Días de propaganda: por qué la verdad sobre el coronavirus no llega a las portadas

 

La peor derrota del Ejército británico en la Primera Guerra Mundial se publicó en la prensa inglesa como una victoria. La batalla de Somme (Francia) en 1916 dejó un saldo de 600.000 víctimas aliadas, que la opinión pública pudo conocer poco después gracias a la determinación de un puñado de medios que desafiaron la censura impuesta por el Gobierno británico.

La ley de Defensa del Reino fue promulgada tras el estallido de la guerra. La norma prohibió cualquier información que pudiera alarmar y desmoralizar a las tropas en el frente o socavara la moral de la sociedad británica. El primero en desafiar la censura fue el corresponsal de guerra del Times, Charles à Court Repington, que reveló graves problemas de abastecimiento de munición para los soldados. El escándalo fue de tal magnitud que obligó al primer ministro a dar entrada a la oposición en el Gobierno para evitar su dimisión.

La libertad de la prensa en tiempos de guerra o de esta pandemia moderna del coronavirus que sacude España es tan importante que da vergüenza tener que recordarlo. La información del Times tuvo consecuencias. El diario perdió miles de lectores y centenares de anunciantes, que consideraban su línea editorial crítica como una deslealtad a la patria en sus horas más difíciles. Lord Northcliffe, editor del Times y el Daily Mail, dijo entonces: "Pretendo contarle la verdad a la gente, y no me importa el coste que tenga".

Coronavirus: atlas de Geografía

El Gobierno de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias ha concentrado un poder extraordinario en el estado de alarma que vivimos para luchar contra el avance del Covid-19. Y los periodistas tenemos el deber y la responsabilidad de no comprar, sin cuestionarlo al menos, la mercancía que pretende vender La Moncloa.

Nuestra primera obligación es sacar de las portadas el atlas de Geografía en el que se ha convertido la información sobre el brote. Los muertos no son un pico, ni una meseta. Y los centenares de miles de contagiados tampoco son una curva. Todos ellos son víctimas, casi 12.000 de ellas mortales. Las cifras son catastróficas. Las expresiones doblar el pico o aplanar la curva son pura propaganda, porque se pueden utilizar en cualquier contexto. Se puede doblar el pico del paro, de derrotas (si hablamos de deporte), de ventas y de casi cualquier cosa que queramos.

Si dentro de 200 años, un historiador accede a las redes sociales de los ministros del Gobierno y los partidos que lo sustentan podrá intuir que algo grave estaba pasando en España en el año 2020. Pero tendrá que buscar otras fuentes para enterarse bien. Hay mensajes, como los del ministro Salvador Illa, que aislados no significan nada.

El Gobierno opera de la misma manera desde que empezó esta crisis. Cada jueves o viernes, el PSOE publica un vídeo de tintes épicos, buena edición y música ad hoc estilo Gladiator. Las ideas fuerza son unidad, esfuerzo, sacrificio y victoria. Todo ello aderezado con extractos de los discursos del presidente, las imágenes de entrega de nuestros sanitarios, Ejército y fuerzas de seguridad y finalmente los aplausos de reconocimiento emocionados que cada tarde rompen el silencio de nuestras ciudades y pueblos.

El vídeo prepara al terreno para la alocución sabatina de Sánchez. El presidente trata de insuflar moral a sus tropas, que somos toda la sociedad. Por lo general, sus discursos acaban en una nueva prórroga del confinamiento, que va camino de los dos meses. Sánchez repite que es un problema global, que lo es. Pero sí entiende de fronteras. No todos los países acumulan la cifra de muertos de España.

Los intereses ideológicos y empresariales

Los medios de comunicación no estamos para contar lo que quiere el Gobierno que contemos. Hacemos un flaco favor a la sociedad si convertimos nuestras portadas e informativos en una sucesión edulcorada de imágenes vacías, curvas impersonales y música del Dúo Dinámico. Queremos saber qué pasa con el material que no llega, por qué compramos pruebas que no funcionan, por qué hemos fallado, por qué nuestra sanidad ha colapsado, por qué está muriendo tanta gente, por qué no actuamos antes cuando pudimos...

Los periodistas y los medios de comunicación vivimos momentos tan difíciles como todos. Somos conscientes de que el daño económico de esta pandemia para el sector será en muchos casos irreparable por el hundimiento de la publicidad. Nos preocupa, como a todos, el presente y el futuro. Vivimos encerrados, tenemos amigos y familiares golpeados por la enfermedad; tenemos alquileres, hipotecas, hijos y personas mayores a nuestro cargo como cualquiera.

Nos podemos incluir en el grupo de los primeros interesados en que la crisis acabe cuanto antes. Queremos que las cosas vayan bien. Y al mismo tiempo, tenemos el deber y la obligación de informar sobre lo que está pasando. El coronavirus es la historia periodística de nuestras vidas, y la que va a marcar a toda una generación. La gente, recluida forzosamente en sus casas, nos está mirando más que nunca. No sirvamos a los intereses ideológicos y empresariales de esta trinchera infinita en la que se han convertido algunos medios de comunicación.

Es muy grave que el Gobierno no deje a los medios preguntar de forma directa. Es preocupante la falta de libertad para poner a los ministros frente al espejo de sus propias contradicciones. La verdad no está en las moralinas del presidente. Y tiene todo el derecho a hacerlas. La reivindicación de centenares de periodistas que firmaron un manifiesto para algo tan simple como poder preguntar sin que nadie del Gobierno filtre y seleccione las preguntas ha chocado con la negativa de La Moncloa a tomar las medidas que se reclaman.

No les hagamos el favor de comprar su propaganda.

Por Jorge Sainz

Publicado en Vozpopuli

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