Cuando en 1998 pisé los EEUU, de camino hacia Nuevo México para honrar la memoria de Juan de Oñate,  me quedé sorprendido en Florida junto con los soldados con los que viajaba ante la imponente mole del Castillo de San Marcos, poderosa fortaleza de corte renacentista fruto de la determinación defensiva española construida con más voluntad que piedras de la orilla del mar como cita el profesor Larrúa, que permaneció impasible como centinela durante más de tres siglos, vigilante y defensiva de los accesos a la ciudad más antigua de  Estados Unidos de América. Este es un buen momento para recordarles.

Por Coronel José Antonio Crespo-Francés y Dr. Salvador-Larrúa Guedes

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