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Manuel Miranda

El colapso de Haití, el desplazamiento de sus habitantes al lado dominicano, podría desembocar en la balcanización del Caribe, perjudicando a toda América.

La isla de Santo Domingo o Hispaniola, después de Cuba, es la isla más grande del caribe, y la más poblada, compartida por 2 países de cultura, religión e idioma diferentes, que han luchado contra todos y entre ellos, por la posesión de la misma. Situación semejante, a la ocurrida en la ex Yugoslavia.

Haití, es la primera República negra del mundo, luego de derrotar a las tropas de Napoleón Bonaparte. Orgullosos de su raza y origen. Los dominicanos aman y defienden su tierra frente a todas las amenazas extranjeras. En la Hispaniola fue la primera rebelión de nativos encabezada por el Cacique Enriquillo (1519) y la primera rebelión de esclavos afrodescendientes encabezada por Sebastián Lemba (1532).

Enfrentaron con éxito expedición inglesa (1655) y derrotar a los franceses (1808) para retornar al Imperio Español, luego de haber sido cedidos por estos últimos.

Deciden independizarse desalojando a los españoles (1822), nuevamente echan a los españoles de su territorio (1865) y evitan la anexión a Estados Unidos (1871). Años después, se convierten en el único país del mundo que enfrenta 3 intervenciones de Estados Unidos: 1904, 1916-1924 y 1965.

Con Haití, ha sido siempre una constante desde el momento en que siendo colonia francesa, estos incursionaron en su territorio con el genocidio de Neiba de 1797 y “degüello de Moca” de 1805. Y derrotando sus pretensiones expansionistas en varias cruentas batallas desde 1844 al 1855.

En 1994 el temor hacia Haití, resurge con la candidatura de José Francisco Peña Gómez, dominicano hijo de haitianos, la cual fue enfrentada por personalidades como Consuelo Despradel,  Leopoldo Espaillat Nanita y Fuerza Nacional Progresista (FNP) encabezada por Marino Vinicio Castillo (Vincho). Entidad que desde entonces ha enarbolado “el nacionalismo” como su bandera y signo distintivo. Con la muerte de Peña Gómez en 1998, estos recelos quedaron momentáneamente olvidados.

Con el ascenso de Danilo Medina a la Presidencia (2012), los dominicanos “descubren” que han sido invadidos por sus vecinos haitianos, de forma escalonada y gradual, desde el momento en que Leonel Fernández (1996) e Hipólito Mejía (2000) fueron permisivos hacia estos, en cumplimiento a compromisos adquiridos con los “sectores progresistas” internacionales de unificar la isla en “Estado binacional”.

La desbordada inmigración de haitianos es promovida insistentemente por agentes pagados desde el extranjero, promoviendo demandas favorables ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CoIDH).  Mientras el nacionalismo es atizado por Leonel Fernández, tratando con ello potabilizarse y regresar al Poder.

Su momento más álgido fue durante la emisión de las sentencias 168/13 y 256/14 del Tribunal Constitucional, que se rechaza la concesión de nacionalidad a los haitianos nacidos en su territorio y se desliga de la Corte Interamericana de Derechos Humanos CoIDH respectivamente. Así como la promulgación de leyes favorables a los inmigrantes, en especial la 169-14.

De estos hechos surgen grupos nacionalistas: “Los hijos de Duarte” y “Sindicato Dominicano” con incidencia en las redes sociales, quienes encabezaron pequeñas pero ruidosas protestas. Los primeros protagonizando la sonada intervención del  16 de octubre del 2014 en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) donde se pretendía insólito homenaje a Jean Jacques Dessalines. En este hecho, también irrumpió Luis Acosta Moreta (El Gallo) aliado del partido gobernante.

Con el tiempo este movimiento perdió incidencia, dados sus presuntos vínculos con Vincho Castillo (aliado incondicional de Leonel Fernández) y erigirse en Partido Nacionalista Dominicano (PND).

Mientras que los segundos, promovían “plebiscito”, para el que redactaron proyecto de Ley, pero con la desdicha de hacerlo vía el Senador Félix Bautista, involucrado en hechos de corrupción y sancionado por Estados Unidos, perdiendo influencia automáticamente.

Para llenar este vacío, surgen los movimientos: “No tenemos miedo” encabezado por el comunicador Manny Solano y el General en reserva Juan Tomás Taveras Rodríguez, con gran despliegue en las redes sociales y medios de comunicación.

“Mesa de Coordinación Nacionalista”, anteriormente Movimiento Cívico Acción Patriótica Nacionalista, liderada por el abogado Robert Cabral y el empresario Dámaso Adames. Con gran activismos en las redes sociales, medios de comunicación y ruidosas manifestaciones en la emblemática Puerta del Conde de Santo Domingo.

“Antigua Orden Dominicana” con  tímida presencia en las redes sociales con mensajes de contenido patrio y que ruge como fuerza organizada, con características paramilitares.  La aparición pública de este movimiento ha sido escándalo en todos los medios de comunicación nacionales e internacionales, con pronunciamientos desde sectores políticos y “progresistas” para que sean perseguidos y encarcelados.

Este y todos los demás movimientos nacionalistas, cuentan con “filiales” en las comunidades dominicanas en el extranjero, en especial Estados Unidos.

LO QUE PODRIA PASAR…

Históricamente el pueblo dominicano, ha sorprendido al mundo. Se trata de personas amables, alegres y hospitalarias. El turismo es su principal fuente de divisas, porque siempre acogen amablemente a todo el que llega, no importa si en el pasado fueron “enemigos”. Son los creadores de ritmos musicales como merengue, son y bachata.

Pero cuando se trata de preservar su pequeño país, han dado paso al frente, enfrentando grandes potencias imperiales de forma decidida y gallarda. De ahí los calificativos del “David del Caribe”, Espartanos de las Américas.

Los haitianos no se quedan atrás: Al conquistar su independencia, históricamente han tenido vocación imperialista sobre todo la isla Hispaniola

El avance de la inmigración haitiana y de concesiones mineras, los desplazan de su territorio, subvierten su cultura. Haití y Republica Dominicana, son culturas, religión e idiomas diferentes. Estos movimientos nacionalistas podrían ser la punta del iceberg, que desate crisis semejantes a las de Ruanda y Yugoslavia, a tan solo pocas millas de territorio de Estados Unidos, un grave problema de seguridad nacional que no pueden ignorar.

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