Enrique Dans

Interesante artículo publicado en el World Economic Forum, «AI looks set to disrupt the established world order. Here’s how« citando datos de un informe de Tortoise Intelligence en el que, entre muchas otras conclusiones, se ve cómo la aproximación centralizada de China a la investigación en inteligencia artificial parece estar generando, en términos de productividad, una eficiencia muy superior a la de su tradicional competidor, los Estados Unidos, que optan por iniciativas de investigación repartidas entre muchos competidores privados unidos a algunas iniciativas públicas o potenciadas con dinero público.

Los Estados Unidos superan a cualquier otro país del mundo en volumen total de inversión dedicada al tema, pero una parte muy importante de esa inversión forma parte de múltiples iniciativas privadas e independientes que no forman parte de ningún tipo de estrategia consolidada o expresada como tal. China está en segundo lugar en este momento, pero las políticas industriales que su gobierno impulsa de manera coordinada y centralizada comprometen un nivel de gasto en inteligencia artificial en la década actual que aparentemente eclipsará al de los Estados Unidos. Según Tortoise, el valor de los planes de gasto en inteligencia artificial de China es una vez y media más elevado que todo el resto de los países del mundo juntos, y ya gasta más que los Estados Unidos en investigación básica y aplicada en ámbitos relacionados con la inteligencia artificial.

La inteligencia artificial, cuyo impacto potencial sobre la humanidad fue definido por el CEO de Alphabet, Sundar Pichai, como «comparable al de la electricidad o el fuego«, y a la que un informe reciente de Brookings atribuyó un papel fundamental a la hora de definir el liderazgo del mundo entre los próximos años 2030 y 2100, es sin duda uno de los objetos de deseo de los gobiernos de todo el mundo, o al menos, de aquellos que tienen la visibilidad y prospectiva necesaria como para entender estas cuestiones.

Construir ecosistemas que posibiliten y fomenten la investigación en inteligencia artificial y en sus aplicaciones es, en un entorno que va a condicionar la competitividad de muchísimos sectores de la economía o de todos ellos, fundamental para redefinir el papel de los distintos países y su peso en la geopolítica mundial. En este sentido, estamos viendo desde unos pocos países, como los Emiratos Árabes, que formulan estrategias nacionales de inteligencia artificial o incluso nombran ministros específicamente dedicados al tema, hasta iniciativas más o menos coordinadas que incluyen actuaciones sobre la educación, sobre las ayudas a la investigación o sobre la divulgación y popularización de esta tecnología, en algunos casos llegando incluso a cursos gratuitos de alfabetización a disposición de toda la población.

La posibilidad de que las maquinas deriven las reglas de automatización o actuación a partir de los datos previamente etiquetados, en lugar de proceder como hemos hecho tradicionalmente en la programación clásica, tratando de prever todos los casos posibles con condicionales y bucles, da origen a una importantísima revolución en la forma de aproximarnos al uso de la tecnología, que posibilita una versatilidad y una flexibilidad muy superior en los enfoques.

La difusión del uso de inteligencia artificial estará sujeta a la aceleración progresiva que ha caracterizado los ciclos de adopción a lo largo de los últimos años, y podrá dar lugar a una serie de líderes y a numerosos rezagados, que tardarán más en aprovechar esas ventajas en sus sistemas productivos y cuyas economías permanecerán más tiempo sometidas a las reglas de la vieja economía, con un desfase de productividad cada vez mayor. Las viejas métricas, como la creación de empleo, dejarán de tener una aplicación relevante a medida que las máquinas vayan siendo capaces de sustituir de manera cada vez más ventajosa el trabajo humano con mayor productividad y menor número de errores, y eso proporcionará a los países que avancen más en esta línea la oportunidad de ensayar mejor los nuevos esquemas sociales que surjan de esa evidencia. Hablamos de una tecnología cuyas aplicaciones van prácticamente a redefinir las sociedades humanas y, sobre todo, su relación con el trabajo tal y como lo entendemos.

En el informe de Tortoise figura también un Global AI Index que clasifica a los diferentes países en función de criterios aplicados a la inteligencia artificial como el talento, las infraestructuras, los entornos operativos, la investigación, el desarrollo, y las estrategias gubernamentales y comerciales. Los papeles para los distintos actores en el escenario geopolítico mundial de las próximas décadas se están repartiendo ahora, y mientras algunos tratan de aplicar sus estrategias tradicionales, muchos otros permanecen casi completamente al margen del tema, sin entender lo que se están jugando. Quien no lo vea o siga pensando que el impacto de la inteligencia artificial es algún tipo de hipérbole, que se vaya preparando.

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