Alfredo Jalife-Rahme

El fallido montaje del insustancial 'impeachment' contra Trump, tramado por el grupo adicto a George Soros del Partido Demócrata —que sufrió su peor semana sumada con la debacle de fraude cibernético en Iowa— se centró desde el punto de vista geopolítico en exorcizar a Rusia e impedir una imperativa colaboración para el bienestar de la 'biosfera'.

Dentro de toda la inmundicia y de las mendacidades que emergieron en el fallido impeachment, para el metanálisis geopolítico se decantaron dos ejes: la lucha a muerte de los globalistas de George Soros y sus aliados en el Partido Demócrata que controla contra el nacionalismo económico de Trump y el Partido Republicano, que exhibió una asombrosa compactación con la excepción de la deserción del mormón Mitt Romney.

Ya he abordado abundantemente la forma en que el megaespeculador globalista y falso filántropo Soros ha intentado por todos los medios derrocar a Trump.

La misma fauna de Soros pretende controlar el alma del Partido Demócrata y ahora ha sido expuesta por su participación en el fraude electoral de Iowa con el fin de impedir el ascenso del socialista demócrata Bernie Sanders y de inflar exageradamente la candidatura del alcalde Pete Buttigeg, quien fue espía militar del Pentágono en Afganistán.

La empresa cibernética Shadow Inc., que manipuló su aplicación digitálica para diluir el triunfo de Bernie Sanders en Iowa, pertenece a Acronym: brazo armado electoral de la súper PAC (los magnos Comités Políticos de Acción que captan y distribuyen los donativos) Pacronym, a la que Soros donó 2,6 millones de dólares mediante el National Democratic Redistricting Committee (NDCR) que preside el exprocurador Eric Holder con Obama.

Son más que conocidos los nexos del conglomerado formado por Shadow, Acronym y Pacronym con los apparatchiks de Hillary Clinton, Obama y del ahora favorito del establishment Pete Buttigeg, cuando la principal víctima del impeachment fue el exvicepresidente Joe Biden, mancillado por las tratativas mafiosas de su hijo Hunter con la gasera ucraniana Burisma y una empresa china.

La fundadora de Acronym, Tara McGowan, es esposa de un consejero de Buttigeg.

Uno de los donadores de Buttigeg es el multimillonario israelo-estadunidense Seth Klarman, quien maneja, como su correligionario Soros, los especulativos hedge funds (fondos de cobertura de riesgo). También financió el operativo del fraude cibernético en Iowa, además de ostentarse como generoso financiero de los ilegales asentamientos coloniales de Israel.

La histeria rusófoba fue exhibida por la congresista texana Sheila Jackson Lee, quien echó la culpa de la catástrofe del conteo electoral de Iowa… a los hackers rusos, por lo que exigió que el mancillado FBI investigue el caso.

Trump ha pasado a una vigorosa contraofensiva con su mayor nivel de aceptación desde que llegó a la Casa Blanca. Con la derrota del impeachment propinada a los demócratas desechó por enésima ocasión las falsas imputaciones de que Rusia influyó en las elecciones de 2016 en contra de la vencida Hillary Clinton.

Después de su absolución en el Senado, Trump fustigó que "primero fue lo de Rusia, Rusia, Rusia: fue todo una mierda".

Desde el falso russiagate —desechado por el fiscal especial Robert Mueller— hasta el hilarante y delirante ucraniagate —el quid pro quo de aportar una ayuda militar de EEUU al presidente ucraniano Zelenski, comediante de profesión, a cambio de la exhumación de las transacciones mafiosas de Hunter Biden en Burisma—, Trump se mantuvo siempre firme en que los dos operativos fallidos de los demócratas se subsumían en una "cacería de brujas".

El influyente político británico Niegel Farage expuso los paralelismos entre el Brexit y la absolución de Trump: "¡Es el mismo juego!"

Mas allá de que ambos casos expusieron la derrota de los globalistas y el ascenso del nacionalismo económico a los dos lados del Atlántico Norte y en sustitución del fracasado neoliberalismo propio de Thatcher y de Reagan, Nigel Farage comentó a la radio LBC que "existió un completo rechazo de gran parte del establishment para aceptar los resultados del referéndum en el Reino Unido y la elección presidencial en EEUU".

Trump salió más fortalecido que nunca debido a la estrepitosa debacle de los demócratas en el Congreso, sin contar la catástrofe electoral de Iowa, que, a mi juicio, intenta jugar su última carta con el multimillonario Mike Bloomberg, exalcalde de Nueva York con una fortuna de 61.000 millones de dólares. Bloomberg puede comprar literalmente la nominación en la convención demócrata, lo que demostraría una vez más que en EEUU no existe la democracia, sino una vulgar plutocracia con tintes prototeocráticos.

Salvo un grave error estratégico en el trayecto y/o del síndrome Kennedy que hay que tener en el radar en un país donde suelen asesinar a sus presidentes, Trump parece encaminado a ser reelegido, lo cual festejó retuiteando una imagen de la revista Time —muy cercana a los Clinton— en la que podría permanecer en la presidencia por tiempo indefinido.

Según una encuesta de Gallup, al inicio del fallido impeachment Trump contaba con una aceptación del 39% y ahora alcanzó el 49% con su finiquito.

Pareció que los demócratas en forma suicida por su pésima estrategia basada en la rusofobia congénita de Soros, buscaban la reelección de Trump.

El veredicto de la opinión pública fue prístino: Trump subió 10 puntos, mientras el favorito Joe Biden se desplomó a un humillante cuarto lugar en Iowa.

Pat Buchanan, de 81 años, exasistente y exconsultor especial de Nixon, Ford y Reagan y estandarte del paleoconservadurismo republicano, comenta dramáticamente el "golpe fallido de un establishment desfalleciente": "Durante cuatro años, elementos del establishment liberal —en los medios, el deep state y las principales instituciones—buscaron destruir a Trump. Primero, tuvieron como objetivo calumniarlo y prevenir su elección, y luego anularla por haber sido orquestada por el Kremlin, y luego defenestrarlo y quitarlo del cargo y luego bloquearlo de volver a competir. El daño que infligieron a las instituciones de EEUU es serio". Mucho peor, "los medios amarillistas han sufrido no solo los ataques de Trump, sino de su propia cobertura y comentarios sesgados y fanáticos".

Como justificación del falso russiagate y su corolario fétido del ucraniagate, de toda la inmundicia que brotó en la Cámara de Representantes y en el Senado, desde el punto de vista geopolítico sorprendió la confesión de Adam Schiff —quien encabezó con Jerry Nadler y la hoy devaluada amazona Nancy Pelosi financiados por Soros la cruzada para defenestrar a Trump — de que era mejor librar la guerra de EEUU contra Rusia en suelo ucraniano en lugar de en suelo estadounidense.

En forma significativa y coincidente, el mismo día de la absolución de Trump el Ministerio de Exteriores de Rusia, en conmemoración del 75 aniversario de la victoria en la Segunda Guerra Mundial, desarchivó una serie de valiosos documentos sobre la Conferencia de Yalta (Crimea) de 1945, donde se reunieron Stalin, el presidente Roosevelt y el premier británico Winston Churchill para supuestamente repartirse el mundo en esferas de influencia.

Los legisladores rusos apoyan la idea subyacente de realizar una segunda cumbre de Yalta —que "creó la arquitectura que resolvió todos los temas por más de 70 años", a juicio de Viacheslav Volodin, portavoz de la Duma rusa—.

El presidente ruso, Vladímir Putin, desea que los miembros fundadores de la ONU deban reunirse para asegurar la estabilidad del planeta.

Una segunda Yalta puede llevar al anhelado acercamiento de Putin y Trump, ya más liberado en su segundo mandato después de su reelección.

El distanciamiento de Obama con Rusia ocurrió por la reincorporación de Crimea, y ahora el acercamiento de EEUU con Trump y de Rusia con Putin puede escenificarse con una segunda Yalta en Crimea.

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