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Pepe Escobar

Pekín está modificando las reglas del orden occidental para reflejar su poder geopolítico y económico revitalizado, pero algunos estadounidenses ven esto como una amenaza a su forma de vida.

Incorporados a la ya dominante narrativa estadounidense de la "agresión china", los sinófobos afirman que China no sólo es una amenaza para el estilo de vida estadounidense, sino también una amenaza existencial para la república estadounidense.

Vale la pena señalar, por supuesto, que el estilo de vida estadounidense ha dejado de ser un modelo a imitar en todo el Sur Global, y que EE.UU. se comporta cada vez más como una oligarquía.

Subyacente a todo esto hay una enorme división, en perspectiva y creencias culturales, entre las dos grandes potencias, tal como algunos líderes y escritores han intentado explicar.

El discurso del Presidente Xi Jinping de la semana pasada deja claro que Pekín está empeñado en modificar las reglas del actual sistema de Westfalia para que reflejen verdaderamente su reconquistado poder geopolítico y económico.

Sin embargo, no se trata de "derrocar" el sistema establecido por el Tratado de Westfalia en 1648. En la medida en que los bloques comerciales gobiernan el nuevo juego geoeconómico, los estados-nación están obligados a seguir siendo la columna vertebral del sistema internacional.

Una de las políticas exteriores clave de Pekín es no interferir en los asuntos internos de otras naciones. Paralelamente, los antecedentes históricos desde el final de la Segunda Guerra Mundial muestran que Estados Unidos nunca se ha abstenido de interferir en los asuntos internos de otras naciones.

El objetivo real de Pekín es el que mencionó el profesor Xiang Lanxin, director del Centro de Estudios de Un Cinturón y Una Ruta del Instituto Nacional Chino para el Intercambio Internacional y la Cooperación Judicial de la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS), en una intervención crucial durante el Diálogo de Shangri-la de junio de 2016 en Singapur.

Lanxin definió las Nuevas Rutas de la Seda, o Iniciativa del Cinturón y la Ruta (BRI, por sus siglas en inglés) como una avenida hacia un "mundo post-Westfaliano", en el sentido de una verdadera integración geoeconómica de Eurasia en el siglo XXI llevada a cabo por las naciones asiáticas. Esa es la razón clave por la que Washington, que estableció las reglas internacionales actuales en 1945, teme la BRI y ahora la demoniza 24 horas al día, 7 días a la semana.

Comprendiendo el Tianxia

La idea de que la China imperial, a lo largo de los siglos, obtuvo un Mandato del Cielo sobre Tianxia, o "Todo bajo el Cielo", y que Tianxia es un "sistema dictatorial" es absolutamente absurda. Una vez más, esto refleja la profunda ignorancia de los sinófobos profesionales sobre los aspectos más profundos de la cultura china clásica.

No les vendría mal aprender sobre Tianxia de alguien como Zhao Tingyang, investigador de la Academia China de Ciencias Sociales y autor de un libro esencial publicado por primera vez por China CITIC Press en 2016, y luego traducido al francés el año pasado bajo el título Tianxia: Tous sous un meme ciel.

Tingyang nos enseña que el sistema de Tianxia de la dinastía Zhou (1046-256 a.C.) es esencialmente una teoría, un concepto nacido en la Antigua China pero no específico de China, que va mucho más allá del país para abordar problemas universales en un "proceso de formación dinámica que se refiere a la globalización".

Esto nos introduce a un fascinante puente conceptual que vincula a la antigua China con la globalización del siglo XXI, argumentando que los conceptos políticos definidos por los estados-nación, los imperialismos y las rivalidades por la hegemonía están perdiendo significado al enfrentarse a la globalización. El futuro está simbolizado por el nuevo poder de las redes globales completamente inclusivas, lo cual está en el centro del concepto de la BRI.

Tingyang muestra que el concepto de Tianxia se refiere a un sistema mundial donde el verdadero sujeto político es el mundo. Bajo la visión imperialista occidental, el mundo fue siempre un objeto de conquista, dominación y explotación, y nunca un sujeto político per se.

Por lo tanto, necesitamos una visión unificadora más amplia y completa que la del Estado-nación; en el marco de Lao Tzu: "Ver el mundo desde el punto de vista del mundo".

Usted no es mi enemigo

Sumergiéndose en las raíces más profundas de la cultura china, Tingyang muestra que la idea de que no hay nada más allá de Tianxia es, de hecho, un principio metafísico, porque Tian (el cielo) existe globalmente. Así que, Tianxia (todo bajo el cielo), como dijo Confucio, debe ser lo mismo, para estar de acuerdo con el cielo.

Así, el sistema de Tianxia es inclusivo y no exclusivo; suprime la idea de enemigo y extranjero; ningún país o cultura sería designado como enemigo, ni sería incapaz de incorporarse al sistema.

La deconstrucción más aguda de Tingyang del sistema occidental es cuando muestra cómo la teoría del progreso, tal como la conocemos, se aferra a la lógica narrativa del cristianismo; entonces "eso se convierte en una superstición moderna. La mezcla no es ni científica ni teológica, es una superstición ideológica".

Desde el punto de vista de las tradiciones intelectuales y culturales chinas, Tingyang muestra que desde que el cristianismo venció a la civilización griega pagana, Occidente se ha visto impulsado por una lógica de combate. El mundo aparece como una entidad belicosa, con grupos o tribus que se oponen entre sí. La "misión (occidental) de conquistar el mundo destruyó la integridad a priori del concepto de "mundo". El mundo perdió su carácter sagrado para convertirse en un campo de batalla dedicado a la realización universal del cristianismo. El mundo se convirtió en un objeto".

Comentario: Esto se ve en el hecho de que EE.UU. ha estado en guerra durante 222 de los 239 años desde su nacimiento. Gran Bretaña, el principal progenitor de Estados Unidos, ha luchado en guerras (todas ellas ofensivas) de forma continua desde 1914. Y eso fue solamente mientras era el socio junior de EE.UU. Luchó muchas más guerras en el siglo precedente para construir la estructura del imperio actual.

China, en su ascenso moderno a la posición número 1 (pero como "el primero entre iguales") se ha involucrado en... ninguna guerra.

Así, llegamos a un punto en el que un sistema hegemónico de conocimiento, a través de su modo de difusión y monopolio de las reglas del lenguaje, propaga una "narrativa monoteísta acerca de todo, de las sociedades, de la historia, de la vida, de los valores".

Este sistema "interrumpió el conocimiento y el hilo histórico de otras culturas". Disolvió otros mundos espirituales y los convirtió en escombros sin sentido, para que perdieran su integridad y sacralidad. Degradó "la historicidad de todas las demás historias en nombre de la fe en el progresismo (una versión secular del monoteísmo)". Y dividió al mundo en centro y periferia; un mundo "evolucionado" que tiene una historia contrapuesta a un mundo estancado y privado de historia.

Esto apenas difiere de otras grandes líneas de crítica al colonialismo occidental que se encuentran en todo el Sur Global.

Yin y yang

Tingyang finalmente regresa a una fórmula de Lao Tzu. "Según el Camino del Cielo, el exceso disminuye y las insuficiencias se compensan". Y eso se relaciona con el Yin y el Yang, como se menciona en el Libro de las Mutaciones de Zhou; "El Yin y el Yang es una metáfora funcional del equilibrio, lo que significa que la vitalidad de toda existencia reside en el equilibrio dinámico".

Lo que irrita a los sinófobos es que Tianxia, tal como lo explicó Tingyang y lo adoptó la dirigencia actual de Pekín, busca un verdadero "equilibrio dinámico" en las relaciones internacionales, lo que supone un serio desafío para el liderazgo norteamericano, tanto en el poder duro como en el poder blando.

Es en este contexto en el que se debe interpretar el crucial y amplio comentario del Ministro de Asuntos Exteriores Wang Yi sobre la estrategia diplomática de Xi Jinping. Wang subrayó que Xi "ha innovado y trascendido las teorías occidentales tradicionales de las relaciones internacionales durante los últimos 300 años".

El desafío chino no tiene precedentes, y no es de extrañar que Washington, junto con otras élites occidentales, esté aturdido. En definitiva, se trata de posicionar el Tianxia como un promotor superior del "equilibrio dinámico" en las relaciones internacionales en comparación con el sistema westfaliano.

Como resultado, es posible que inmensas repercusiones políticas y culturales sean malinterpretadas, y China necesita seriamente algo de poder blando para transmitir su mensaje.

Sin embargo, en lugar de producir diatribas reduccionistas, este proceso debería impulsar un serio debate mundial en los años venideros.

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