En 2018, el submarino más avanzado de la Armada Rusa, el Severodvinsk, se deslizó en el Atlántico. Durante semanas, la Marina de Estados Unidos no pudo encontrarlo, señala Caleb Larson, columnista del diario estadounidense The National Interest, y explica las causas del fracaso de EEUU.

Uno de los principales oficiales de submarinos de la Armada de Estados Unidos quedó tan impresionado con el Severodvinsk que mandó a hacer un modelo para su oficina para que le recordara a qué se enfrenta la Marina estadounidense, asegura el autor.

"Nos enfrentaremos a duros oponentes potenciales. Solo hay que ver el Severodvinsk, la versión rusa de un submarino de misiles guiados nucleares (SSGN). Estoy tan impresionado con esta nave que hice que Carderock construyera un modelo a partir de datos no clasificados", cita el periodista al contralmirante estadounidense Dave Johnson.

Según Larson, "el Severodvinsk es increíblemente avanzado" y aprovecha algunas tecnologías de la Unión Soviética de la década de 1980. "Tiene un gran conjunto de sonares esféricos en la proa que se cree que son muy sensibles", agrega.

El casco del Severodvinsk está hecho de acero no magnético o de bajo magnetismo, lo que reduce significativamente o elimina la firma magnética del submarino, observa el columnista.

El sumergible de la clase Yasen es capaz de llevar torpedos, misiles antibuque Onix y Kalibr, así como los hipersónicos Tsirkon.

Larson señala que el Severodvinsk es "silencioso como un ratón".

En una entrevista con 60 Minutes, un almirante de la Marina de Estados Unidos dijo que Rusia tiene una "fuerza de submarinos muy capaz".

Hablando específicamente del Severodvinsk, el almirante comentó que es "una nueva clase de submarino, y es muy capaz, y es muy silencioso, lo más importante en la guerra submarina, creo".

Aunque no quiso comentar las noticias de que la Marina de EEUU había perdido el Severodvinsk, los funcionarios del Pentágono dijeron que este submarino ruso se había adentrado en el océano Atlántico en 2018 y había logrado evadir la detección durante semanas, observa Larson.

"En tiempos de paz, perder un submarino ruso es un dolor de cabeza. Durante un conflicto, perder la pista de un submarino es mortal", concluye el columnista.

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