territorio que actualmente pertenece a Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán, Turkmenistán, Uzbekistán, y que en el pasado formó parte del Imperio ruso. Fue un territorio de 3.076.628 km², con 7.721.684 habitantes (1897).

Anexión al Imperio ruso

El Imperio ruso, tras las conquistas de Astracán y Oremburgo, hizo varios intentos para hacerse con el poder al sur de las estepas. Después de la fracasada expedición militar contra el Kanato de Jiva en 1717, en la que tanto Aleksandr Bekovitsj-Tsjerkasski como todos los miembros de la expedición murieron o fueron vendidos como esclavos, los rusos esperaron más de un siglo para volver a mostrar interés en la zona. El Turquestán estuvo desde inicios del siglo XVIII bajo control del Imperio ruso.

Un botín atractivo

La región del mar Caspio, a la cual Afganistán ofrece un acceso estratégico, contiene aproximadamente 270 mil millones de barriles de petróleo, aproximadamente 20 por ciento de las reservas comprobadas del mundo. También contiene 665 billones de pies cúbicos de gas natural, aproximadamente una octava parte de las reservas de gas del planeta.

La intervención estadounidense en Afganistán no comenzó en 2001, sino en julio de 1979, cuando el Gobierno de Carter decidió asistir a las fuerzas que combatían al Gobierno respaldado por los soviéticos, con el objetivo, como lo planteó el asesor de seguridad nacional Zbigniew Brzezinski, de “darle a la URSS su guerra de Vietnam”.

Después de la invasión soviética de diciembre de 1979, la CIA trabajó con Pakistán y Arabia Saudí para reclutar a "fundamentalistas" islámicos para que fueran a Afganistán y emprendieran una guerra de guerrillas, una operación que trasladó a Osama ben Laden a Afganistán y sin la presencia de éste la agencia activó a Al Qaeda.

Asimismo, los talibanes fueron el producto de las armas y el entrenamiento pakistaní, el financiamiento saudí y el respaldo político estadounidense. A pesar de que el grupo fundamentalista se originó en los campos de refugiados en Pakistán como un tipo de “fascismo clerical”, el producto secundario de décadas de guerras y opresión, el Gobierno de Clinton respaldó su captura en 1995-96 como la mejor posibilidad para restaurar la “estabilidad”.

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