Mohsen Khalifzade

Como había prometido, el presidente francés, Emmanuel Macron, viajará el próximo martes a El Líbano para una visita de 24 horas.

Se trata de la segunda visita del exbanquero de inversiones de Rothschild en menos de un mes a El Líbano, ya que dos días después de la explosión en el puerto de Beirut que dejó al menos 220 muertos, 6500 heridos y más de 300 000 desplazados, él se personó en la zona de la catástrofe.

En aquella ocasión, el mandatario dijo que supervisaría la llegada de la ayuda financiera internacional a El Líbano, país envuelto en una grave crisis económica y en protestas en las que se denuncia la corrupción gubernamental.

Motivos de la vuelta de Macron a El Líbano

La hoja de ruta de Macron tiene una intencionalidad: reavivar la influencia y la injerencia de Francia en el país lo de los cedros, lo que, en definitiva, busca trastocar el escenario político libanés.

La situación política en El Líbano gira alrededor de dos enfoques: la intervención extranjera busca imponer su agenda a través de la formación de un gobierno títere en este país y la campaña propagandística contra el Movimiento de la Resistencia Islámica de El Líbano (Hezbolá), acusándole de ser el propietario del nitrato de amonio que provocó la catastrófica explosión en el puerto de Beirut.

Macron advirtió que El Líbano corre el peligro de entrar en una guerra civil, si se le deja solo frente a la crisis tras la explosión. Sin embargo, los libaneses boquiabiertos se preguntaron: ¿Desde cuándo le interesa a la comunidad internacional el bienestar de El Líbano, en particular a Francia?

En sus alocuciones, Macron realizó declaraciones populistas que intentaban caldear el ánimo de los libaneses, sobre todo aquellas que urgían la necesidad de reformas.

Ante semejantes declaraciones, la audiencia pensó que el mandatario galo había nacido en el seno de una familia libanesa. Pero, Macron no es capaz de materializar sus promesas, ya que carece de honestidad y credibilidad.

Por lo tanto, sus tácticas en El Líbano no se basan en intenciones puras, sino que muestran que París trata de liderar proyectos occidentales.

La primera táctica: Macron le dijo al presidente estadounidense, Donald Trump, que la presión nunca haría retroceder a Hezbolá y sus aliados.

Para conseguir este objetivo, se debe adoptar una política encaminada a formar un gobierno tecnócrata en El Líbano, y así excluir a Hezbolá. No obstante, el líder de Hezbolá, Seyed Hasan Nasralá, no tardó en reaccionar, reiterando su fuerte oposición a esta argucia.

El gobierno libanés ideado por Francia y sus aliados aceptaría fácilmente los planes de París. Además de estos escenarios, hay planes para vincular a Hezbolá con la explosión en el puerto de Beirut. Las acusaciones contra Hezbolá fueron tan infundadas que solo fueron confirmadas por los arquitectos de esa sucia campaña.

Campaña propagandística contra Hezbolá

La campaña de incitación contra Hezbolá está dirigida por el ministerio israelí de asuntos militares y el Mossad. Según medios israelíes, el Mossad está liderando campañas de provocación contra Hezbolá para convencer al mundo de que tal movimiento estuvo detrás de la explosión. Israel ve este momento como una “oportunidad histórica” para acabar con la influencia política de Hezbolá en El Líbano.

Las anteriores experiencias demuestran que las acusaciones contra Hezbolá sólo sirven a los intereses del régimen israelí.

Varios incidentes similares tuvieron lugar en diferentes países y más tarde se reveló que el Mossad estuvo detrás de tales actos.

En 2012, Tailandia detuvo a una persona de doble nacionalidad sueca-libanesa en relación con una amenaza de atentados y emitió una orden de arresto contra un segundo sospechoso.

Tres días más tarde, en un almacén alquilado por los susodichos sospechosos en las afueras de Bangkok, se incautaron más de 4000 kilos de fertilizante de urea y nitrato de amonio líquido, componentes químicos con los que se pueden fabricar explosivos.

El Mossad acusó a Hezbolá de querer atentar contra los intereses de Israel en Tailandia. No obstante, luego se descubrió que habían comprado la sustancia legalmente.

Otro ejemplo de las acusaciones de Israel contra Hezbolá ocurrió en 2015 cuando las autoridades chipriotas detuvieron a un libanés, presunto miembro de Hezbolá, por tener cinco toneladas de fertilizante con nitrato de amonio en el sótano de su casa.

Autoridades israelíes explicaron que el objetivo de almacenar el nitrato era crear un gran depósito de bombas para futuros ataques contra blancos israelíes, acusaciones que nunca fueron probadas.

Neocolonialismo en El Líbano

En una exhibición asombrosa de neocolonialismo, el presidente de Francia volverá a Beirut para mantener un encuentro con Fairouz, una cantante libanesa muy popular. Al parecer, durante el evento va a ordenar a los partidos políticos que se aparten y le permitan establecer un nuevo gobierno.

Es muy vergonzoso que una antigua potencia colonial no sepa cuándo es el momento de dejar de practicar sus políticas expansionistas.

El colonialismo es como un examante borracho que aparece en la casa de su antigua amante, golpea la puerta y le promete amor eterno momento en que el su esposo sale y le espeta al intruso: “¡Ya no te quieren aquí!”.

Ese amador despreciado es el presidente de Francia y su antigua amante es El Líbano.

Pero, nadie puede disuadir al emperador. Después de haber cerrado filas con Alemania, el eje franco-alemán ahora definitivamente dirige el espectáculo en la Unión Europea. Y Macron quiere ir más allá enfocando su atención en Asia Occidental, sumida en varias crisis.

El Líbano, que tuvo como su potencial colonial a Francia durante unos 23 años, antes de obtener la independencia en 1943, está metida en varios líos.

Todo el Gabinete dimitió después de la catastrófica explosión en Beirut. Tradicionalmente, formar un gobierno en El Líbano es una tarea delicada debido a su compleja estructura religiosa, por la presencia de los cristianos, chiíes, suníes y drusos en el país.

El Líbano reconoce oficialmente a 18 comunidades religiosas: cuatro musulmanas, 12 cristianas, la secta drusa y el judaísmo.

Conforme a un acuerdo que data de 1943, el presidente, el jefe del Parlamento y el premier de El Líbano se dividen entre las tres comunidades más grandes (cristiana maronita, musulmana chií y musulmana suní, respectivamente).

Los 128 escaños del Parlamento también se dividen en partes iguales entre cristianos y musulmanes.

Por esas razones, algunos países llevan años tratando de pescar a río revuelto para sacar adelante sus agendas en este país.

De ahí que, para formar un gobierno en El Líbano haya la necesidad de negociaciones sempiternas.

Sabiendo que va a necesitar un socio local, Macron ya ha elegido a alguien que cree que puede hacer que la población libanesa preste atención.

Macron ha apostado por Fairouz, muy querida en el país por sus canciones que ensalzan la belleza de su atribulada nación.

Así que la semana que viene, mientras los pesos pesados ​​políticos de El Líbano se reúnan en una consulta parlamentaria para comenzar a decidir sobre quién sustituirá al primer ministro Hasan Diab, Macron, el presidente más joven de Francia, llegará para hacer las cosas a su manera.

Puede que algunos no lo reciban, pero el portavoz del presidente dijo: “El presidente ha dicho que no se rendirá. Se comprometió a hacer lo que sea necesario y a aplicar la presión necesaria para implementar su agenda”.

Elie Abouaoun, director de los Programas de Oriente Medio y África del Norte en el instituto de investigación de la paz de la USIP, tiene dudas sobre el plan de Macron.

“No veo que Francia realmente abrace las demandas de la mayoría de la población, que básicamente quieren deshacerse del sistema político corrupto”, afirmó el experto.

Dijo que los lazos franceses con los líderes corruptos de El Líbano socavarían cualquier esfuerzo de Macron por convertirse en un personaje influyente en la región.

¿Por qué ese gran interés de Macron por el Líbano?

Francisco Herranz

El presidente de Francia, Emmanuel Macron, ha visitado el Líbano por segunda vez en menos de un mes tras las dos terribles explosiones que sacudieron el puerto de Beirut. ¿A qué se debe tanto interés?

Macron se presentó, la primera vez, en tierras libanesas el pasado 6 de agosto, dos días después de que un almacén que contenía desde hacía años 2.750 toneladas de nitrato de amonio —un fertilizante muy inestable que se usa para hacer explosivos— saltara por los aires, matando a 190 personas, hiriendo a otras 6.500 y dejando sin hogar a 300.000 ciudadanos.

La detonación, una de las explosiones no nucleares más grandes de la historia, es consecuencia de la corrupción, la codicia y la incompetencia de los políticos, y ha agravado el colapso de la economía libanesa.

El coste de los daños materiales provocados por las explosiones varía entre los 3.800 millones y los 4.600 millones de dólares, mientras que el perjuicio económico asciende a 2.900 millones-3.500 millones de dólares, según una estimación del Banco Mundial. En total, un mínimo de 6.700 millones de dólares y un máximo de 8.100 millones de dólares.

La formación de un nuevo gobierno

Después de aterrizar el lunes 31 de agosto, Macron se reunió en la ciudad costera de Antelias, al norte de Beirut, con la actriz y cantante Fairuz, una de las pocas figuras del Líbano que es admirada por todo el espectro multiconfesional. Fairuz, de 85 años, es famosa por su privacidad y rara vez aparece en público, pero a lo largo de su dilatada carrera ha despertado innumerables fans por sus canciones sobre el amor y sobre la belleza de su atribulada nación natal.

Karim-Émile Bitar, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad San José de Beirut, describe a Fairuz como "posiblemente la figura libanesa más icónica, digna y consensuada". Nadie discute que ella es la cantante femenina más aclamada del mundo árabe después de la egipcia Umm Kalzum, fallecida en 1975. Pero tampoco se le escapa a nadie que esa entrevista adquiere un tinte publicitario que beneficia al Elíseo.

Oficialmente, el propósito de la visita del jefe del Estado francés era obvio: conseguir que se den las condiciones para la formación de un nuevo gobierno que sea capaz de llevar a cabo las tareas imprescindibles de reconstrucción y reformas. Los cambios son urgentes en los sectores eléctrico y bancario, así como en el mercado público que actualmente es demasiado opaco, lo que favorece las irregularidades.

Desde la colosal explosión, París ha dirigido el esfuerzo global para apoyar al pueblo libanés, incluyendo la organización, el pasado 9 de agosto, de una conferencia internacional en cooperación con Naciones Unidas, donde más de 15 jefes de Estado participaron virtualmente y se comprometieron a donar más de 295 millones de dólares.

Papel de metrópoli

La meta de Macron, declarada a la prensa, apunta a no dejar al Líbano "en manos de las vilezas de las potencias regionales" (una alusión clara a Arabia Saudí —musulmanes suníes— e Irán —chiíes—) y evitar que el país de los cedros caiga en una nueva guerra civil.

El objetivo no declarado es controlar el proceso de transformaciones y, en consecuencia, ser el factótum del Líbano para así poder mantener esa importante cabeza de puente que garantiza sus intereses políticos y comerciales, no solo en el Mediterráneo Oriental, fuente de nuevos/viejos conflictos, sino también en Oriente Medio, epicentro de guerras continuas.

La pelea de Francia pasa en realidad por mantener allí su papel privilegiado de antigua metrópoli colonial, un rol por el que es acusada de injerencia, incluso dentro de sus fronteras, pero que es bien recibido por las principales fuerzas cristianas libanesas, aquejadas de una crisis que no es solo socioeconómica sino también existencial. París es un amigo, pero interesado. No lo olvidemos.

El dirigente galo ya pidió, el 6 de agosto, un "gran cambio" que no solo afecte a determinados sectores productivos sino también a las propias estructuras del país. La idea final es la proclamación de un estado laico en el Líbano. Según el complicado sistema político multiconfesional libanés, el primer ministro debe ser un musulmán suní pues la Jefatura del Estado está reservada a un cristiano maronita (Michel Aoun) y la Presidencia del Parlamento a un musulmán chií (Nabih Berri).

Un estado laico

El veterano Aoun declaró, el domingo 30 de agosto, que "solo un Estado laico es capaz de proteger el pluralismo, preservarlo transformándolo en verdadera unidad". Hasta ahora, Aoun no había atendido las reivindicaciones del movimiento de contestación libanés que surgió en octubre de 2019. Las protestas callejeras no solo demandan cambios profundos, sino que atacan la desidia y la ineptitud de los políticos.

Aoun se comprometió a "pedir un diálogo entre las autoridades religiosas y los dirigentes políticos para encontrar una fórmula aceptable para todos", que probablemente implicará una reforma constitucional. El otro gran actor político libanés, el líder del grupo chií Hizbulá, Hasán Nasralá, también se mostró inclinado a abrir el melón de un nuevo "pacto político". Esperemos que esas palabras se conviertan en hechos.

El Líbano debería renunciar cuanto antes a las restricciones que le impone el actual sistema confesional, fruto de una larga y devastadora guerra civil (1975-1990). Esa estructura fallida, sumada a los fuertes intereses creados en estos años —clientelismo y corrupción—, hace muy difícil que se acometan en serio las reformas necesarias y se renueve la clase política.

El nombramiento del poco conocido tecnócrata Mustafá Adib como nuevo primer ministro, aceptado por Hizbulá, es solo un pequeño paso para salir del abismo porque la formación del nuevo Gobierno llevará meses de negociación y el país está a punto de convertirse en un Estado fallido como lo son Libia o Yemen.

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