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Cuando en 1988 se preguntaba a los corresponsales de prensa que vivían en Berlín, cuál era el futuro de la guerra fría, todos contestaba que primero vendría una distensión política,  luego una convivencia pacifica y después una fusión de sistemas.

Ninguno pensaba que el muro de Berlín fuera a caer al año siguiente, y que el bloque soviético se fuera a descomponer poniendo final a la guerra fría.

Todos pensaban que la Glasnost en la URSS y el Welfarestate del norte de europa eran los primeros pasos para que con el tiempo los dos sistemas fueran confluyendo en uno solo. El bloque capitalista tenía que optar por crear una serie de servicios sociales y un estado del bien estar que alejará la posibilidad de crisis y revoluciones, mientras que el bloque comunista tenía que optar por un socialismo humano, en el que se permitiera la pequeña empresa, la propiedad, la libertad de expresión. En definitiva, los dos sistemas tendrían que incorporar los logros del contrario a su sistema con el fin de perpetuar dichos sistemas.

Hoy en día nos encontramos en una situación en la que China ha tomado el testigo de potencia frente a Estados Unidos, dando lugar a una segunda guerra fría en la que existen similitudes y diferencias respecto a la primera.

China como la URSS, intenta aumentar su esfera de influencia, pero a través del control económico, la compra de materias primas al tercer mundo, la exportación de bienes y una nueva carrera espacial.

Los conflictos seguirán siendo en terceros países (Corea, Venezuela, Siria, Ukrania…), pero en un mundo multipolar, no de dos grandes bloques como en la era soviética.

Rusia sigue siendo un poder militar y un exportador de materias primas. La UE no tiene porque tener los mismos objetivos que USA. Irán y Arabia Sauditaaumentaran su protagonismo en oriente medio. Y una nueva lista de países se añadirán a los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) como por ejemplo: México, Pakistán o Indonesia.

Lo que sí se está implantando de una manera sutil y sibilina, es la confluencia de dos sistemas, pero  esta vez adoptando los vicios y defectos del otro. China está adoptando una economía capitalista, salvaje e inhumana sin adoptar ninguna de las libertades de las democracias occidentales. Por otro lado, el resto de países privilegiados están desmontando lentamente su estado de bien estar, recortando en derechos sociales y en gastos laborales, para poder competir con los países emergentes.

Parece que se están dando todos los elementos necesarios para vivir en la eterna crisis y el riesgo constante de revueltas. La tormenta perfecta.

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