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Últimamente se ha puesto de moda en este gigantesco montón de guano que es Occidente, que unas pandillas de niñatos tarados, muestren su insolencia de pijos malcriados, atacando obras de arte en los más importantes museos de Europa.

No debería sorprendernos que acciones de este tipo se hagan comunes en medio de una sociedad degenerada y enferma, presa de una especia de totalitarismo social basado en un supremacismo moral repugnante, donde los más putrefactos residuos humanos pretenden imponer al resto sus chaladuras, algunas de ellas, claramente criminales.

Además de tener que aguantar a unos activistas esperpénticos, los ciudadanos deben soportar igualmente a toda una tropa de facinerosos que les ríen las gracietas, los justifican o resaltan su “capacidad” para llamar la “atención del grave problema del cambio climático” ocupando el foco mediático, sobre todo después de que dos “activistas” de la organización 'Just Stop Oil' arrojaran sopa de tomate contra el cuadro 'Los girasoles' de Van Gogh a mediados de octubre en la Galería Nacional de Londres y fijando sus manos a la pared con pegamento, amenazando al único obrero que había en el museo con denunciarle si les hacían daño al “despegarlas de la pared”. Este era el percal “progre” de las dos mamarrachas. Pero…

¿Quién está detrás de estas “organizaciones”?

Pues aparece el apellido de un viejo conocido: Getty. Aileen Getty es nieta de J. Paul Getty, y como recoge ArtNews, fundador de Getty Oil, una empresa estadounidense de comercialización de petróleo. La heredera nunca ha trabajado en la industria petrolera y es una activa “filántropa” que en 2019 participó en la fundación del Fondo de Emergencia Climática, que proporciona subvenciones a grupos de protesta -entre otras a la conocida “científica” del clima Greta Thunberg- que buscan disminuir el uso de combustibles fósiles, recurriendo para ello incluso a eso que ellos llaman desobediencia civil y que no es más que puro vandalismo, que luego tienen que limpiar obreros sacrificados y ponen en peligro obras de arte de un valor incalculable..

Unos meses antes del incidente del Museo de Londres, la ricachona heredera donó un millón de dólares al fondo, después de lo cual su perfil de patrocinadora climática, junto con otra magnate del petróleo de “ilustre apellido” también, Rebecca Rockefeller Lambert, fueron aireados en agosto de este año por The New York Times.

Tras el incidente con la emblemática pintura del artista neerlandés, ocurrido el 14 de octubre, Getty publicó un artículo de opinión en la revista británica The Guardian en el que reconocía su papel en la financiación del activismo climático y solicitaba un cambio sistémico enfocado hacia las energías limpias. En este sentido, recalcaba que apoya la labor de los jóvenes que se dedican a la desobediencia civil “legal no violenta". No es para reírse… que un personajillo cuyo único valor es su cuenta corriente heredada, considere que es “legal” atentar contra una obra de arte, perjudicar a los ciudadanos que visitan un museo, generar gastos por los daños causados y dar una penosa imagen del movimiento ecologista, diga que eso es “legal”, solo denota que es un homínido sin educación, soberbio y acostumbrado a hacer sus caprichos sin tener en cuenta las consecuencias. Es decir, un detritus social, un residuo humano, un gólem…(*)

El artículo publicado por The New York Times este pasado mes de agosto revelaba que detrás de muchas de las organizaciones ambientalistas se encuentran herederos de las dos familias estadounidenses que se hicieron ricas gracias al petróleo: los Rockefeller y los Getty. No sabemos si hijos y nietos de estos millonarios petroleros quieren lavar su conciencia por el daño provocado al medio ambiente por sus antepasados. O bien, simplemente quieren hacer negocio y han encontrado en el “ecoactivismo” una gran oportunidad, siguiendo la tendencia familiar. Y para ello financian dos grandes estructuras “sin ánimo de lucro”: el Fondo de Emergencia Climática y la Campaña Ecuación.

A su vez, estas dos organizaciones, sostienen docenas de asociaciones ecoactivistas que actúan principalmente en Estados Unidos, Canadá y Europa, sustentadas económicamente con el dinero de los hijos de estas dos grandes familias petroleras de Estados Unidos.

El Fondo de Emergencia Climática, fundado en California en el año 2019 ha recibido, como ya hemos señalado, hasta un millón de dólares de parte de Aileen Getty. Por su parte, la Campaña Ecuación se fundó en el 2020 y brinda apoyo financiero y defensa legal a las personas que viven cerca de oleoductos y refinerías. Esta asociación nació con el salvavidas financiero de nada más y nada menos que 30 millones de dólares, que se irán distribuyendo a lo largo de 10 años, entregados por dos miembros de la familia Rockefeller (Rebecca Rockefeller Lambert y Peter Gill Case), herederos de John D. Rockefeller, fundador de Standard Oil allá por el año 1870 y primer multimillonario de los EEUU.

Realmente, no hay de qué sorprenderse. Ya denunciamos en su día los intereses detrás del “consorcio” Greta Thunberg, el chiringuito que se montó Al Gore o las maniobras financieras siniestras de los Bill Gates y su banda.

Lo novedoso es el salto cualitativo que significa pasar de la manifestación, la sentada o la protesta, al vandalismo contra lo más sublime que han dado las sociedades civilizadas, como es el Arte. Ya sentíamos estos nubarrones siniestros cuando se extendió la “cultura de la cancelación” (vamos, la censura y la destrucción de símbolos y estatuas) o la eliminación del arte y la literatura rusa por parte de los grandes criminales de la Humanidad como consecuencia del conflicto en Ucrania.

Pero en el pozo de la ignominia y la infamia siempre es posible bajar una planta más. Y los gólems la han bajado, llevándonos a todos un poco más cerca del Averno ante la casi nula capacidad de reacción de unas sociedades zombis, acobardadas por unas piltrafas humanas que solo tienen valor para empuñar un bote de sopa de tomate. Realmente, da asco ser testigo de todo este espectáculo ridículo tan lleno de podredumbre y miseria moral.

La parte más infernal de toda esa puesta en escena de los seres oscuros que atentan contra la obra de arte es su proclama: “¿Qué es más importante, el Arte o la vida?”.

En una sociedad de eunucos mentales como la posmodernidad occidental, una gran mayoría clamará de forma histérica e irracional que la vida es lo más importante, casi lo único importante, podría decirse. Es una muestra de la incapacidad para concebir nada más allá de una miserable existencia condenada a una muerte segura, por mucho que la técnica intente alargar unos procesos biológicos que se agotan en su finitud material.

Las taradas de la sopa de tomate parecen no ser conscientes que en un instante de tiempo que es menos que un chasquido de dedos a escala cósmica, estarán pudriéndose bajo tierra. Pero la obra de arte que simbólicamente intentaron destruir seguirá impactando en las almas que quienes la sigan contemplando.

El último hombre de la posmodernidad es ya incapaz de captar en nuestra cultura el sentido de la obra de arte como expresión de lo Sagrado. Una de las condiciones fundamentales de la felicidad es saber que todo lo que uno hace tiene un sentido eterno; pero ¿quién puede todavía concebir, hoy en día, una civilización en la que todas las manifestaciones vitales se desarrollen «a imagen del Cielo»? Por eso, el hombre actual es un infeliz metafísico.

El Arte, al recapitular la creación en sus obras, demuestra la naturaleza simbólica del mundo, y de este modo libera al espíritu humano de su adhesión a los «hechos» brutos y efímeros. Toda obra de arte es realizada por imitación de lo Sagrado, «ya se trate de un elefante de barro cocido, de un objeto de cobre, de un vestido, de un objeto de oro o de un carro de mulas» dice la tradición hindú.

El artista realiza en su obra ciertos aspectos de sí mismo; los proyecta, por decirlo así, fuera de su ser. Ahora bien, en la medida en que esta objetivación refleje el trasfondo de su ser, adoptará un carácter puramente simbólico. El artista sabe: esta forma soy yo mismo, y sin embargo yo soy infinitamente más que esto, sabe también que es Dios quien Se expresa a través de su obra, de modo que ésta a su vez está por encima del ego débil y falible del hombre.

El Arte es ante todo la manifestación de lo Sagrado en la belleza y la regularidad del Cosmos, que se refleja en la armonía de lo múltiple, en el orden y en el equilibrio. Llegar a lo Sagrado a partir de la belleza del mundo es la sabiduría. Por ello, se puede afirmar que el Arte se fundamenta esencialmente en la sabiduría, o en la ciencia, que no es otra cosa que el depósito formulado de la sabiduría. La finalidad del Arte es hacer participar al hombre, al mundo en la medida en que está formado por el hombre, en el orden que manifiesta lo Sagrado. El arte clarifica el mundo, ayuda al espíritu a desapegarse de la multitud turbadora de las cosas para remontarse hacia lo espiritual. Todo ello hace que la obra de arte sea mucho más que el artista, ser humano, limitado y finito. La obra de arte, en cambio, es eterna.

¿El Arte o la vida? Sin duda, el Arte.

* Un gólem es una personificación, en la mitología judía de tradición asquenazi, de un ser fabricado a partir de materia inanimada (normalmente barro). En hebreo moderno, el nombre proviene de la palabra "guélem" (גלם, gélem), 'materia'.

Por Juan A. Aguilar

 

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