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Después de la presión soportada por el Gobierno la pasada semana, llena de críticas y admoniciones sobre su gestión de la crisis y con advertencias extremas de una inminente intervención de la troika (el FMI, el BCE y la CE) sobre España (algo así como una “tormenta perfecta” financiera), sólo quedaban dos posibles salidas inmediatas: un rescate duro y puro del país al estilo de Grecia, Irlanda y Portugal, con las correspondientes secuelas de arrastre para el conjunto de la CE, o una operación de salvamento de la maltrecha banca española a modo de “rescate parcial” o “rescate suave”, es decir facilitar la flotabilidad del sistema hasta más ver...

El lunes 4 de junio, se iniciaba el nuevo trago semanal con un respiro vital para Mariano Rajoy, no de tranquilidad definitiva, pero sí con el destello de luz necesario para poder seguir buscando la salida del túnel por el que transcurre nuestra particular crisis, a golpes de mentiras, improvisaciones y, en definitiva, incompetencia política. Dado el agobio precedente, Moncloa recibía la noticia como quien deja las puertas del infierno para refugiarse, aunque sólo sea de prestado, en el limbo de los justos.

Pero que nadie cante victoria, porque el fantasma de la intervención total, la de la estigmatización nacional, sigue amenazando, con los “hombres de negro” afilando sus cuchillos de matarifes financieros y la caída del Gobierno a la vuelta de la esquina…

UNA “NUEVA EUROPA” DE DOBLE FILO

Acuciadas por la necesidad, las autoridades europeas filtraban al inicio de la semana el proyecto de una nueva Europa basado en “más Europa”, con mayor unión fiscal, mayor unión bancaria, mayor unión política y con instrumentos fiscalizadores más unitarios y eficaces… Es decir, con menos soberanía nacional y, en buena lógica, alejando de ella a los países situados fuera del euro.

De prosperar, esta iniciativa conllevaría de alguna forma el triunfo de la “Europa de las finanzas” frente a la “Europa social”, sin que tengamos claro cual de ellas sería una Europa “mejor”. En cualquier caso, parece que algunos disidentes voluntarios y algunos expulsados forzosos quedarán fuera del sistema, sin que todavía tengamos clara la situación de España en ese nuevo dibujo europeo.

Con el país bajo mínimos financieros y, por tanto, claramente avocado a algún tipo de intervención, Rajoy no ha tenido otra opción que seguir la senda marcada por los tecnócratas europeos (e incluso por Estados Unidos y Japón),pero revistiendo esa directriz inequívoca como estratégica propia y como un salvavidas creativo que evitara el estrangulamiento definitivo de su maltrecha economía: la posible instrumentación de un “rescate parcial” del sistema financiero español sin necesidad de afectar a la deuda soberana. Una solución prendida con alfileres en la que, afortunadamente, el Gobierno y la Oposición han mostrado su acuerdo; aunque es evidente que, de darse un eventual “rescate total”, Rajoy tendría que disolver las Cortes Generales y convocar elecciones legislativas anticipadas, o acordar un gobierno de concentración nacional.

EL ESTIGMA DEL RESCATE

Quien todavía no ha terminado de aceptar esa vía del “rescate parcial” es Ángela Merkel, aunque quizás habría que decir que quien no la ve clara es Alemania, porque en realidad es el conjunto del país el que, como primer contribuyente neto al equilibrio económico europeo, se viene mostrando cada vez más disconforme con sufragar el derroche de los países “periféricos” (sobe todo el de España).

Sin embargo, Bruselas, seriamente preocupada por la explosión del euro, si que parece decidida a que los países con mayor capacidad fiscal ayuden a los países con problemas financieros, sin necesidad de comprometer la contabilidad de los gobiernos. Trasladado a la situación española, esto significa que el sector bancario podría optar por una recapitalización sectorial de tipo “colateral”, acudiendo a los fondos de rescate sin pedirlo al Estado, ni afectar por tanto a su fiscalidad o a su déficit presupuestario contable.

El comisario europeo de Asuntos Económicos y Monetarios, Olli Rehn, que hasta ahora se había empeñado en que España solicitara directamente el rescate sin matización alguna, como Ángela Merkel y el ministro alemán de Finanzas, Wolfgang  Schäuble, ha terminado mostrándose más proclive al “rescate bancario” específico, que es la vía intermedia de escape que necesita Mariano Rajoy, aunque algunos expertos no dejen de considerarla ilusoria o “maquillada”. El comisario Rehn, que ha sido sensible al apoyo dialéctico prestado por Francia (en particular por su ministro de Finanzas, Pierre Moscovici) a los países más necesitados, y al del propio presidente de la Comisión, José Manuel Durao Barroso, sigue, no obstante, mostrando alguna reticencia al respecto, dado que el nuevo procedimiento podría colisionar con los Tratados de la UE.

EL NUEVO MECANISMO EUROPEO DE ESTABILIDAD

La dura realidad se ablandó levemente y lo previsible, por ahora, es que el actual Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF), temporal y diseñado para prestar ayuda a Irlanda y Portugal, y también a Grecia en su segundo rescate, se reconvierta el próximo mes de julio en un nuevo Mecanismo Europeo de Estabilidad debidamente ratificado. Pero como el instrumento sigue estando al servicio de los Estados de la UE, el segundo e inmediato paso sería abrirlo a la capitalización directa de los bancos, con los controles y supervisiones consiguientes, proceso que en cualquier caso necesitaría un desarrollo temporal a medio plazo.

Curiosamente, esta era la idea expuesta en el artículo publicado por José María Aznar en The Wall Street Journal el pasado mes de octubre, con el título “Europa debe compartir la carga de salvar a sus bancos”, cuya  esencia ahora parece progresar.

Por su parte, el prohombre de la banca española, Emilio Botín, también rechazaba al inicio de la semana el “rescate integral”, mostrándose partidario de que “algún instrumento europeo aportara 40.000 millones de euros” al conjunto de Bankia, Catalunya Caixa, NovaCaixa Galicia y el Banco de Valencia, que son las entidades nacionalizadas. De esta forma, marcaba una línea roja entre la “banca buena” y la “banca mala”, distinción que hace poco tiempo consideraba negativa, apuntando también al exceso de capital demandado por Goirigolzarri para sanear Bankia (19.000 millones de euros supletorios).

La posición gubernamental contraria al rescate indiscriminado no sólo fue secundada por Botín. Otro banquero de prestigio, Amado Franco, presidente de Ibercaja y habitualmente comedido en sus declaraciones, se manifestó en la misma línea, pero sin dejar de señalar también el error que supuso la creación de Bankia (responsabilidad conjunta del Banco de España y del Gobierno de Rajoy) y el efecto “infeccioso” que trasladó al resto del sistema bancario.

Lo cierto es que la alarma sobre una posible explosión del “Eurogrupo” (con España actuando de espoleta multiplicadora) alcanzó de forma inmediata dimensión planetaria, en consonancia con la propia naturaleza global del sistema económico. Por eso, organismos supranacionales como el G-7 y la OCDE ejercieron también rápidamente como “enfriadores” de la situación, advirtiendo la conveniencia de reducir la presión de la olla financiera europea.

El propio Rajoy insistiría en esa dirección en su comparecencia ante el Senado del martes 5 de junio, durante la sesión de control al Gobierno. Tras reiterar por enésima vez su oposición al rescate de España, aseguró, en primer lugar, que el euro es irreversible y que su vigencia no está en juego.

Pero en esa intervención parlamentaria, Rajoy puso el mayor énfasis en la necesidad de lanzar ya los “eurobonos”, con objeto de que todos los países europeos respalden la deuda de cada uno de ellos. Al mismo tiempo, dejó perfectamente clara su reivindicación de una mayor integración fiscal europea, bajo una autoridad fiscal común, y de una mayor integración bancaria, con eurobonos (ciertamente utópicos a corto plazo), un supervisor europeo y un fondo de garantías europeo…, presentándola con gran habilidad como iniciativa genuina y propia, y no como adhesión a lo ya pactado por las autoridades europeas vía Comisión y Consejo de Europa, sin excluir las influencias decisivas del G-7 y de la OCDE.

LA ARGUCIA DE PASAR POR EL FROB

La cuestión de fondo, es que el Gobierno admitía, por fin, que España tiene cerrado el acceso a los mercados financieros; que de una u otra forma, nuestra banca necesita imperiosamente la ayuda de la UE y que toda esta dialéctica llega tarde, perjudicada primero por la incompetencia del Gobierno de Rodríguez Zapatero y después por la superficialidad del análisis económico, las divagaciones y la falta de coraje político de Mariano Rajoy.

De hecho, todavía siguen sin aclararse el tamaño real del agujero del sistema financiero y las reformas estructurales e institucionales más profundas exigidas por el compendio de errores acumulados durante nuestra reciente historia, con el incombustible Estado Autonómico a la cabeza, por ejemplo. Pero todos tranquilos, porque, en opinión del ministro Montoro, le hemos visto las orejas al lobo pero no los colmillos…

Bromitas y dialécticas aparte, la cruda realidad es que España sufrirá de inmediato una intervención parcial o sectorial, maquillada a conveniencia, en especial a la de Rajoy, pero que no dejará de evidenciar la catástrofe financiera del país. Parece que las sugerencias de Bruselas para limitar la factura pública en futuras crisis, perfiladas con bastante sensatez por Michel Barnier, comisario de Mercado Interior de la UE, han penetrado por fin en el búnker alemán, facilitando una “argucia española” para sortear de forma “suave” las dificultades del sector financiero español; dicho de otra forma, con una argumentación falsa,  de auténtico favor, presentada con cierta agudeza.

Ángela Merkel podría seguir rechazando una ayuda directa de los fondos europeos de rescate a la banca, insistiendo en que el dinero solo se debe facilitar al Estado. Pero, ahora, el Gobierno alemán parece admitir que, en el caso español, la ayuda tenga un carácter “especial” para diferenciarla del rescate duro y puro de Grecia, Irlanda y Portugal, presentándola con un ropaje formal distinto, de modo que las condiciones impuestas sean más suaves, o que al menos lo parezcan.

Lo que se está cocinando, es un modelo de rescate alternativo (porque sigue siendo un “rescate”) en el que Europa transferiría el dinero al FROB español (el Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria) para que pueda sanear, liquidar ordenadamente o fusionar a los bancos problemáticos. En realidad, este tipo de rescate circundante a través del FROB, cumpliría aparentemente con la exigencia formal de que la ayuda sea facilitada al Estado, porque el 75 por 100 del FROB es el Estado (el 25 por 100 restante corresponde al Fondo de Garantías de Depósitos de Entidades de Crédito), pero permitiendo marcar también algún tipo de diferencia conveniente a la imagen política de España, de forma que tampoco parece descabellada.

Entre otras cosas, dado el calado de las reformas estructurales emprendidas por el Gobierno español (las consumadas y las que se habrán de consumar), la ayuda europea estaría destinada de forma exclusiva al saneamiento del sector bancario, con lo que las condiciones imponibles se podrían limitar a ese mismo ámbito, sin afectar a la deuda soberana. Una diferenciación justa para marcar distancias, sobre todo, con el caso griego, cuyos problemas van mucho más allá.

Los técnicos europeos estiman la ayuda de este “rescate sectorial suave” entre los 50.000 y los 60.000 millones de euros, aunque algunos expertos la bajan a 40.000 millones y otros la suben hasta los 100.000. Cifras que el Ministerio de Economía y Competitividad espera contrastar definitivamente con el informe del FMI sobre el sector financiero español y, a continuación, con el veredicto de las auditorías encargadas por España a dos consultoras independientes, la estadounidense Oliver Wyman y la alemana Roland Berger, para efectuar una primera evaluación de las carteras de la banca. Además, el Gobierno contará también a lo largo de este mes con otros tres informes relativos a la morosidad oculta de la banca, encargados a otras consultoras acreditadas.

Ahora, lo que preocupa son las condiciones que se impondrán a España en este rescate denominado “suave”.Y, mucho más importante: ¿Qué vendrá después…?

RTVE Y BE: DOS NOMBRAMIENTOS PLAUSIBLESY TARDÍOS

Al inicio de la  semana, el presidente Rajoy también conjuró las prematuras acusaciones lanzadas por la oposición socialista, jaleadas por un buen número de periodistas afines al PSOE, que le adjudicaban la intención de querer politizar RTVE a ultranza. Una falsa intención bien alejada de la realidad que ha supuesto el nombramiento de Leopoldo González-Echenique para cubrir la presidencia del Ente Público Radiotelevisión Española vacante desde hace un año, que es un “gestor” ajeno al ámbito de la comunicación y sin adscripción política evidente.

Lo que también se ha ratificado con este esperado nombramiento, es la pereza política de Mariano Rajoy y su gratuita tardanza en resolver cuestiones de puro trámite, máxime cuando dispone de una holgada mayoría parlamentaria, lo que siempre acarrea daños institucionales innecesarios y desgastes políticos absurdos. Esa torpeza, no refleja otra cosa que una imagen de vaguería remisa, propia de un político de “piñón fijo” incapaz de mascar chicle y caminar al mismo tiempo, en la conocida expresión norteamericana referida al presidente Ronald Reagan (Lyndon B. Johnson, que fue un gran fabrican­te de frases célebres, la adaptó previamente a propósito de Gerald Ford: “No puede caminar en línea recta y masticar chicle al mismo tiempo”).

En definitiva, resuelto como se ha resuelto, el nombramiento del nuevo presidente de RTVE, plausible pero tardío, no deja de identificarse con el dicho popular de que “para ese recado no se necesitan alforjas”, incidiendo, véase o no se quiera ver, en la desacreditación política del propio presidente del Gobierno.

La sustitución de Miguel Ángel Fernández Ordoñez al frente del Banco de España (BE), no deja de ser cosa parecida: nada hay que oponer al nombramiento de Luis María Linde como nuevo gobernador del órgano de supervisión bancaria, que además ha sido objeto de fácil consenso entre el Gobierno y la Oposición, salvo el absurdo del retraso con el que se ha abordado esa imperiosa renovación. Es evidente que, colmada la etapa de Fernández Ordóñez de graves errores desde hacía tiempo, si Linde cumplía las condiciones requeridas para el cargo, como algunos otros candidatos en reserva, Rajoy tendría que haber promovido este relevo mucho antes.

Quien decide tarde, siempre gobierna mal. Y, en esto, el presidente Rajoy también va sumando sus puntos.

OTROS EJEMPLOS DE DEJACIÓN POLÍTICA: EL CNI Y LAS CÚPULAS DE LOS TRES EJÉRCITOS

Esa misma inconsecuencia política, se manifiesta también manteniendo en cargos de máxima confianza a titulares bien identificados con el partido de la oposición, ya amortizados y claramente corresponsables ante la opinión pública de las grandes torpezas cometidas durante el “zapaterismo”, como sucede en el caso del CNI y las cúpulas de los tres Ejércitos. Junto a la evidencia de una lamentable falta de criterio y de equipo de gobierno, la desidia de Mariano Rajoy para sustanciar relevos institucionales a todas luces razonables y convenientes, conlleva aparejada, en este caso, una cierta connotación de desprecio por los Servicios de Inteligencia y las Fuerzas Armadas.

En ambos casos, y al igual que sucedería en cualquier otro organismo de la Administración Pública, son palpables los perjuicios funcionales producidos por esta situación de incertidumbre, en la que los equipos teóricamente cesantes se dedican sobre todo a blindar su futuro personal, a recolocar de forma estratégica a sus adeptos y a disolver los rastros de una gestión que no siempre ha sido profesional ni al servicio del Estado. A partir de ese espectáculo, la desmotivación interna también es inevitable.

Pero, más allá de esta realidad contrastada, difícil de entender y superar en el trabajo cotidiano, el propio electorado, que de forma mayoritaria ha votado un “cambio radical”, no deja de preguntarse por qué extraña razón siguen en sus cargos las mismas personas que el PP pidió desalojar del poder durante sus ocho años de oposición, que ya dan para pensar, repensar y organizar metódicamente su previsible vuelta al poder.

Pero, ¿cómo puede entender esa misma ciudadanía que las personas que han colaborado de forma tan indigna y decisiva en el desastre nacional del “zapaterismo”, sigan incrustadas en la nervadura más sensible del poder? ¿Qué podrán hacer ahora estos desgastados socialistas con un gobierno del PP situado en las antípodas de su ideología, que no pudieron o quisieron hacer antes con el PSOE? ¿Éste es el “cambio” que, según Mariano Rajoy, necesitaba el país, o se trata sólo de un “cambio por el cambio” y sin recambio…?

VENGA JALEO, JALEO… Y LA CASA SIN BARRER

El buen gobierno de una nación no se sustenta en la economía, sino en la acción política. Y eso precisamente, es decir una mayor acción política por parte del presidente Rajoy, más extensa y mejor enfocada, es lo que reclamábamos en nuestra anterior Newsletter (“Cuando el bosque no deja ver los árboles”).

Porque los casos de RTVE, el BE, el CNI, las Fuerzas Armadas… no son, ni mucho menos, pequeños asuntos más o menos sometidos a la indolencia gubernamental. De hecho, ejemplifican la vacuidad de la actual política española, a menudo empeñada en actuaciones innecesarias, cuando no inconvenientes, y en el desarrollo normativo más irreflexivo, útil sobre todo para retroalimentar la inoperancia del sistema (legislar por legislar); mientras, al mismo tiempo, se soslaya la realidad más sustancial, se desprecian el trabajo y los problemas del día a día y se eluden las acciones necesarias de mayor calado.

Una de las prácticas más evidentes en los partidos gobernantes, se puede sintetizar con un lema común: “Hacer lo que no se debe y no hacer lo que se debe” (en la oposición el comportamiento es otro). O, dicho de forma algo más castiza, “venga jaleo, jaleo… y la casa sin barrer”, porque, lamentablemente, el poder político entiende su elección como un cheque en blanco para hacer y deshacer a su antojo. Por eso, no dejamos de vivir al hilo de las improvisaciones y los trapicheos.

Pero, como analistas carentes de la menor vocación redentora, sobre todo en materia política, dejémoslo ahí. El lector interesado podrá detectar sin mucho esfuerzo referencias cercanas del problema, etiquetarlas libremente y sacar sus propias conclusiones al respecto.

Sin embargo, no nos resistimos a concluir esta Newsletter exactamente con el mismo párrafo con el que concluíamos la anterior:

Todavía no sabemos si el euro sobrevivirá o no a corto plazo, ni tampoco si algunos países permanecerán o no dentro del sistema monetario europeo. Lo que si nos atrevemos a vaticinar es que el mismo modelo no puede acoger al mismo tiempo países tan divergentes en todo como los que ahora acoge: o salen los impresentables o salen los serios, o salen los que dilapidan o salen los que pagan. Lo de “más Europa” y todos en la misma olla, es difícil de entender y no digamos de ver, salvo milagro en ciernes.

Ha comenzado la Eurocopa 2012 y lo que más importa a la mayoría de los españoles es volver a ganar el campeonato por tercera vez consecutiva: lo del rescate y la prima de riesgo ya lo arreglará quien sea… ¡Qué país, qué paisaje y qué paisanaje!

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