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Con motivo de las protestas tras el asesinato de un ciudadano afroamericano en los Estados Unidos a manos de un policía con antecedentes violentos, estamos asistiendo a una auténtica mascarada de presunta “solidaridad” con la minoría negra de ese país.

Son bastante conocidos los problemas sociales que sufre la sociedad norteamericana, hablándose muchas veces de problema racial, para esconder una realidad, que no es otra que un problema de clases, de desigualdad económica y de desintegración comunitaria. No vamos a descubrir nada en este sentido. En cuanto al terrible suceso, se supone que EEUU es un Estado de Derecho y la Justicia se encargará de un crimen tan injustificable.

Lo que el crimen de un policía no puede justificar es una orquestada ola de vandalismo que demuestra el grado de deterioro de nuestras sociedades y la estupidez generalizada en una población totalmente domesticada.  La imagen de “artistas” podridos de dinero, deportistas de élite con descapotable y palanganeros de la falsa intelectualidad postrados de hinojos, apoyando a todos aquellos que braman por las calles gritando “puta policía” para después arrasar con un súper, un humilde comercio de barrio o un mega centro de Apple, agrediendo salvajemente a quienes les plantan cara, muestran que las actuales élites sí que son un auténtico fin de raza, cabecillas de un verdadero ejército del crimen.

Sabemos que los poderosos nos quisieran a todos de rodillas ante sus planes. Pero se le cae a uno el alma a los pies viendo cómo soldados de la Guardia Nacional norteamericana se arrodillan a los pies de esos manifestantes Y es vomitiva la imagen asquerosamente machista de mujeres besando las botas a esos niñatos de facultad pija pagada por sus papis blancos y protestantes.

Como señala Miquel Giménez en Vozpopuli, “Los que fraguaron esta ordalía en el Foro de Sao Paulo, bien pagados por Soros y la plutocracia internacional, pueden sentirse satisfechos. Tras minar el espíritu democrático en Europa y apartar de la política a quienes sentían una robusta creencia en la libertad, se encuentran con el camino expedito para su superestado mundial, en el que solo habrá dueños y esclavos, ricos y pobres, dirigentes y masas adoctrinadas, eso sí, felices de seguir las consignas so pena de excomunión social. Es la utopía de millonarios decadentes y con pose izquierdista que hablan del pueblo, pero son incapaces de dejar propina al camarero o hacer un contrato a su empleada del hogar. Nadie de esta ralea se arrodillará por el vil asesinato del capitán de policía jubilado David Dorn, también negro, de setenta y siete años, que había acudido en auxilio de un amigo suyo propietario de una casa de empeños. Un balazo, disparado por un joven blanco, y a otra cosa. Y su agonía grabada por un móvil insensible e impermeable a la más mínima noción de humanidad. Nadie se arrodillará por aquellos que, también de rodillas, son asesinados cortándoles la cabeza a manos del ISIS. Nadie se arrodillará por quienes pasan hambre, miseria y enfermedades…”

Los poderes nos quieren de rodillas, temerosos, suplicantes por pecados que nunca cometimos. Quieren hacernos sentir culpables, quieren que reconozcamos que somos racistas, fascistas, machistas, homófobos, xenófobos y fumadores.

Y no lo podemos consentir. Por un mínimo de dignidad. Ni aunque nos prometan el Paraíso, que cuando la limosna es grande, hasta el Santo desconfía…

No podemos ser como esos homínidos que berrean en un infecto programa de TV como “Operación Triunfo”, donde unos mamertos se arrodillan para “mostrar su solidaridad” con un hecho ocurrido en una ciudad que son incapaces de señalar en un mapa. Solidaridad de pacotilla, relato mugroso que lo mismo repiten genocidas como Obama o Bush que ese personaje ridículo, ataviado con tiara egipcia, que se dice Papa porque le cayó encima la cagada de una paloma.

Pero si una imagen nos ha producido espasmos y arcadas incontenibles es la de unos miembros de la Policía Nacional española arrodillados por algo de lo que no tienen ninguna culpa… arrodillados ante el amo con el mismo entusiasmo que apaleaban agricultores y ganadores hace unas pocas semanas, o contra los trabajadores de Nissan abocados al paro y al hambre, asaltando a ciudadanos por llevar una bandera nacional o machacando cabezas de estudiantes y obreros como hemos sido testigos una y otra vez a lo largo de los años. Matones y chulos con los débiles, sumisos ovejunos con los poderosos, incluso cuando van a por sus propios jefes y compañeros.

Cobardía lo llaman algunos…

Los que, como los de la imagen de arriba, quieran ser tan patéticos y se tengan tan poca autoestima, que se arrodillen, que se humillen para que sean tendencia un minuto de su vida y le pasen la mano por el hombro la auténtica policía política de este Régimen, la formada por los periodistas de pesebre. Otros no lo haremos jamás… Ni ante Dios, que nunca nos pediría que entregáramos nuestra dignidad como personas ante las satrapías posmodernas.

Con orgullo y la cabeza bien alta… Arrodillarse… ¡¡¡Jamás!!!

Juan A. Aguilar

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