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La recepción ofrecida por Sus Majestades los Reyes de España al Cuerpo Diplomático el pasado 23 de enero en el Palacio de Oriente, acto en el que estuvieron acompañados por Sus Altezas los Príncipes de Asturias, dio verdaderamente para más de lo deseado.

Para empezar, los asistentes pudieron contemplar el “tinglado” montado con una enorme rampa para evitar que el rey Juan Carlos tuviera que acceder al acto por las escaleras habituales debido a las limitaciones de su movilidad personal. A continuación, y después de que los miembros de la Casa Real marcaran “territorio y distancias”, saludando en la Saleta Gasparini sólo a un selecto grupo de autoridades (práctica “discriminatoria” que algunos de los demás asistentes consideraron poco adecuada), tuvieron que soportar un desairado acto protocolario en el emblemático Salón del Trono que les obligaba a permanecer en pie, mientras no solo el Rey permanecía sentado, cosa admisible, e incluso en el caso de Doña Sofía, sino también el Príncipe Felipe y Doña Leticia.

Esta misma práctica un tanto “decimonónica”, con la que acaso se quiera remarcar la “continuidad dinástica” de forma cuando menos innecesaria, ya causó también un notable malestar en el estamento castrense el pasado 6 de enero, durante la celebración de la Pascua Militar en el mismo Salón del Trono. Con el agravante de que el Príncipe de Asturias luciera entonces uniforme militar de teniente coronel del Ejército de Tierra, en presencia precisamente de sus mandos superiores y de la cúpula de las Fuerzas Armadas (Gobierno y autoridades civiles aparte), razón sobrada para que tanto él como Doña Leticia hubieran declinado sentarse…

Suprimido el habitual “besamanos”, los embajadores presentes pudieron comprobar cómo, en su discurso, el Jefe del Estado hacía “el caldo gordo” al Gobierno de Mariano Rajoy, respaldando algunas actuaciones de estricta y controvertida naturaleza política; por ejemplo la participación española en la guerra de Mali recién iniciada, que algunos países representados en el acto podían considerar como “desafortunada”. De hecho, siendo Su Majestad un rey que “reina pero no gobierna”, no se recuerdan muchos precedentes similares y tan directamente relacionados con intervenciones bélicas, hasta el punto de que en el mismo discurso pasó “de puntillas” sobre la cuestión palestino-israelí y la guerra civil de Siria.

Tras el discurso regio, precedido de un “saludo” del nuncio apostólico, monseñor Renzo Fratini, que actuó como decano del cuerpo diplomático acreditado en España, el acto concluyó con la recepción tradicional en la Sala de Columnas. Allí se recogieron algunos comentarios discretos pero poco habituales en ese tipo de acontecimientos institucionales.

Unos fueron sobre el comentado apoyo del Rey a la política gubernamental, tanto en el ámbito económico como en el de la intervención militar en Mali, y otros, más interesados para algunas legaciones diplomáticas, sobre el retraso de la Casa Real en recibir las Cartas Credenciales de embajadores a los que ya se les había otorgado el placet correspondiente hace tiempo. Es decir, comentarios tanto de fondo político como del mal funcionamiento ordinario de la Casa Real (el próximo 29 de enero se recibirán las Cartas Credenciales “atrasadas” de los nuevos embajadores de Cabo Verde, Jordania, Serbia y Ucrania y Uruguay, ciertamente molestos por no haber cumplido ese trámite antes del acto que comentamos).

Sin embargo, lo más llamativo de la recepción fue la atención prestada por los asistentes al “caso Urdangarin”, que justo ese mismo 23 de enero y en los días inmediatamente anteriores tuvo un gran reimpulso mediático por las nuevas revelaciones de Diego Torres, socio del duque de Palma en el Instituto Nóos, tratando de implicar en el escándalo de corrupción que les envuelve a la infanta Cristina, a su secretario personal y “mano derecha” Carlos García Revenga y a la amiga íntima del Rey, Corinna zu Sayn-Wittgenstein (su nombre de soltera es Corinna Larsen y utiliza el apellido de su segundo ex marido, el príncipe Casimir zu Sayn-Wittgenstein Berleburg).

Los “distendidos” comentarios realizados al respecto, por supuesto en varios idiomas distintos, fueron de auténtica opera buffa, además de bochornosos. Inmediatamente después de esta recepción, que de alguna forma debió servir para medir la “temperatura” alcanzada por el escándalo de marras, la Casa Real decidió retirar de su web cualquier rastro de Iñaki Urdangarin, incluida la reseña que había del duque de Palma en la pestaña que recoge las biografías de los miembros de la Familia Real, tratando de salvaguardar así su imagen pública (La institución de la Corona y de la Casa del Rey están al margen de la familia”, se dice en el mensaje oficial expedido al respecto).

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