La constatación de que tras las elecciones autonómicas celebradas en Cataluña no se frenaban las provocaciones de los independentistas encabezados por Artur Mas y una política de recortes en Defensa que lleva a las Fuerzas Armadas a un nivel mínimo de operatividad, son las causas de la bochornosa destitución del general Pontijas. Morenés no ha encontrado otra solución para detener el creciente malestar entre los militares y que se generen réplicas incontroladas, que “cobrarse” una víctima propiciatoria en el director de la revista Ejército.

Pontijas ocupaba un puesto orgánico y estaba sujeto, por tanto, al Código disciplinario militar, circunstancia que ha aprovechado el ministro y sus secuaces para proceder a su destitución. Su “pecado” recuerda al que cometieron algunos altos mandos del Ejército durante la Transición, cuando se atrevían a hablar generando no pocas tensiones. En esta ocasión, el “desliz” se perpetró en el editorial de Ejército, en la que se alertaba del riesgo de que la deriva soberanista en Cataluña podía romper “la unidad nacional”. Algo de lo que todo el mundo parece darse cuenta excepto los políticos que ocupan el Ministerio de Defensa.

Las mismas fuentes gubernamentales confirman que con este cese, Defensa ha querido evitar que se abra una especie de barra libre entre los altos mandos del Ejército a la hora de opinar sobre asuntos tan sensibles como los que afectan ahora a Cataluña. En otras palabras, que los militares se tienen que estar calladitos. Aquí pueden hablar jueces y menesterosos, cómplices de criminales y politicuchos sospechosos de meter la mano en la caja de todos los españoles, senadores que no se ganan el aire que respiran y empresarios con un pie en la cárcel,… pero los militares no pueden hablar.

Estos hechos evidencian un miedo atávico de la clase política a la opinión de los uniformados, sin duda el estamento del Estado que más sacrificios ha realizado en los últimos 30 años y la institución más valorada por los españoles en las encuestas de CIS.

Entre los actuales responsables de Defensa se respiraba hasta hace poco tranquilidad porque no se había detectado especial desasosiego en ninguno de los tres Ejércitos sobre la situación en Cataluña. Pero como ya habíamos informado desde este medio semanas atrás, el malestar dentro de las Fuerzas Armadas es cada vez mayor provocando auténtica alarma en los responsables gubernamentales.

Hasta ahora, lo único que se le ha ocurrido al Gobierno de Rajoy para calmar ese malestar es destituir a un general y secuestrar la revista Ejército del mes de noviembre. Si con medidas represivas piensa Morenés acabar con el malestar militar ante los desafíos de los actuales responsables de la Generalitat hacia la independencia y por los fuertes recortes presupuestarios, creemos que su labor en el Ministerio está fracasada. Con esa política, puede estar seguro el ministro que el fuego de la indignación va a seguir propagándose.

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