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Los exégetas de la política, e incluso muchos moralistas, han venido admitiendo desde el clasicismo griego que al príncipe o al estadista se le tenga permitido callar u ocultar la verdad de forma interesada; quizás entendiendo que, a veces, el ejercicio de tal privilegio sirve o es necesario para el buen gobierno. Pero, asumida esta servidumbre de lo social ante lo político, también se ha entendido que la mentira acreditada es ciertamente malsana para el individuo y para la sociedad.

Hoy, las diferencias entre la verdad y la mentira (cualquier tipo de mentira incluida la de silenciar la verdad más cierta), se ven de forma distinta. La sociedad del conocimiento y de los mass media tiene una dimensión antes insospechada, con líderes de opinión capaces de percibir la realidad y afinar sus análisis políticos de forma inmediata, lo que en última instancia impide que la mentira pueda perdurar en el tiempo. Por ello, quienes más mienten son siempre los más tontos, como yasostenía el político liberal Lord Chesterfield en el siglo XVIII…

¿POR QUÉ RAJOY LLAMA “AYUDA” AL “RESCATE FINANCIERO”?

El presidente Rodríguez Zapatero negó a ultranza la evidencia de la “crisis” económico-financiera: un absurdo político por el que terminó electoralmente despellejado. Pero, con ese referente todavía vivo en la memoria social, el presidente Rajoy, que tanto ha criticado, critica y criticará aquel desastroso comportamiento, niega ahora la evidencia del “rescate”, en una práctica de abstracción perfectamente equiparable a la exhibida por quien le precedió al frente del Gobierno. Aunque estandometidos de hoz y coz en el abismo del infierno financiero, como estamos metidos, esta resistencia frente a la realidad pueda reputarse todavía como más inconsecuente, por no decir tragicómica.

Para el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Central Europeo (BCE) y la Comisión Europea (CE), y no digamos para los observadores internacionales imparciales, el sector financiero español ha sido rescatado; un rescate escrito con todas sus letras y, como no puede ser menos, con las condiciones y garantías necesarias, que no serán precisamente peccata minuta. Para el Gobierno y su adiestrada cuadra de portavoces, el citado rescate es una “ayuda” crediticia fabulosa, concertada en condiciones privilegiadas gracias a la genial iniciativa de Mariano Rajoy, que ha impuesto sus criterios ante las duras autoridades europeas…

Pero ahí no queda la cosa. Según esa misma versión gubernamental, Rajoy es quien ha ideado y argumentado la solución de tan feliz “no-rescate”, presionando urbi et orbi para que su tesis fuera finalmente aceptada por tirios y troyanos. Con semejante proeza, España se embolsaría nada menos que 100.000 millones de euros en condiciones de inimaginable favor y, de paso, evitando que fuera intervenida. Pues que bien…

En un artículo de Miguel Ángel Aguilar titulado “Rajoy se gana el veraneo” (“El País” 12/06/2012), leíamos: “… Por ese sistema de atribuirse hazañas indemostrables regresamos al esquema de Minority Report (2002) --la película dirigida por Steven Spielberg y protagonizada por Tom Cruise--, donde los llamados precogs ven imágenes del futuro con desastres aún no sucedidos, los cuales, procesados en el departamento precrime (de la Oficina Económica de Presidencia), pueden dejar de ocurrir de modo que quedemos a salvo, como acaba de suceder el pasado sábado”.

No creemos que el caso se pueda explicar mejor. La desbordante estupidez argumental con la que el Gobierno niega la evidencia más evidente (porque todos sentimos y sentiremos los recortes derivados de la crisis diariamente en nuestros bolsillos), pretendiendo no sabemos qué, ni para qué, nos supera y renunciamos a racionalizar lo sucedido.

Aceptemos, pues, que la semana pasada Rajoy se ganó el veraneo, se fumase un puro y, sin más, se acercase a la ciudad polaca de Gdansk para presenciar el España-Italia de la Eurocopa: sin el ánimo que el “Súper-Súper” prestó a los chicos de Del Bosque, seguro que la escuadra azzurra nos habría metido una “manita”…

LOS MERCADOS TAMBIÉN SE FUMAN UN PURO

Por necia, parece que la cuestión no tiene mayor recorrido. Pero no es así. Tras la desenfadada grandilocuencia con la que Rajoy afrontó el “no-rescate”, es decir la “ayudita” europea de 100.000 millones de euros, cuyos intereses engrosarán directamente el déficit público, los mercados se fumaron un puro todavía más grande que los de Rajoy y, justo a partir del lunes inmediato, no dudaron en elevar la prima de riesgo de la deuda soberana y la rentabilidad del bono español a sus máximos históricos, rozando en ambos casos el punto de no-retorno para la intervención definitiva.

Y eso mientras la agencia de calificación Fitch Ratings rebajaba la solvencia de 18 entidades financieras españolas. A continuación, Moody’s situaba la deuda pública española muy cerca del “bono basura”, honroso título que, según algunos analistas asépticos, se podría alcanzar sin mayor esfuerzo de un momento a otro, y, de remate, degradaba la nota de solvencia de siete comunidades autónomas y varios entes locales. Una septimana horribilis culminada con el anuncio del Banco de España de que la deuda pública se duplicaba desde el inicio de la crisis, alcanzando el 72,1 por 100 del PIB: el mayor nivel desde 1913 según se recoge en la base de datos del FMI. Esa es la verdad-verdadera.

La desconfianza sobre la capacidad de recuperación de España se instalaba así de forma generalizada en todas partes, menos en Moncloa, donde, a tenor de su soberbia comunicadora y de su exigua política de adaptaciones y cambios estructurales (es decir de los puros que se sigue fumando Mariano Rajoy, en especial el de la desmesurada dimensión del aparato estatal y sus protuberancias autonómicas), parece vivirse en el séptimo cielo. La corona de laurel ceñida por el presidente del Gobierno en su propia cabeza, mutaba rápidamente en corona de espinas… Y él tan ufano como antes.

Lo que se demuestra con tanta inconsecuencia es que, muy probablemente, ni Rajoy ni su equipo de gobierno perciben con suficiente claridad lo que realmente está aconteciendo, ni tampoco la rapidez con la que se cubren las etapas que de forma inexorable nos conducen al desastre final. Una situación que, en parte, justifica la sarta de mentiras y ocultaciones con las que se entretiene y desespera a la opinión pública. Ya nos advertía Péter Esterházy, el aristócrata húngaro autor de “Armonías celestiales”, que además de literato es un consumado matemático (o sea que de derivadas e integrales sabe un poco más que Rajoy), sobre lo difícil que es mentir sin conocer la verdad, algo que políticamente sólo puede conducir al caos.

Nuestra particular caja de Pandora está entreabierta y por ese resquicio veremos asomar a no tardar nuevas catástrofes y desastres irreversibles, como los balances reales de los bancos/cajas cuya evaluación ha tenido que ser encargada por el Gobierno a consultoras extranjeras “independientes”: una muestra más de nuestra encubierta y vergonzosa realidad. Lleva razón Mariano Rajoy cuando dice que España no es Uganda, pero eso no impide que cada vez nos vayamos pareciendo más a Grecia que a Italia, por poner ejemplos más razonables.

Aviso: Entre todo lo que queda por “revisar” en el ámbito financiero, merece especial atención el Fondo de Garantías de Depósitos de Entidades de Crédito (FGD), organismo con personalidad jurídica propia creado en octubre de 2011 para unificar los tres fondos de garantías pre-existentes, conformando una auténtica “bomba de racimo” de efectos indiscriminados y por supuesto financieramente letales. Su Comisión Gestora está formada nada menos que por doce miembros: seis designados por el Banco de España, órgano supervisor que ya se sabe cómo ha funcionado en relación con la crisis, y otros seis nombrados por las asociaciones representativas de las entidades de crédito adheridas o, dicho de otro modo, por la parte contratante  que constituye “el problema”.

BANKIA: DONDE LAS DAN LAS TOMAN

Lo que ya no necesita revisión alguna es el engendro de Bankia, entidad en “peso muerto” a la que hay que reflotar a base de dinero público. A pesar de la ocultación política del caso, o quizás por haberse maquillado desde hace tanto tiempo, hoy todo el mundo tiene clara conciencia de que, junto a otros cuantos escándalos parejos, represente el paradigma del fracaso al que ha llegado el sistema político español, dominado básicamente por el interés partidista y el beneficio personal frente al servicio público. Porque el “problema” de las antiguas cajas de ahorro, no es una cuestión estrictamente bancaria o financiera, sino política (o mejor una cuestión de políticos impresentables).

Aun así, el mismo Gobierno del PP que cada tres por cuatro se las da de “moralizador”, insiste en boicotear cualquier acción parlamentaria tendente a investigar el origen de la debacle de Bankia y las responsabilidades políticas que se deban depurar, reclamada ya por el 92 por 100 del universo encuestado al respecto por Sigma-Dos (“El Mundo” 17/06/2012). Un pésimo entendimiento del “rodillo parlamentario” y del uso de su legítima mayoría de escaños, otorgada por el electorado para gobernar y no para encubrir comportamientos y situaciones confundidas con la incompetencia e incluso con el delito.

Tal vez, la pasividad investigadora de Mariano Rajoy en el “caso Bankia” esté forzada por una pretendida protección de la imagen de España… Pero, en su caso, ¿de qué España estaríamos hablando? Seguramente de una España imaginaria, porque la imagen de la España real y verdadera ya está por los suelos, salvo en el ámbito deportivo y en el del ocio-diversión (o poco más), que, a pesar de su enraizamiento social, no son precisamente lo más sustantivo del Estado.

Un expresivo slogan turístico-popular de Andalucía, puesto de moda durante la Transición, decía: “¡To er mundo é güeno!”. Eran otros tiempos.

Ahora, el “caso Bankia” tiene enervada a la sociedad española, capaz de arremeter contra quien sea cuando se calienta de verdad. De momento, tres organizaciones sociales, entre ellas un partido político con grupo parlamentario en el Congreso de los Diputados (UPyD), han presentado querellas contra el presidente y demás responsables de Bankia en el momento de su intervención, imputándoles la comisión de varios delitos (estafa, falsedad documental, administración desleal…), a las que se han adherido grupos independientes de accionistas y empleados de la entidad.

El caso no deja de aflorar cosas curiosas, por calificarlas de alguna forma, como la relación de “enchufados del PP” en Bankia que circula por la Red. Con independencia de su formación profesional, en todos ellos prevalece la relación personal que mantienen con el partido gubernamental, destacando en la versión de www.lahormigaroja.es los siguientes:

  • Santiago Alarcó Canosa. Consejero de Deoleo en representación de la Sociedad de Promoción y Participación Empresarial Caja Madrid. Alarcó es excuñado del presidente de Bankia, Rodrigo Rato, y hermano de Ángeles, recientemente nombrada Presidenta de Paradores Nacionales.
  • Claudio Aguirre Pemán. Consejero de Caja Madrid. Primo de Esperanza Aguirre. Fue el responsable de Merrill Lynch en España y Portugal.
  • Juan Chozas Pedreño. Director de Recursos de Bankia. Ex secretario general de Empleo y Relaciones Laborales durante los gobiernos de Aznar. Colaborador entusiasta de la FAES.
  • Jesús Pedroche Nieto. Vocal del Banco Financiero y de Ahorros del Grupo Bankia. Ex Presidente de la Asamblea de Madrid. Ex Consejero del Gobierno Regional de Madrid.
  • Ricardo Romero de Tejada. Vocal del Banco Financiero y de Ahorros del Grupo Bankia. Ex Secretario General del PP en la Comunidad de Madrid. Ex Alcalde de Majadahonda.
  • Mayte Jiménez. Esposa de Salvador Victoria, Consejero de Asuntos Sociales del Gobierno de Esperanza Aguirre. Fue nombrada consejera de Caja Madrid Pensiones, empresa participada por Bankia, el 9 de junio de 2009.
  • Nieves Alarcón Castellanos. Esposa del ex Secretario General del PP madrileño, Francisco Granados, actualmente Senador. Fue nombrada en el año 2008 Consejera de Caja Madrid Pensiones, empresa participada por Bankia.
  • Ángel Acebes. Ex Ministro del Interior del Gobierno de Aznar. Ex Diputado por Ávila. Vocal del Banco Financiero y de Ahorros del Grupo Bankia.
  • Manuel Lamela. Consejero de Cibeles Corporación. Ex Consejero de Sanidad y de Transportes de Esperanza Aguirre. Ex Director de Gabinete de Rodrigo Rato en su etapa de Ministro de Economía. Presidente del Comité de Auditoría de Bankia.
  • Carmen Cavero Mestre. Cuñada de Ignacio González, Vicepresidente del Gobierno de Aguirre. Vocal del Consejo de Caja Madrid Cibeles. Consejera de Bankia.
  • Mercedes de la Merced. Ex eurodiputada y ex Teniente de Alcalde del Ayuntamiento de Madrid. Vocal del Banco Financiero y de Ahorros del Grupo Bankia.
  • Estanislao Rodríguez-Ponga. Ex Secretario de Estado de Hacienda con Rodrigo Rato. Vocal del Banco Financiero y de Ahorros del Grupo Bankia.
  • José Manuel Fernández Norniella. Ex presidente del Consejo Superior de Cámaras de Comercio. Ex Secretario de Estado de Comercio y Turismo. Vocal del Banco Financiero y de Ahorros del Grupo Bankia.
  • Mercedes Rojo Izquierdo. Vocal del Banco Financiero y de Ahorros del Grupo Bankia. Ex asesora de Esperanza Aguirre.
  • Maria Zaplana Barceló. Hija de Eduardo Zaplana. Becaria en Caja Madrid.
  • Elena Pisonero. Consejera de Caja Madrid. Ex jefa de Gabinete de Rodrigo Rato. Ex Diputada y en la actualidad Presidenta de Hispasat.

EL “CASO DIVAR”: OTRA TORPE RESISTENCIA NUMANTINA

Otro ejemplo de la lamentable degradación de la política española, en efecto absurdo y hasta rayano en la estulticia, es el que ha ofrecido el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) con su devaneo interno para sustituir a su presidente, que también lo es del Tribunal Supremo (TS), Carlos Dívar, acusado de confundir sus gastos personales con los profesionales o de prodigalidad en el ejercicio de sus funciones.

Cuando las personas que han sido promovidas “digitalmente” para presidir instituciones públicas de esa relevancia fallan de la forma que fuere, con delito o sin delito de por medio, o simplemente deterioran su imagen pública, que es la imagen del Estado español, se las debe relevar de dicha responsabilidad de la misma forma en la que fueron nombradas (es decir por voluntad política) y punto. Y ello sin necesidad de entrar a considerar el fondo de los hechos, tanto de los conocidos públicamente como los que convenga no difundir por prudencia política o para no producir daños personales gratuitos.

“El País” (15/06/2012) sintetizaba perfectamente en un recuadro de apoyo informativo a su seguimiento del “caso Dívar”, titulado “Mecanismos de elección”, el trasfondo de manipulación política con el que se condiciona el CGPJ:

“La primera autoridad judicial del Estado, cargo que ahora encarna Carlos Dívar, es elegida por los vocales del Consejo General del Poder Judicial. Una vez que las Cortes nombran a los 2o consejeros del órgano de gobierno de los jueces --12 de ellos de entre los 36 que, a  su vez, proponen las distintas asociaciones judiciales--, estos deben reunirse para nombrar a su presidente, que automáticamente pasa a convertirse también en presidente del Tribunal Supremo. La elección del presidente ha de contar al menos con el voto de tres quintos de los vocales.

Si Dívar optase o fuese forzado a dejar el cargo, su puesto sería ocupado, hasta el final de la legislatura (queda poco más de un año) por el vicepresidente del Consejo, cargo que ostenta ahora Fernando de la Rosa, quien fue propuesto por el PP. Dívar surgió en realidad de un pacto entre PP y PSOE; el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero propuso su nombre a Mariano Rajoy, que aceptó encantado. PP y PSOE indicaron a sus vocales a quiénes debían elegir como presidente y vicepresidente. Si Dívar dejase el cargo, los vocales, también por tres quintos de los votos, tendrían que elegir a un nuevo presidente del Supremo.”

La razón última de la resistencia numantina a resolver el “caso Dívar” de forma rápida y sin mayor deterioro de la imagen institucional, está clara: El PP (más que el PSOE), que podía haber dado instrucciones expresas a sus representantes en el CGPJ para acabar con el problema de raíz, ha preferido “mantenella e no enmendalla” a costa de lo que sea. Entre otras cosas tirando por los suelos la “imagen-país”, sin pensar que los mercados puedan equipararla de forma natural con el “riesgo-país”.

El sábado 15 de junio, el “caso Dívar” se resolvía in extremis con un acuerdo respaldado por todo el estamento judicial para que el presidente del CGPJ dimita en el pleno de la institución convocado para el inmediato jueves 21 de junio, sin más polémicas ni daños innecesarios. De esta forma se zanjaba la controversia, pero mal, como siempre que en situaciones de emergencia se obra con tardanza.

Con la resistencia numantina de Dívar (y del PP-Gobierno) no se evitaba el bochorno de que en el acto conmemorativo del bicentenario del Tribunal Supremo, previsto desde hace tiempo para el inmediato lunes 18 de junio, el todavía máximo representante del Poder Judicial recibiera como anfitrión al Jefe del Estado, presidente del evento, precisamente cuando éste trata de recuperar su decaída imagen personal tras el “caso Urdangarin” y el “caso Botswana”. De producirse, la fotografía de Dívar saludando a Su Majestad el Rey daría que hablar más de lo necesarioy por los mismos canales de vulgaridad informativa por los que ha terminado caminando el “caso Dívar”, tras la debilidad de no haberlo zanjado radicalmente el sábado de marras…

Pero ¿estamos simplemente ante una inconcebible torpeza política o acaso eso es lo que se ha podido pretender de forma subrepticia…? ¿A qué ha jugado en este lamentable asunto el inteligente ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón…?

En cualquier caso, el efecto “basura” del encuentro entre el Rey y Carlos Dívar, que han podido esperar algunos, quedó conjurado el mismo sábado por el fallecimiento del príncipe Nayef bin Abdulaziz, ministro del Interior de Arabia Saudí y primero en la línea de sucesión al trono. Dada la estrecha relación que don Juan Carlos mantiene con la Familia Real Saudí, la Casa del Rey informaba de forma inmediata que Su Majestad viajaría a Jeddah (o Yeda) para expresar sus condolencias de forma personal, acompañado del ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo.

Ante esta imprevista circunstancia, será el Príncipe Felipe quien presida el acto conmemorativo del bicentenario del Tribunal Supremo, junto al propio Dívar, la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría y el ministro de Justicia, Alberto Ruíz-Gallardón… Un auténtico thriller político, con un inesperado final para salir del paso.

¿HA ENTENDIDO RAJOY EL MENSAJE CIUDADANO DEL 20-N?

Esa angustia institucional permanente, es pura expresión de la España real, no de la imaginaria. Porque, en este país, cuando la bronca del día o de la semana no afecta a la Corona, al Tribunal Constitucional y al CGPJ o al TS, es porque se centra en los partidos políticos, la banca, el CNI…

En la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros del pasado viernes 15 de junio, la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, se mostraba preocupada por la “España real”, dando a entender, de paso, que el rescate del sector financiero era pura ficción. Pero, ¿a qué “España real” se estaba refiriendo…? Porque, sinceramente, no se percibe que los excesos y disfunciones de la España que nosotros entendemos “real”, en permanente denuncia por parte de los medios y organizaciones sociales verdaderamente independientes, sean los mismos que la vicepresidenta dice estar reconduciendo.

Bienvenida sea esa actitud política reformista, que sin duda se muestra en plena concordancia con el mandato ciudadano emitido de forma mayoritaria en las elecciones del pasado 20 de noviembre. Pero el análisis de la acción gubernamental, indica ausencias y contradicciones preocupantes, ya con el PP en el Gobierno desde hace más de 200 días. Y ello tras dos legislaturas seguidas de oposición, que dan para “repensar” (como dice el presidente Rajoy), planificar y proveer con acierto mucho más de lo que se necesita, que son cosas bien sencillas: menos Estado, menos Autonomías y menos corrupción política; más honradez, mejor gestión de la cosa pública, más patriotismo, más dignidad institucional…

La realidad es así de simple. Por tanto, hay que entender que la “España real” de Sáenz de Santamaría (y de Rajoy) puede ser perfectamente una “España imaginaria”. Cosa grave, porque entonces el Gobierno estaría asentado en la “política de la irrealidad”, la misma que, de la mano de Rodríguez Zapatero, nos ha metido en este descomunal lío.

Porque, ¿acaso los votantes del PP (y otros muchos d e otros partidos) no están hartos del artificio llamado “Estado de las Autonomías”…? ¿Es que las señales emitidas desde Bruselas para eliminar de raíz las duplicaciones y  aun triplicaciones administrativas, o para adelgazar las Administraciones Públicas, no son meridianamente claras y razonables…? ¿Qué hace falta para que nuestros gobernantes se muevan de una vez por todas en el plano de la racionalidad política…?

Ahí tenemos todavía al presidente Rajoy, presumiendo de “independencia” y negándose a subir el IVA y a reducir el sueldo de los funcionarios. Dos ejemplos mínimos de las decisiones más elementales que las autoridades europeas le han invitado a tomar una y mil veces para poder cumplir con el plan de estabilidad presupuestaria de la CE…

Pero la falta de visión y capacidad gubernamental para digerir la crisis, se ha vuelto a mostrar crudamente cuando algunos portavoces del PP, jaleados por otros políticos y periodistas técnicamente indocumentados, han pedido la dimisión de Joaquín Almunia, Vicepresidente de la Comisión Europea y Comisario de la Competencia, sólo porque en el ejercicio de su competencia ha advertido con gran prudencia y sensatez que los actuales bancos/cajas españoles que sean inviables, tendrán que desaparecer, como es lógico y natural… ¿Es que en este país tenemos que cortarle la cabeza a quien quiera que porte el más mínimo mensaje de racionalidad…?

Así, es imposible que se pueda superar una crisis tan desastrosa como la que padecemos. Quizás, lo que ahora subyace en la mente de Rajoy (a quien posiblemente en estos momentos ya no le llegue la camisa al cuello), es que el problema del desmadre español sólo se lo pueden resolver desde Bruselas, con más banca, más fiscalidad, más supervisión y más política común, como pregona cada vez de forma más abierta: en definitiva, con más Europa y menos España.

Alternativamente, y carente Rajoy, aún con mayoría absoluta, de arrestos políticos para liquidar el Estado de las Autonomías (o al menos para comprimirlo), que como todos sabemos es el cáncer nacional, habrá que esperar para eliminar esa gangrena territorial a la intervención total de España, a una consecuente disolución de las Cortes Generales y al inicio de una legislatura constituyente. Un proceso que, al final, quizás sea el que nos pueda salvar del naufragio histórico en el que estamos inmersos, recuperándonos para la Europa armónica y con futuro, frente al caos nacional que hemos venido realimentando con el “café para todos” inventado en la Transición.

De momento, la España que cotiza al alza es esa especie de anti-España fragmentada en 17 comunidades y dos ciudades autónomas, dominada por la incompetencia partitocrática y el caciquismo político de nuevo cuño, sin organismos de representación social intermedia que puedan recabar y sustentar la necesaria racionalidad del Estado. Y, por si eso fuera poco, con un sistema de órganos y representaciones institucionales contaminados en todos los órdenes: desde la Corona abajo, ¿cuáles se salvan…?

Con esa “España real” en alza, estamos sobrepasando el punto de “no-retorno”. Nuestro encaje en Europa empieza a ser cosa de otros.

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