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Transcurridas las elecciones generales españolas  del 28-4, hay un océano de comentarios y de análisis, explicando lo que sucedió y lo que podría acontecer en España.

Desde luego,  en el ambiente político y en la opinión social, no faltan el reproche, la iracundia y el otorgamiento unilateral de medallas por aciertos, algunas bien merecidas, otras no tanto. Empero, el asunto político capital, sino que está por venir. Y no nos estamos refiriendo a la famosa y pretendida  independencia catalana, peligro que, para nosotros, no es inminente ni inmediato.

Está claro que ganó la Línea Globalismo-Sociedad Fabiana-Soros-Macron, cuyo  resultado ya lo habían advertido los medios de esas fuerzas internacionales. Esos clanes ya tenían aseguradas la continuidad de sus planes y sus utilidades.

En virtud de ello, se esperaba con toda certeza el triunfo electoral del PSOE y la subida de Ciudadanos, ambos representantes  políticos de los intereses y los objetivos de los poderes antes mencionados. En todo caso, la única inquietud que tuvieron –y tienen- es la diferencia de matices entre algunos de sus jugadores en la arena política,  lo que podría modificar fragmentariamente sus planes y ralentizar la aplicación de ellos.

Tanto Pedro Sánchez como Albert Rivera-–sin mencionar a otras figuras de esas formaciones- están enfrentados porque, cada uno por su lado, intentan demostrar que son idóneos para inteligir y administrar adecuadamente la gestión del proceso que está en marcha en el país para contraer las consecuencias desfavorables de la crisis  y controlar los riesgos que tiene el formato dominante de sus patrocinadores post 2020.

Algo de ésto escribimos cuando fue la destitución Rajoy y la elección de Sánchez, diciendo que el actual presidente, Sánchez, forma parte de una transición y que, por lo tanto, fue posicionado en La Moncloa por las fuerzas internacionales cuyas reglas de juego acepta, pero que ese apalancamiento no implicaba ser el ungido por todos los clanes que integran el complejo que domina en España.

Del mismo modo, comentamos que Rivera tendría que esforzarse para optimizar –léase, eficientemente- su perfil político si quería acceder a la investidura presidencial y que él no poseía el monopolio del Macronismo.1

En consecuencia y más allá de la refriega personal y competitiva entre ambos políticos, la cual, por otro lado, confunde a mucha gente, las piezas globalista-sorosiana-macronianas del PSOE y Ciudadanos van a trabajar sinérgicamente, cooperativamente, tal y como lo hicieron cuando fue el "golpe blando" contra Rajoy y aliándose con sus similares de otros partidos –por ejemplo, la tendencia globalista del Partido Popular- manipularán con el fin de no conceder mayores espacios políticos a partidos como Vox.

Para ello, no es una condición sine qua non que Sánchez y Rivera conformen un  solo gobierno, sino que ambos -desde la esfera política y desde los roles de "oficialista" y "opositor"-  garanticen -con o sin el asentimiento de la conciencia de sus votantes- la viabilidad de la transición que se vive para ubicar estructuralmente el país en el Modelo Mundo 2030, previa inserción exitosa del Macronismo en España.

Recordamos que el Macronismo es propulsado en Occidente, para contraponerle, ideológica y políticamente, al Trumpismo y que la crisis nacional que sufre Francia, por el momento, no dinamita la magnitud internacional de Macron ni acorta su duración en el Palacio del Elíseo.

Aunque la Línea Globalismo-Sociedad Fabiana-Soros-Macron haya ganado, no todo está definido en su favor ya que no habrá estabilidad política por la ausencia de un liderazgo político hegemónico y la falta quietud en el orden social y económico por la presión de causas endógenas y exógenas, abriéndose un corredor amplio de posibilidades.

Nota:

Diego Pappalardo

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