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El año 2019 ha empezado bien a nivel internacional. La primera noticia (y, desde luego, la más esperanzadora) es que los EEUU han hecho efectivo a partir de hoy su salida de la UNESCO. Ciertamente, han dejado atrás una deuda de 600 millones de dólares, pero parece lógico que el presidente Trumb se niegue a pagar los desvaríos de la secta que se escuda en estas siglas para difundir mensajes excéntricos y ser el laboratorio de ideas de la izquierda marciana. Estoy seguro de que se hablará mucho más de que, también hoy, se retiran las últimas tropas de EEUU de Afganistán… si bien quedarán los “contratistas” y, en cualquier caso, el daño ya está hecho y el país tardará en recuperarse de 40 años de guerras continuas (primero, invadido por los soviéticos y desde hace 17 años por los EEUU).

Bolsonaro hoy toma posesión de su cargo. El gobierno ha evitado el amargo trago de algún miembro del gobierno quede al borde de un ataque de nervios al ver que otro gran país (casi un imperio) cae en la órbita del populismo. Lula, el amado de las ministronas del PSOE, de momento, ha celebrado el fin de año y el tránsito de gobierno en la cárcel.

Más cerca, en Francia, el movimiento de los “chalecos amarillos” sigue vivo y activo. Es, nuevamente, la revuelta del hombre de la calle, harto que el legislador no legisle y, cuando lo hace, sea en beneficio de las minorías más extrañas que pueda imaginarse. Macron todavía no ha interpretado el fenómeno y sigue sosteniendo que es la odiada extrema-derecha quien mueve los hilos. Se ha olvidado de que, una cosa es ganar unas elecciones y otra muy diferente estar en condiciones de gobernar. En realidad, estamos asistiendo a la agonía de la Vª República. La brutalidad que está utilizando el gobierno para sofocar las manifestaciones es indicativo del estado de confusión mental del gobierno. Suerte tiene el poncio del Elíseo en que la revuelta haya estallado cuando no ha llegado al ecuador de su mandato. Pero lo cierto es que, comparado con los que ocurrió en mayo de 1968, esta protesta es masiva, no circunscrita a los recintos universitarios y que engloba a las clases medias, hartas de las mentiras estadísticas. Y esto no se arregla con un par de medidas cosméticas: hoy cabe preguntarse en Francia ¿quién diablo apoya a Macron además de las fuerzas de seguridad del Estado (y veremos durante cuánto tiempo)?

La izquierda europea sigue demostrando no entender el nuevo escenario que se está creando: después de decir durante treinta años “que viene el lobo”, el lobo ya está aquí, está co-gobernando Italia y Austria, está gobernando en Hungría y Polonia, está presente con más del 10% en casi toda Europa (en España ya es cuestión solamente de esperar a las próximas elecciones), mientras que la socialdemocracia implosiona y se convierte en tercera, cuarta fuerza política o, simplemente, desaparece. Lo que ha ocurrido es que la izquierda, lleva treinta años proclamando que la “extrema-derecha” destruirá a las instituciones democráticas… y, de momento, allí en donde gobierna, no ha ocurrido nada similar, ni se le espera: ahora toda España donde ilustres idiotas como Ernest Maragall han llamado a un acuerdo entre todos los partidos para no pactar con Vox, o cuando Podemos ha encajado mal su derrota andaluza y el desalojo traumático del “régimen andaluz”, demostrando los destrozos del porro en cerebros inmaduros.

Es significativo que el primer anuncio de TVE después de las campanadas de media noche fuera uno en la que un actor bastante bueno, Alejo Sauras, presentara a unos desconocidos que se levantaban y alardeaban de lo bien que va España. El primero resaltaba que “España es el país que acoge a más refugiados”, otro cantaba las virtudes de que “España es el país que más artículos científicos publica”, otro que nuestro sistema sanitario es envidiable porque estamos a la cabeza de los transplantes… claro está que ninguno explicó que somos líderes en fracaso escolar, en delincuencia, en mileuristas, en contratos-basura, en despilfarros autonómicos, en corrupción, en ineficacia de las instituciones y la única puerta para los asaltos de la inmigración masiva en Europa, el país líder en fumetas, porreros y colgaos meca de los empanaos de todo el mundo, el país de Europa con más okupas por metro cuadrado, el único país del mundo en el que 12 años después del estallido de la burbuja inmobiliaria se ha creado una nueva burbuja, el país en donde la natalidad está más en peligro (Cataluña está en cabeza mundial de la crisis de nacimientos)… Y esto, no sólo gracias al gobierno del okupa y de sus ministronas, sino al papanatismo de Rajoy. Porque, lo cierto, es que los que tenemos tendencia a viajar y a fijarnos en lo que vemos, podemos afirmar, con harto pesar de nuestro corazón, que España es, en estos momentos, el país con una sociedad y un sistema más desintegrado de todo Occidente, con una constitución avejentada, desarticulado por 17 autonomías y con una clase política en la que está completamente ausente cualquier atisbo de inteligencia y rebosa ambición, una de las que han generado una mayor brecha entre ellos y la población.

El okupa de la Moncloa, cree, como Macron, que es posible negar la realidad con unos cuantos anuncios y declaraciones altisonantes. Ignora que los informes sobre la gravedad de la situación económica (hemos llegado a los dos billones de deuda, cuando hace 10 años estábamos justo a la mitad) recorren las direcciones estratégicas de los bancos y de los fondos de inversión y que, probablemente, en 2019, pero, desde luego, nunca más tarde de finales de 2020, se producirá una nueva convulsión que nos pondrá en el candelero de la crisis económica. No pinta bien la economía española, ni para el 2019, ni mucho menos para el 2020. El hecho de que el IBEX haya perdido en 2918 un 14% es indicativo de la gravedad de la situación. Para colmo, las previsiones internacionales indican que se producirá un “frenazo” económico e, incluso, el gobierno español ha rebajado la previsión de crecimiento a un 2,6% (algo que coincide con las previsiones de la OCDE) por debajo del listón en el que se crea empleo. Se atribuye al Brexit (que debería formalizarse el 29 de mayo) la responsabilidad de este parón, pero lo cierto es que las causas son mucho más profundas.

Pero, eso sí, los que viven de campañas electorales y de mendigar el voto, tendrán buenas ocasiones para movilizarse en 2019: en primer lugar, tocan elecciones municipales y autonómicas que presagian un descalabro por parte de la izquierda el 26 de mayo. Pero, el okupa de la Moncloa ha declarado que, si no es capaz de sacar adelante los presupuestos, puede convocar elecciones generales… Lo que induce a pensar que ERC y el PDCat le apoyarán, por simple interés: estos por mantener vivo el “procés” (saben que un eventual gobierno de centro-derecha con la presión de Vox, supondría, no solamente el entierro definitivo del “procés”, sin margen para negociación de ningún tipo, sino la aplicación inmediata del 155 de una manera bastante más radical que en la ocasión anterior) y el okupa para evitar el desahucio y agotar la legislatura. Pero, en cualquier caso, en la posición de debilidad del gobierno, aislado, además, de toda Europa, el margen para llegar al final de la legislatura es mínimo y, el hecho de que la mayoría del PP en el senado le impida sacar adelante cualquier ley, ofrecen un negro futuro al gobierno del okupa y sus ministronas.

En mayo tendrán lugar las elecciones al Parlamento Europeo. Cruciales porque en ellas se comprobará si el avance de las fuerzas “populistas” y el retroceso de la izquierda socialdemócrata, se confirman. Tal y como está configurada la UE, el Parlamento tiene un gran peso a la hora de apoyar leyes y medidas. No parece que, a estas alturas, nadie en la UE -salvo los muy estúpidos, entre ellos el okupa de la Moncloa- esté dispuesto a atreverse a dar más cancha a la inmigración masiva; hasta ahora ha sido posible introducir a millones y millones de inmigrantes innecesarios en el continente (en esta última hornada de 2015-2018 con la excusa de que se trataba de “refugiados”) gracias a la colusión entre el centro y la izquierda. Pero, mientras que para la izquierda el abrir las puertas se ha convertido en una cuestión de principios, para el centro (especialmente para los restos de la democracia-cristiana europea) es tan solo una forma de oportunismo que le ha llevado a reducir su cesta de votos. Hace falta ver si esto seguirá así o si las europeas de 2019 convertirán al parlamento europeo en la nueva muralla contra la inmigración masiva. Porque, ahora, lo que Europa precisa no es evitar que lleguen más inmigrantes, sino sacarse de encina a los millones y millones que han llegado en los últimos años y para eso se precisa una amplia mayoría en el parlamento, reafirmar su identidad, reconstruirla y sanear su sociedad. Eso y, por supuesto, una voluntad de reformar una institución estancada en los últimos 15 años que, es más un lastre que un proyecto de futuro. Todo lo que no sea pensar en términos de Europa como actor de primera fila en la política mundial, es no servir a los intereses de Europa y ser, a fin de cuentas, un organismo inútil.

En enero comenzará el juicio al “procés”… Va a ser muy difícil que los procesados salgan indemnes. Sin olvidar que el proceso tendrá en la acusación, no sólo a la Fiscalía, a la abogacía del Estado, sino también a Vox. Si la sentencia dictamina “rebelión”, los acusados corren el riesgo de “pillar” 25 años de cárcel… pero eso no es lo peor: los acusados saben que, en el momento en el que se regularice su situación penitenciaria, las autoridades penitenciarias les regalarán el tercer grado y el régimen abierto. Así que les quedan unos pocos meses de prisión. Pero lo peor para ellos no va a ser eso: sino los embargos de sueldos, de patrimonios y las inhabilitaciones. Estos en lo que se refiere a los cargos públicos; porque, los “dos Jordis”, sin duda serán los que corran el riesgo de penas mayores. En lo que a Puigdemont se refiere, cada vez asumirá más el papel de fantasma lejano que se va extinguiendo -como decían los romanos- “sin gloria en el Hades”, en este caso en Waterloo… Nada grave, porque si bien durante el juicio, los independendistas tratarán de jugar su última carta en la calle, una vez conocidas las sentencias y ejecutadas las multas, no volverá a hablarse del proceso en mucho tiempo. De hecho, es significativo que los CDR hayan inaugurado el año con una campaña “Leales al 1-O”… que es como decir “leales al tiempo pasado que se fue y no volverá”.

Y no digamos lo que puede ocurrir si en las europeas y en las municipales el centro-derecha experimenta un tirón y tanto el PP como Cs tienen que actuar bajo presión de Vox, generando un escenario inédito en los 40 años de política española. Porque, el problema de la nueva situación, contrariamente a lo que tratan de decir los tertulianos y comentaristas “al uso”, el único elemento nuevo en los últimos 40 años de política nacional ha sido la eclosión de Vox (que ahora deberá demostrar que el resultado de las elecciones andaluzas no es una excepción) y la aparición de un enemigo a la derecha del PP. Situándonos en los esquematismos políticos, cabe decir que el PP nunca ha sido un partido “de derecha”, sino más bien ha hecho ejercicio a lo largo de toda su historia y especialmente en los años de Rajoy, un partido de “centro-derecha”… que ahora tiene a un verdadero partido “de derecha” como competidor. La cosa es importante porque desde Cánovas el paradigma del centro-derecha era “sin enemigos a mi derecha”.

El riesgo para Vox es que esa “derecha” ya no puede ser nada parecido a la derecha pepera, sino que, si quiere crecer, deberá asumir el transversalismo como eje. Modelos en Europa no faltan. Pero, en cualquier caso, la bandera que deben asumir es inmigración + justicialismo. Y, sobre todo, no olvidar que en las instituciones se juega la partida, pero también en la calle y se trata de tener la iniciativa en ambas orillas.

Ernest Milá

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