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Carlos Chino Fernández

La Naturaleza del conflicto social en la actualidad

El conflicto social en las sociedades contemporáneas, se manifiesta de diversas maneras y tiene múltiples dimensiones. Quizás el conflicto más extendido y con mayores registros empíricos y tratamientos científicos, sea el conflicto laboral. Al su vez, toda sociedad manifiesta, se expresa, protesta y se moviliza por otras cuestiones que hacen a la actividad cultural y a la vida comunitaria.

En los últimos tiempos, y con el protagonismo estelar de los medios de comunicación y las redes sociales, un conjunto de reivindicaciones en campos que exceden los temas laborales han adquirido una gran notoriedad. A modo de ejemplo, podemos citar las manifestaciones por cuestiones ambientales, de género, por exigencias de políticas para contrarrestar los delitos, marchas en contra de la corrupción, en oposición a las medidas sanitarias en pandemia, etc.

En nuestro país, y según la concepción anterior, en cuanto a los conflictos laborales, solo durante el primer semestre del 2020 se registraron 379 conflictos, siendo el 55% en el ámbito estatal. Las causas de estos conflictos fueron en su mayoría por mejoras salariales o falta de pago. En su gran mayoría, estos conflictos se desarrollaron en la jurisdicción provincial, seguido de la municipal y por último la Nacional. Siempre dentro del ámbito estatal, los conflictos se localizaron en primer lugar en la Administración Pública, seguido por el ámbito de la Salud y la Educación.

Mientras tanto, en el sector privado para este registro oficial, el sector de mayor conflicto se localiza en el Transporte, seguido por el de la Industria y las Minas y Canteras[1].

A la situación medianamente esperable de los conflictos laborales, se suman otros que generan inestabilidad, y una mayor incertidumbre cuando se piensa el futuro del país.

En qué medida este tipo de conflicto no laboral, surge espontáneamente o son producto de una intencionalidad, no lo sabemos. Son parte de la manifestación espontánea de un sector de la población, o son parte de una estrategia mayor, quizás. ¿Todas estas manifestaciones de la sociedad, son el resultado de alguna “inteligencia” centralizada, o solamente refleja la dispersión de una sociedad atomizada? ¿Guardan entre sí alguna vinculación?, ¿Son parte de una cadena de hechos con secuencia lógica?

Para caracterizar la naturaleza del conflicto social en la Argentina, echaremos un vistazo macro, apoyándonos en dos conceptos básicos de la geopolítica en la actualidad. En primer lugar, la idea de “guerra irrestricta”. Concepto que se desprende del Libro de igual título publicado en el año 1999 y cuyos autores son dos oficiales de la Fuerza Aérea China: Qiao Liang y Wang Xiangsui.

Los autores de referencia, analizan la guerra como un fenómeno social, en donde disminuyen los aspectos estrictamente militares y la violencia que conlleva. Al mismo tiempo, aumenta la violencia política, económica, tecnológica y simbólica. Serían tres los aspectos importantes: 1) La desinformación inducida. 2) La militarización de la vida civil y política y 3) El dominio directo o indirecto por parte de los EEUU de áreas específicas, a saber: Economía y finanzas, recursos naturales, energía, etc.[2] La única regla en la guerra, es que no hay reglas.

Por otra parte, tomaremos la idea de la Teoría del caos, que da marco también a la doctrina de la política exterior de los EEUU, siendo en este caso, una variante del paradigma de las guerras híbridas. ¿En qué consiste? Se trata de crear artificialmente una situación de inestabilidad, desde niveles básicos y hasta-si las condiciones lo permiten- de colapso terminal de un sistema de gobierno o esquema de poder que este instituido. Esto último se realiza utilizando recursos no convencionales y se opera sobre diversos actores sociales o políticos, colectivos o individuales.[3]La población civil se encuentra cada día está más involucrada consciente o inconscientemente.

Estos criterios, se relacionan y combinan según las diferentes situaciones que se dan en cada región o país que se trate. Tenemos así variantes como las llamadas revoluciones de colores en las antiguas Repúblicas de la desaparecida Unión Soviética, o, las manifestaciones llamadas de la Primavera Arabe, que se inicia en Túnez, Libia, etc., hasta los casos de Venezuela o Bolivia en nuestro sub-continente.

En la Argentina, de los llamados “AZOS” de los años ´60 y ´70, a los bander “azos” del presente

En las luchas de las décadas del ´60 y del ´70, la clase obrera de entonces, organizada sindicalmente dirigía sus acciones delineando una secuencia de enfrentamientos ascendente, que comenzaba con movilizaciones y huelgas simples contra empleadores, hasta orientar sus luchas contra los gobiernos y contra el régimen mismo de dominio. Aquí la Huelga General Nacional oficiaba de articulador de todo este proceso. La articulación de las luchas suponía la suma de diferentes sectores sociales y políticos, entre los que destacaban el movimiento estudiantil.

En la actualidad, si tomamos los banderazos[4] como expresión paradigmática de  las protestas, tenemos que, no es claro quién convoca y por qué medios. Las reivindicaciones son una lista de reclamos, sin dirección, ni programa. Se juntan según una carta de reclamos que cualquiera agrega alguno más y, se esfuman en cuanto cesa la manifestación.

Queda solo la intención de algunos vivos que pretenden desestabilizar a un gobierno o a un sistema político, sin programa alternativo. Los medios de comunicación mayoritarios, realizan lo propio agregando confusión e incertidumbre. Resultado: un caos medianamente organizado, que el ciclo electoral se encarga de transportar hasta la siguiente elección.

Los hechos de la provincia Formosa, los incendios provocados en el Sur Patagónico, el amague de algunos dirigentes para que la provincia de Mendoza se separe de la Nación, forman parte de esta lógica de un caos mediáticamente organizado, cuya finalidad no necesariamente es el cambio de gobierno en la próxima elección, sino más bien, es producir una desestabilización permanente, un caos, que es acompañado por una política de distracción ciudadana. El eje de la programación televisiva es el entretenimiento, si no entretiene no sirve. Sea un programa de cocina, de dibujos animados, noticieros, programas políticos o de divulgación científica.

En nuestro país, si bien no hemos experimentado episodios extremos, hay algunos indicios de situaciones confusas, caóticas y aunque no generalizados, que nos llaman a la reflexión y nos invita para estar atentos.

El cono sur de nuestra América, es un escenario central de la disputa geopolítica multipolar. En la consideración teórica de las nociones de “caos organizado” y “guerra irrestricta”, es evidente la incidencia de los EEUU, montado en su renovada doctrina Monroe. Este es el contexto internacional que condiciona y tiñe de alguna manera, la naturaleza del conflicto social que se despliega al interior de los Estados Nacionales, entre ellos, en nuestra Argentina.

NOTAS

[1] Ministerios de Trabajo Empleo de Seguridad Social de la Nación. Informe Técnico/ Conflictos Laborales, 1er. Semestre de 2020 (Argentina)

[2] Homar Garcés, ALAINET, La guerra irrestricta o el nuevo reino de las armas, 25/01/2018

[3] Carlos Pereyra Mele y Juan M González Cabañas, Dossier Geopolítico, año 2020

[4] 20J, 17A, 12º DE 2020

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