Carlos Andrés Ortiz

La fuerte y persistente pandemia de corona virus, está claramente trastocando las actividades de todo tipo en todo el mundo.

En economía es un fenómeno que se define como un “cisne negro” (un hecho inesperado, de fuerte y muy negativa incidencia), y como coincidencia (o no) eclosionó poco después de otro “cisne negro” que fue el reciente desplome inédito de los precios del petróleo, el cual insólitamente llegó a valores negativos, ante el colapso de las infraestructuras de almacenamiento y la paralela baja abrupta del consumo.

Ante semejantes golpes, de magnitudes tan descomunales, la economía mundial está trastocada, y casi todos los países están sufriendo caídas significativas en sus PBIs, que rondan hasta ahora un promedio aproximado del 10 %. Y la duración total de la pandemia, aun no se avizora. Complicado panorama.

Muchos analistas coinciden en que casi con seguridad, el mundo no será el mismo, pero los interrogantes mayores se centran en intentar prever cual será el marco de situación y cuales los nuevos paradigmas imperantes, en lo cultural, lo económico, lo político y lo geopolítico, una vez que se empiece a consolidar la “nueva normalidad”.

En lo geopolítico, los reacomodamientos de las diversas economías nacionales pueden contribuir a acentuar algunos cambios que parecen vislumbrarse, algunos de ellos potencialmente muy críticos.

Basándonos en los siempre escasos datos concretos disponibles para los que no accedemos a archivos e informes reservados, cabe suponer que la postpandemia encontrará relativamente mejor estructurada a China, en relación a su ya abierta disputa con EEUU, al compararse con ese mismo escenario prepandemia. Eso no significa que pueda suponerse que EEUU perderá su liderazgo, al menos no en el corto plazo, y posiblemente tampoco en el mediano extendido a una década, o bastante más; en cambio sí que se vea erosionado, paulatinamente con altibajos.

Pero los millones de nuevos desocupados en EEUU con su secuelas de descontentos, los propios efectos pandémicos que atacan mucho más a esta potencia que a su rival actual, los rebrotes racistas, más las disputas por el poder que es concentrado pero no evidencia ser monolítico (como lo aparenta ser en China), y la aparente continuación apenas tal vez con retoques de morigeramiento, del enorme poder de la economía especulativa (el poder financiero o economía especulativa), accionando individual o muchos más si lo hacen conjuntamente, pueden llegar a ser problemas muy serios que socaven en parte las estructuras del poder de la mega potencia anglosajona.

En todos esos aspectos, China parece estar más consolidada, o comparativamente menos amenazada por ese tipo de conflictos internos.

Mientras la Unión Europea iría a una acentuación del predominio germano – galo (en ese orden muy acentuado), la Europa Oriental se ve alejada del núcleo del poder del (que parece) algo resquebrajado bloque, posiblemente con un par de excepciones, una de ellas la aparentemente sólida Polonia, otra Chequia. En el lado occidental, Italia y España parecen marchar a un segundo plano algo más lejano del núcleo del poder unionista. Por su parte, los relativamente pequeños países nórdicos tal vez sean poco afectados, pero posiblemente seguirán alejados - por sus significaciones relativas- del núcleo duro del poder europeo. Y la vieja Europa, como un todo tal vez multiforme, presumiblemente seguirá su acercamiento a Rusia, pese a los denodados esfuerzos en contrario de EEUU. El poder del gas abundante, los claros gestos de buena vecindad y la cercanía geográfica probablemente serán factores de peso en ese acercamiento, sutilmente impulsado por el consumado estratega Putin.

Gran Bretaña, con su aun no totalmente consumado Brexit, parecería recostarse o utilizar el poder real de sus “primos” del otro lado del “charco”; siempre con sus soberbias improntas imperiales con las que muestra músculos y desprecio a sus usurpados, en Chagos, Gibraltar y Malvinas, además de otros enclaves insulares y semi coloniales como Guyana y Belice.

En Asia, el ente de poder real que es India, habrá que ver si juega en forma decidida hacia el núcleo de los BRICS (limando asperezas con su vecina y ¿socia geopolítica? China), o si al influjo sutil de Gran Bretaña vaya al peligroso juego de roces con su poderoso y también superpoblado vecino del norte, ello sin olvidar el constante factor de tensión con Pakistán.

El polvorín aparentemente sempiterno de Medio Oriente, tal vez se apacigüe algo con la pacificación de Siria, el relativo debilitamiento   de Arabia Saudita -algo o muy afectada por los vaivenes del petróleo-, los giros estratégicos que parece dar Turquía (innegable polo de poder regional), y la hasta ahora monolítica conformación de poder interno de Irán y su influencias regionales, que trascienden hasta Venezuela.

El sur y el sudeste asiático parecen seguir en paz y desarrollo, con la excepción del caldero bullente que en estado latente parece ser el conjunto de las dos Coreas.

El área turcomana de Asia (exceptuando la propia Turquía) parece debatirse entre sus potencialidades y limitaciones; considerando además que los muy cercanos al gigante ruso parecen hoy convivir en paz con su poderoso vecino.

Las agresiones armadas de grupos de turcomanos que bajo pretextos de “guerra santa” musulmana o similares motivaciones, intentaron hacer terrorismo en Rusia, como acciones de desestabilización política interna, fueron severamente combatidas, y no habrían resurgido.

omo el riesgo similar estaba latente en las regiones de China con mayorías turcomanas, está siendo diluido con masivas radicaciones de población de etnias chinas, para transformar en minoritarios a los pobladores de etnias e idiomas turcomanos.

En África, China parece haber ganado la partida de las influencias, respecto al bloque atlantista, en base a importantes donaciones de obras comunitarias y equipamientos a entes estatales de los Estados africanos, y con políticas más persuasivas e inteligentes, con condiciones que parecen mucho más favorables a las naciones del África Subsahariana que las ofrecidas por el bloque atlantista, contra el cual además juegan la historia y los resabios colonialistas y depredadores. Claro que la influencia neocolonialista de Francia en sus excolonias de África Central no parecería que vayan a cesar, en buena parte por ser esos nuevos países casos prototípicos de Estados fallidos; dicho eso con todo respeto por esas sufridas naciones y su empobrecidos pueblos.

En el arco arábigo africano del norte continental, queda el extremo desorden en que fue transformada Libia, “gracias” a los bombazos e influencias de la OTAN; lo que es un potencialmente serio factor de caos, dentro de un bloque no muy homogéneo en el que descuella Egipto, factor de poder regional, aun pese a sus serios problemas no resueltos, uno de ellos su nunca concretada industrialización, truncada muchas décadas atrás por la nociva influencia británica, en un proceso muy similar al perpetrado al respecto por el mismo agresor contra Argentina.

Íbero América y El Caribe están bajo las amenazas, presiones y en algunos casos, desembozados actos latentes de agresiones, por parte del “gran país del norte”, que muestra estar decidido a reflotar completamente la doctrina Monroe del “patio trasero”, con el Caribe y aledaños como una suerte de “mare nostrum” del imperio. Con los golpes de Estado o cambios de gobiernos “inducidos”, de diversas facturas, perpetrados contra Honduras, Paraguay, Ecuador, Uruguay, Brasil, y Bolivia; y con las amenazas explícitas contra Venezuela, Cuba y Nicaragua; más las acciones de presiones brutales de sectores reaccionarios internos contra Argentina, queda en claro que quieren volver a tener un continente sumiso, genuflexo antes sus poderes y directivas. Y no confundirse, tildan de “comunistas”  a los gobiernos que no les son dóciles; lo real es que quieren gobernantes títeres, sin importar sus cataduras morales.

Recordemos lo que Franklin Delano Roosevelt dijo respecto al dictador nicaragüense Anastasio Somoza: “sabemos que es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta”. Igual ahora, no les hace asco a los personeros del “Estado profundo” de los Atlantistas, apoyar a mafiosos o personajes de antecedentes impresentables, como Cartes y Macri, mientras sean subordinados a sus directivas.

Todo parece indicar, que ante los severísimos ahogos económicos que la pandemia y el neoliberalismo nos impuso como tenazas a nuestras naciones, la postpandemia nos encontrará muy condicionados y expuestos a las peores escenarios y agresiones, que muy posiblemente incluyan operaciones de balcanizaciones para involucionarnos a pequeñas republiquetas, lo cual desde hace décadas vienen operando para perpetrar en Argentina, y en otras naciones.

El riesgo mayor se cierne sobre nosotros y otras naciones de la región, en ese aspecto, con múltiples indicios que pocos parecen advertir.

Las amenazas internas no solo provienen de los sectores oligárquicos – fuertemente racistas, clasistas, apátridas revestidas de patrioterismo hueco, y muy colonizadas mentales-, y de sus brazos armados de sectores de las FFAA y FFSS muy confusas en lo ideológico y muy cargadas de negativos prejuicios que las hacen apéndices dóciles de poderes antinacionales; sino también de partes de las clases medias que medran en superficialidades huecas.

Todo eso agravado por los accionares muy corrosivos de diversas

“progresías”, con libretos dictados desde Gran Bretaña y otros centros del poder financiero

especulativo mundial, que se dejan llevar por consignas corrosivas – como los ultras del ecologismo, indigenismo, feminismo, y similares-, además de ciertos marxistas residuales, anarquistas y libertarios (neoliberales recargados) que no solo dividen a la sociedad civil, sino que distraen y tapan los enormes problemas del subdesarrollo y la dependencia extrema y creciente; atacando incluso las bases culturales y sociales básicas –incluso despreciando el sano patriotismo-, que son los nexos que mantienen unidas a nuestras poblaciones.

Sintetizando lo referente a la nueva realidad mundial post pandemia, es muy posible que los factores de poder del “Estado profundo” mundial, vean acrecentado su poderío, dadas las debilidades crecientes de la mayoría de los Estados nacionales y el desconcierto y previsible desánimo de buena parte de las poblaciones respectivas, en un marco como el que analizó Naomí Klein en su emblemático libro “La Doctrina del Shock”.

CAMBIOS CULTURALES Y POLÍTICOS

Como se expresó brevemente en el anterior análisis, la pandemia impuso cambios normativos y culturales muy drásticos y profundos, estando la duda referida a la perdurabilidad o no de los mismos, tal como se instalaron, o con modificaciones o adaptaciones posteriores.

En lo cultural, claramente la cuarentena, practicada con diversos grados de rigurosidad en cada país, o en cada región de los mismos en los casos de países de dimensiones continentales, significó imponer drásticos cambios de conductas, aceptados o no con diversos grados de buena o mala voluntad, sea por convicción o por miedo a la pandemia.

Si bien ya venían registrándose diversas epidemias de enfermedades nuevas o aparentemente repotenciadas de versiones anteriores, la del Covid 19 parece ser la de mayor extensión y difusión planetaria, altamente contagiosa y con grados de letalidad que –por lo conocido hasta ahora- se manifiestan sobre todo en personas de edad avanzada y en otras inmuno - deficientes, como pacientes crónicos de otras dolencias severas.

Esa suerte de congelamiento de actividades a nivel global, con parálisis casi total en viajes internacionales (con algunos “exceptuados VIP” como el impresentable viaje del expresidente argentino al Paraguay, para materializar una reunión que varios analistas e incluso políticos paraguayos definieron como un cónclave de mafiosos); pero el caso es que el parate económico es simplemente descomunal, y todo eso llevó a frenar abruptamente muchas actividades que eran rutinarias, pasando a ser en cambio la rutina obligatoria el confinamiento.

Todo eso, que seria largo e innecesario precisar en sus diversas connotaciones, implicó un drástico cambio de hábitos, draconianamente impuesto por la acuciante necesidad de preservar la salud.

Los cambios de hábitos, por lo general influyen mucho en las pautas culturales vigentes, las que pueden mutar temporaria o definitivamente, en forma total o en formas atenuadas o adaptadas.

La perdurabilidad o fugacidad de esos cambios de costumbres, dependerá en mucho del accionar de los medios de comunicaciones y de otros factores y actores de difusión (como las opiniones de personalidades destacadas de la ciencia, de políticos, de la farándula –que contra toda lógica influye en forma desmesurada en proporción a la por lo general nula fundamentación de sus opiniones-, y otros difusores de la opinión públicamente volcada.

Es conocido que los núcleos duros del poder concentrado y los poderes no visibles del “Estado profundo” (lo que antes se llamaba “el poder detrás del trono”), tienen y seguramente seguirán teniendo mucha capacidad para manejar y manipular a la opinión mayoritaria en casi todos los países.

Por eso es previsible que el establishment, principalmente el multinacional vigente y presente en el contexto del grupo de poder del Atlantismo, seguirá haciendo grandes esfuerzos por manejar las respectivas opiniones públicas, para que lo “políticamente correctos” siga siendo totalmente funcional a sus intereses, y en lo posible, buscarán profundizar las políticas culturales que tiendan, promuevan e instalen nuevamente el consumismo, la banalidad, el todo vale y la denigración de todo atributo moral, con lo cual seguirán combatiendo valores esenciales, como la solidaridad, el sano humanismo, el patriotismo no excluyente (el que no odia a otros, pero sí defiende lo propio), y la espiritualidad.

Por supuesto que los comunicadores sociales también juegan sus roles en otros países fuera del ámbito de influencia de las Potencias Atlantistas, solo que los poderes de “persuasión” del Estado profundo global parecen ser impotentes, o a lo sumo muy limitados; en esos países no subordinados al bloque neoliberal, en los que el rol de cada Estado es relevante en su propio territorio, incluyendo lo referente a las comunicaciones y su aspecto cultural.

Queda por ver si las pautas de frugalidad, opuestas al derroche desenfrenado de las sociedades de consumo, que la necesidad hizo que se impusieran, tendrán o no permanencia, al menos en forma atenuada pero lejos del despilfarro y la contaminación a escalas masivas preexistentes.

La pandemia, como suele suceder en épocas de grandes crisis, conflictos y cataclismos, hizo aflorar lo bueno y lo malo de diversas personas. La solidaridad e incluso el arrojo personal, entre quienes atienden a enfermos y ayudan a los desposeídos o más castigados por los efectos sociales y económicos del cuadro de situación; y lo peor en los casos miserables quienes atacaron casas y bienes de médicos y personal sanitario que atienden a enfermos del Covid 19, a los que presionaron para dejar sus lugares de residencia, por miedo a los contagios, y otros cuadros de egoísmos y brutalidades, de cierta clase de personas que, suponiéndose inmunes o de “clases superiores” accionaron contra la cuarentena, ejerciendo deplorables acciones de miserabilidad política y racismo y/o clasismo rampantes.

¿Qué sucederá después y a que tipo de mundo marchamos? Esa es una de las grandes preguntas, y cabe al menos un alto grado de escepticismo.

En lo político, la pandemia impuso cambios drásticos, sobre todo en los países que hacían gala de “fe liberal”, la cual incluye –como una de sus peores falsedades conceptuales-, la supuesta “eficiencia de los mercados”, concepto que denigra el accionar estatal. Pero en la pandemia, como en otros contextos de catástrofes naturales o grandes conflictividades sociales, es el Estado el que saca las castañas del fuego, mientras que las oligarquías “defensoras de la propiedad privada” a ultranza, miran para otro lado, o en algunos casos momentáneamente olvidan sus prejuicios antiestatistas.

Es muy claro que cierto núcleo duro de odiadores seriales y egoístas viscerales, reaccionarios del ultra conservadurismo excluyente y de hecho apátrida, seguramente no cambiarán. Son los que insisten en imponer el neoliberalismo y su versión recargada, el libertarismo.

Posiblemente tampoco cambien ni razonen con la debida objetividad, las progresías cooptadas por los centros del poder mundial, que los usan como dóciles marionetas para instalar divisiones profundas y odios irreconciliables, a la vez que instalan polémicas como tapaderas para que no se discutan problemas centrales acuciantes –como la miseria estructural, el pisoteo de la soberanía nacional y la degradación de valores éticos esenciales-; para lo cual instalan “causas” como el ultra ambientalismo, el ultra feminismo que llega al absurdo del “odio al macho”, la imposición del aborto, el odio a la Fe bien entendida y practicada, y cuanta acción se pergeñe desde los centros del poder transnacional para dañar y destruir el tejido social nacional de los países en los que actúan.

Neoliberales y las supuestamente opositoras progresías, son en realidad los dos brazos de la misma tenaza manipulada por el Estado profundo que opera a nivel mundial, buscando desguazar a los Estados nacionales y a sumir en el sopor de las confusiones e ignorancias de la realidad, al grueso de la población mundial, sobre todo la de los países excluidos del núcleo duro del Poder Mundial Globalizante.

La duda al respecto, es si los cambios por necesidad, que dieron mayor relevancia a los Estados nacionales, se mantendrán, institucionalizarán y eventualmente profundizarán, buscando instalar pautas claras de inclusión social y bienestar general; o si por el contrario, el mega poder financiero transnacional volverá a imponer sus genocidas prácticas y sus no declarados pero evidentes objetivos excluyentes, entre los cuales destacan la disolución social, el egoísmo institucionalizado como culto a la “meritocracia” pro oligárquica, y la drástica disminución forzosa de la población mundial, esta última practicada desde diversas acciones de genocidio explícito o encubierto.

Esa reinstalación forzosa de pautas de neoliberalismo salvaje como ideología excluyente, se podrá dar o no, en forma diferente según que países o regiones sean, dependiendo de sus grados de concientización cultural, de sus valores o disvalores predominantes, de sus eventuales inserciones en mega bloques regionales o acuerdos estratégicos como Políticas de Estado, y de sus importancias y potencialidades relativas respecto a los núcleos del poder globalizante.

No es anecdótico constatar que las potencias que se oponen a la globalización salvaje impulsada desde el núcleo anglosajón y demás atlantistas, confieren gran importancia a los altos valores morales y espirituales, como necesario freno al materialismo desenfrenado y antiteísmo a ultranza que promueven los que impulsan el neoliberalismo como instrumento de la ultra 

globalización. En forma principal los casos de China, que revalora fuertemente la filosofía de Confucio; Rusia, que se apoya y vincula estrechamente con la Iglesia Cristiana Ortodoxa; e Irán, Estado teocrático basado en las normativas del Islam.

La sana espiritualidad y el cultivo de altos valores, son las bases de todo poder material perdurable y sólido. Algo tan básico, no lo entienden los progres, cargados de ateísmo dogmático; y lo combaten los materialistas globalizantes.

Analista de Temas Económicos y Geopolíticos

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