Gonzalo López Sánchez

La nueva carrera espacial por la Luna no se parecerá a la que ocurrió en los años sesenta y setenta. En esta ocasión, en vez de «un gran paso para la humanidad», habrá turistas, robots, varias naciones y multitud de compañías privadas. En lugar de ir a la Luna para plantar una bandera, ahora el objetivo fundamental es obtener recursos, como agua, y quizás hasta instalar bases permanentes en el satélite. De hecho, se puede decir que la Luna está llamada a ser la primera etapa de una exploración del sistema solar mucho más ambiciosa.

El primer paso de esta etapa es el viaje de dos astronautas, un hombre y una mujer, a la superficie de la luna en el año 2024, si lo permiten las limitaciones del presupuesto y la pandemia del coronavirus. Teóricamente, en esta fecha tendrá lugar la primera misión del programa Artemis (en honor a la hermana de Apolo, que bautizó las famosas misiones de la NASA), aunque los detalles están todavía lejos de definirse. Con todo, la semana pasada la NASA anunció que ha seleccionado a tres empresas para diseñar y desarrollar un elemento fundamental para ir a la Luna: el aterrizador tripulado o HLS, (de «Human Landing System», en inglés), con el que los astronautas descenderán hasta el satélite.

¡«Grandes noticias!», escribió en Twitter Jim Bridestine, Administrador General de la NASA. «Estoy feliz de anunciar que hemos seleccionado a tres compañías estadounidenses para desarrollar aterrizadores humanos con los que los astronautas se posarán en la Luna».

Las tres empresas seleccionadas son Blue Origin, Dynetics (de la compañía Leidos) y SpaceX, y han sido escogidas bajo el programa NextSTEP, («Next Space Technologies for Exploration Partnerships»), por el que la NASA se convierte en cliente de empresas para que diseñen, desarrollen o fabriquen componentes del programa Artemis. En total, los tres contratos destinan 967 millones de dólares por un periodo de 10 meses.

La próxima generación de naves

«Estamos en camino», dijo en un comunicado Douglas Loverro, administrador asociado de la NASA para el Directorado de Operaciones y Exploraciones Humanas, en Washington. «Tenemos mucho trabajo por delante, especialmente en los próximos 10 meses. Pero tengo mucha confianza en que al trabajar con estos compañeros, tendremos éxito».

Las tres empresas tienen hasta febrero de 2021 para refinar sus conceptos de aterrizadores. La NASA tendrá que evaluar cuál de éstas hará misiones de demostración, siempre tratando de compaginarlas con intereses comerciales para sostener el programa. Además, la NASA asignará personal experto a cada una de estas empresas, para colaborar en el desarrollo de los aterrizadores.

Además de hacer hincapié en la sostenibilidad económica, el programa Artemis se basa en la reutilización de los cohetes y los aterrizadores, poniendo a punto sistemas de repostaje en el espacio. También se ve como necesario poder llevar a cabo aterrizajes de precisión, implementar nuevos sistemas de soporte vital y de seguridad, y crear nuevos hábitats y rovers. Aparte de los aterrizadores tripulados (HLS), el programa también se basa en el cohete superpesado SLS (de «Space Launch System»), la cápsula tripulada Orion y la estación espacial Gateway, que se comenzará a construir después de la primera misión humana a la superficie lunar.

Blue Origin

Blue Origin es el principal contratista del National Team, una alianza con las compañías Lockheed Martin, Northrop Grumman y Draper para desarrollar un aterrizador lunar. Éste recibe el nombre de Vehículo Aterrizador Integrado (ILV) y es una plataforma compuesta por tres etapas (tres fases en las que se usarán distintos motores y bloques de combustible), y que se lanzará en un cohete New Glenn o en un Vulcan, de United Launch Alliance (ULA).

Representación del ILV, un vehículo diseñado por Blue Origin para posar astronautas en la Luna - Blue Origin

El ILV emplea motores criogénicos, una cabina tripulada con muchas similitudes a la nave Orion y tendrá capacidad de repostar en el espacio. Será capaz de anclarse a una Orion o bien a la estación espacial Gateway y podrá ser lanzado de una vez, a bordo de un cohete SLS, o en varios lanzamientos, a bordo de cohetes comerciales.

Dynetics

Esta empresa, con experiencia en contratos militares, está desarrollando su aterrizador junto a 25 contratistas más. Todas ellos están desarrollando el Sistema de Aterrizaje Humano de Dynetics (DHLS), una estructura única con capacidad de ascender y descender y que se lanzaría desde un cohete Vulcan.

Representación del candidato a aterrizador de Dynetics - Dynetics 

El sistema emplea varios módulos propulsores capaces de alimentar los motores en distintos puntos de la misión y sitúa la cabina de la tripulación cerca de la superficie lunar, facilitando su acceso. El DHLS está diseñado para ensamblarse a la cápsula Orion y a la estación Gateway y puede ser lanzado en cualquier cohete comercial.

SpaceX

La empresa de Elon Musk está desarrollando el Starship, un gran aterrizador completamente reutilizable diseñado para viajar a la Luna, a Marte o más allá. En su favor, el Starship cuenta con las garantías de usar motores Raptor, usados en múltiples misiones de SpaceX, y una cabina espaciosa con dos esclusas para paseos en la superficie lunar. Está diseñado para transferir tripulaciones entre la Gateway y la Orion.

Representación del Starship posado en la Luna - SpaceX

La idea es que se desplegarían varios Starships. Uno serviría como reserva de combustible, en la órbita baja dela Tierra, y sería reabastecido por otras naves. Una Starship tripulada se ensamblaría con «esta gasolinera» y emprendería su viaje a la órbita lunar. Estas grandes naves se lanzarían a bodo de un cohete Super Heavy, de SpaceX, actualmente el lanzador más potente en servicio y parcialmente reutilizable.

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