En lugar de un comunicado, un informe oficial o una declaración que se supone que debe producir una conferencia internacional importante, los líderes del Grupo de los Siete (G7) emitieron el lunes una declaración de una página para «subrayar su gran unidad y el espíritu positivo de los debates» al concluir la cumbre de tres días en el balneario francés de Biarritz.

«El G7 está comprometido con el comercio mundial abierto y justo y con la estabilidad de la economía global», dice la declaración. «Por lo tanto, el G7 desea revisar la OMC (Organización Mundial del Comercio) para mejorar la efectividad con respecto a la protección de la propiedad intelectual, resolver las disputas con mayor rapidez y eliminar las prácticas comerciales desleales», se lee en la declaración.

«El G7 se compromete a llegar a un acuerdo en el 2020 para simplificar las barreras regulatorias y modernizar los impuestos internacionales en el marco de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico)», agregó.

Sobre Irán, los líderes del grupo dijeron que comparten completamente dos objetivos: asegurar que Irán nunca adquiera armas nucleares y fomentar la paz y la estabilidad en la región.

Sin embargo, los analistas aquí creen que un par de frases cortas que expresan un acuerdo hueco sobre principios básicos sobre ciertos temas no pueden ocultar la profunda grieta entre Estados Unidos y Europa.

«Un texto tan breve implica que los miembros del G7 siguen profundamente divididos», dijo HuaXin, director ejecutivo del Centro de Estudios Europeos de la Universidad de Estudios Internacionales de Shanghai. «Podemos adivinar las disputas candentes que estos líderes tuvieron que tener para formular estas varias frases».

En su opinión, Estados Unidos y sus aliados europeos solo alcanzaron un compromiso de valor nominal sobre las reformas de la OMC porque sus posiciones en esta organización internacional difieren fundamentalmente.

«La administración Trump toma una posición oportunista con respecto a los organismos internacionales», dijo. «Con su política y el nacionalismo económico de ‘Estados Unidos primero’, solo hará uso de las reglas de la OMC cuando puedan usarse para defender sus propios intereses».

«Por lo tanto, Estados Unidos no está realmente interesado en la reforma de la OMC. Si no pueden reformar el organismo por su propia voluntad, prefieren deshacerse de él«, agregó.

Remi Bourgeot, economista del Instituto Francés de Asuntos Internacionales y Estratégicos (IRIS), compartió una opinión similar.

«Trump desconfía profundamente de la OMC y lo ve como un cadáver, ya que solo ha servido para proponer el tipo de proceso de liberalización comercial que rechaza por completo. Su objetivo al final es renegociar todas las principales relaciones comerciales con otros líderes políticos nacionales, pero no en el contexto de la OMC», dijo Bourgeot a Xinhua.

Sin embargo, Bourgeot descubrió que la atmósfera de esta cumbre ha mejorado claramente entre los líderes del G7, en comparación con las cumbres anteriores.

«La perspectiva de una recesión mundial, la escalada de las tensiones comerciales y las preocupaciones sobre sus consecuencias en los mercados financieros han alentado a los líderes a insistir en las negociaciones», explicó.

«Sin embargo, las tensiones y los desacuerdos permanecen fundamentalmente presentes», señaló. «El presidente francés, Emmanuel Macron, estaba preocupado porque la Administración Trump podría centrarse en las tensiones comerciales con Europa, como lo ejemplificó la disputa sobre el impuesto digital de Francia. Y Trump, después de imponer una nueva ronda de aranceles a China, quería insistir más en la perspectiva para negociaciones, que sin embargo seguirán siendo difíciles».

Sobre Irán, además de los dos objetivos básicos mencionados en la declaración, Trump dijo el lunes que está abierto a una reunión propuesta por Francia con su homólogo iraní Hassan Rouhani «si las circunstancias son las correctas», y agregó «Mientras tanto, han ser buenos jugadores».

Tras denunciar nuevamente el «trato muy malo» alcanzado en el 2015 con Teherán, Trump dijo que las demandas de Estados Unidos son simples: Irán no adquiere armas nucleares ni misiles balísticos.

El domingo, el ministro de Relaciones Exteriores iraní, Mohammad Javad Zarif, realizó una visita sorpresa a Biarritz y tuvo una conversación de tres horas con su homólogo francés Jean-Yves Le Drian, sin reunirse con ningún funcionario estadounidense.

«Europa se ha mantenido pasiva sobre el tema y renunció a pesar realmente sobre el tema de Irán desde la salida de Trump del tratado, y ahora (él) trata de mostrar más iniciativa», señaló Bourgeot.

«El enfoque de la administración de Estados Unidos sobre Irán no ha producido los resultados esperados, ya que no tuvieron en cuenta la estructura del poder político de Irán y la falta de voluntad del país para retroceder en su influencia regional», analizó Bourgeot, señalando que «dadas las líneas rojas tanto en Irán como en Estados Unidos, una verdadera negociación sigue siendo poco probable».

HuaXin tampoco ve ningún compromiso sobre el tema nuclear iraní desde el lado estadounidense. «A medida que la administración Trump se retire del acuerdo nuclear con Irán, definitivamente llevará a cabo la decisión presionando a Irán, aunque sus enfoques varían a medida que la situación cambia», dijo.

«Habiendo hecho grandes esfuerzos para forjar el acuerdo en el 2015, la Unión Europea ve el acuerdo nuclear de Irán como el símbolo de su poder blando, por lo que nunca abandonará públicamente el acuerdo y se enfrentará a una situación embarazosa», agregó. «Es bastante probable que surjan nuevos conflictos entre Irán y Estados Unidos en algún momento en el futuro».

El único resultado concreto que logró la cumbre del G7 podría ser Ucrania, ya que «Francia y Alemania organizarán una cumbre del formato de Normandía en las próximas semanas para lograr resultados tangibles», dijeron los líderes del grupo dividido en su declaración.

Análisis: Cumbre entre Macron y Putin días antes del G7 define la ruta del esperado G8 en Miami

Alfredo Jalife-Rahme

Lo más importante del G7 en Biarritz fue la celebración de la cumbre en Brégançon entre el presidente galo, Emmanuel Macron, y su homólogo, Vladímir Putin, con el fin de reincorporar a Rusia al G8 a demanda expresa de Trump. También la sorprendente entrevista del canciller iraní con el presidente Macron, al margen del G7, fue altamente significativa.

Existen cumbres históricas, como la del G7 ahora en Biarritz (Francia), que son mejor definidas por sus reuniones al margen y no en sus deliberaciones internas.

Después de varios años de patente disfuncionalidad del G7 —una agrupación caduca que no cuenta con actores geoestratégicos de primer nivel como Rusia y China, ni se diga la India—, ahora en 2019 marca un notable punto de inflexión con dos reuniones del anfitrión.

El presidente galo, Emmanuel Macron, de 41 años, tres días antes del G7 mantuvo una reunión con el presidente ruso, Vladímir Putin, y al margen de la cumbre heptapartita en el Palacio Municipal de Biarritz con el canciller iraní Mohammad Javad Zarif con el fin de distender la crítica situación en el golfo Pérsico.

Llama poderosamente la atención que las reuniones de Macron con Vladímir Putin y el canciller iraní Zarif hayan tenido mayor relevancia que la misma cumbre, donde, cual su costumbre, se expresaron buenas intenciones para atemperar los ánimos de la guerra comercial entre EEUU y China, así como para participar como apagafuegos del mega-incendio del Amazonas, que en lugar de ser resuelto desembocó en un enfrentamiento verbal entre el presidente brasileño Bolsonaro y su homólogo galo.

La cumbre entre Macron y Vladímir Putin tres días antes del G7 —bajo el pretexto de distender la situación en Ucrania— tuvieron como objetivo la reincorporación de Rusia al esquema del G8, a demanda expresa del presidente Trump, quien piensa lucirse en la próxima cumbre, quizá ya del G8, que se celebrará en Miami en vísperas de las elecciones en EEUU y donde Florida cuenta con 29 cruciales votos electorales que pueden ser definitorios para la hipotética reelección de Trump.

El reingreso de Rusia al formato del G8 no es menor y deja atrás las sanciones y las falsas acusaciones sobre el contencioso de Crimea.

La prensa de Occidente boicoteó la cumbre de Brégançon, que se encuentra a 800 kilómetros de Biarritz, la residencia francesa presidencial de verano.

De hecho, Brégançon estuvo en el corazón mismo del G7 en Biarritz que, gracias al apoyo de EEUU, no tendrá más alternativa que reincorporar a Rusia al formato del G8.

En una entrevista, el excanciller galo Hubert Védrine comentó, en vísperas de la trascendental cumbre de Brégançon, que "ya era tiempo de regresar a una política más realista con Rusia", ya que la exclusión de Moscú constituye "una estrategia absurda". ¡Tiene toda la razón!

Quizá el excanciller galo Védrine ignoraba, o no fue informado, sobre el objetivo de la cumbre en Brégançon: la reincorporación de Rusia al G8 a demanda expresa del presidente Trump.

El Secretario de Estado y exdirector de la CIA, Mike Pompeo, confirmó que EEUU estaba haciendo su máximo esfuerzo para el retorno de Rusia al G7, en el resucitado formato del G8.

Rusia busca la invitación formal de los miembros del G7 y no solamente del país anfitrión del año entrante, como afirmó el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, "sería imposible" que Rusia se reúna con el grupo heptapartita con la invitación de "solo un miembro" ya que "para Rusia, la membresía en el G7 o el regreso del G7 no constituye un objetivo en sí mismo".

Después del G7 en Biarritz y con el peso de la sombra de Brégançon en su cumbre con Vladímir Putin, el presidente galo Macron advirtió a los países occidentales de no cometer el "error estratégico" de alienar a Rusia: "estamos viviendo el fin de la hegemonía occidental", cuando el ascenso simultáneo de Pekín y Moscú son señales de "un giro en el escenario mundial".

Macron agregó que "el principal problema en el mundo no es más Rusia, sino EEUU", pese a que la relación de Paris y Moscú se había agriado desde 2014 con los contenciosos de Ucrania/Crimea/Siria.

Macron exhortó a "repensar" las relaciones con Moscú ya que de otra forma Europa estaría atrapada como "teatro de una batalla estratégica entre EEUU y Rusia". Juzgó que era un grave error empujar a Moscú a los brazos de Pekín: "estamos empujando a Rusia a su aislamiento, lo que incrementa las tensiones o de aliarse con otras superpotencias como China", lo cual no es del interés de Europa, ya no se diga de Francia.

¿Opera solo Macron en nombre de Francia o lo hace como el nuevo líder de la Unión Europea a punto de desmembrarse con la salida de uno de sus miembros, Reino Unido, debido al Brexit, cuando Alemania pasa por una ominosa decadencia política?

Macron posiciona a Francia como un "poder de equilibrio" entre Rusia y sus rivales, entre EEUU e Irán y entre países ricos y pobres.

Según el portal The Globalist, existió un quid pro quo entre los presidentes Macron y Trump: el primero aceptó el reingreso de Rusia al G8 a cambio de la distensión en el golfo Pérsico mediante el arribo espectacular del canciller iraní Zarif al palacio municipal de Biarritz, mientras se celebraba la cumbre del G7.

El arribo del canciller iraní Zarif fue espectacular. Es lo que llaman los franceses un coup de théâtre.

También pareció un encuentro armado con la tácita aprobación de Trump quien no respiro en absoluto y dejó el libre albedrío del anfitrión quien jugó a las mil maravillas sus dotes diplomáticas.

La labor de Macron habrá sido de lubricación diplomática.

Los cuatro miembros del Consejo de Seguridad de la ONU, a los que se les suma Alemania, firmantes del acuerdo del contencioso nuclear iraní lo desean mantener. El acuerdo fue rescindido por Trump con el pretexto de que fue catalizado por su antecesor, Barack Obama.

En realidad, el presidente Trump busca un acuerdo que complazca a su gran aliado, el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, quien anhela incorporar el tema de los misiles iraníes.

El mismo presidente Macron comentó que EEUU estaba abierto a reunirse con los negociadores de Irán, lo cual le daría a Trump un gran realce para su tambaleante política exterior cuando su aliado, Netanyahu, padece los estragos de un incierto resultado electoral en las próximas elecciones a inicios de septiembre.

Los avezados negociadores iraníes, que han mostrado una enorme resiliencia, han evocado el levantamiento de las asfixiantes sanciones de EEUU como requisito para sentarse a negociar.

Los resultados del G7 en Biarritz no se dieron en su seno, sino en su tangente cronológica tres días antes con la trascendental cumbre de Macron y Vladímir Putin, y con la distensión con Irán en el golfo Pérsico.

Quizá haya sido la última cumbre del G7 que el año entrante se puede reconvertir en un G8 con la ineludible presencia de Rusia en el resucitado G8. En espera, más adelante, de un G9 con China.

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