Un militar del Opus Dei ofuscado por la ambición golpista

RICARDO PARDO ZANCADA nació el 3 de agosto de 1935 en Badajoz. Hijo de militar (alférez provisional combatiente en la Guerra Civil), ingresó en la Academia de Infantería de Toledo como educando de banda el 1 de noviembre de 1950. Juró bandera a la edad de 15 años.

Tras ingresar en la Academia General Militar en 1952, alcanzó el empleo de teniente de Infantería en 1956 y el de capitán en 1964.

Durante su carrera militar prestó servicio de forma sucesiva en el Regimiento de Carros de Combate “Alcázar de Toledo” nº 61, en el Tercio “Don Juan de Austria” (III de La Legión) y en la Escuela de Aplicación de Infantería. También estuvo destinado en el Regimiento de Infantería “Álava” nº 32, en la Subsecretaría del antiguo Ministerio del Ejército (adscrito al SECED) y en el Estado Mayor Central del Ejército. En el SECED, donde permaneció a las órdenes de José Ignacio San Martín entre 1972 y 1973, ocupó brevemente el puesto de secretario general adjunto.

A continuación fue destinado a la Academia de Policía Armada y, finalmente, a la División Acorazada “Brunete” nº 1, unidad en la que vivió los sucesos del 23-F.

Después de obtener el diploma de Estado Mayor del Ejército y de realizar diversos cursos de especialización profesional, se licenció en Ciencias de la Información (rama de Periodismo) por la Universidad Complutense. En paralelo con su actividad militar, en los prolegómenos del 23-F ejerció su carrera civil como redactor-jefe de la revista ultra conservadora “Reconquista” (tercera época), fundada por el Apostolado Castrense.

En aquella actividad editorial tuvo como subdirector a Eduardo Fuentes Gómez de Salazar y como director a Fernando Alcázar Sotoca, coronel del Ejército del Aire entonces jefe del Ala 35 de la Base Aérea de Getafe. El propio Alfonso Armada supervisó la publicación como miembro del Consejo de Dirección.

Pardo Zancada, hombre de fuertes convicciones religiosas y miembro del Opus Dei, al igual que el general Armada, alcanzó notoriedad pública por su implicación directa en el fallido golpe de Estado del 23-F. Durante su gestación ostentaba el empleo de comandante y se encontraba realizando el curso de Estados Mayores Conjuntos del CESEDEN, aunque destinado al mando de la II Sección del Estado Mayor de la División Acorazada “Brunete” nº 1, a las órdenes directas del coronel José Ignacio San Martín. De hecho, participó activamente tanto en las tareas previas planificadoras del suceso como en el desenlace final que tuvo en el Congreso de los Diputados.

El domingo 22 de febrero de 1981, se desplazó a Valencia para recibir instrucciones directas del teniente general Milans del Bosch preparatorias del golpe de Estado, transmitiendo al conjunto de los jefes de unidades de la “Brunete” el plan previsto y las acciones que correspondían a cada una de ellas (incluyendo la contraseña “la bandeja está grabada” que confirmaba la presencia del general Torres Rojas en la unidad para sumarse a la asonada). De esa forma tomó un importante protagonismo incluso en presencia de los militares de graduación muy superior implicados en la trama golpista.

Cuando el suceso estaba prácticamente abortado, en la madrugada del martes 24 de febrero se trasladó al Congreso de los Diputados al mando de 113 hombres de la Policía Militar de la DAC nº 1 para unirse al jefe de los asaltantes, el teniente coronel Tejero, en un intento casi desesperado de arrastrar a otros indecisos. La naturaleza de esta actuación, tan torpe como gratuita, permitió que algunos comentaristas la interpretaran más tarde con escasa objetividad como una reacción de “caballerosa solidaridad”. En ese contexto, también participó en la redacción del impresentable manifiesto final de Tejero.

Con independencia de que con anterioridad al 23-F Pardo Zancada ya fuera bien conocido como uno de los principales agitadores del “malestar militar”, y de los incidentes que se produjeron en varios funerales de altos mandos de las Fuerzas Armadas asesinados por ETA, también se le atribuyó pertenecer, junto a Eduardo Fuentes Gómez de Salazar, al colectivo “Almendros”. Una firma bajo la que se publicaron de forma reiterada artículos de claro matiz involucionista en el diario “El Alcázar”, que no dejaron de crear el ambiente previo y aparentemente justificativo de aquel intento golpista.

En el juicio del 23-F, el Consejo Supremo de Justicia Militar condenó al comandante Pardo Zancada, por un delito consumado de rebelión militar, a una pena de seis años de prisión, que el Tribunal Supremo elevó a doce años en abril de 1983. A mediados de 1985 se presentó un escrito, respaldado por 25.000 firmas, en el que se solicitaba su indulto y al que él mismo se adhirió de forma infructuosa. Finalmente, el 27 de septiembre de 1987, y tras acogerse a la reducción de penas por el trabajo hasta llegar a las tres cuartas partes de su condena, obtuvo la libertad condicional en aplicación de los artículos 246 y 247 del Código de Justicia Militar, previa propuesta favorable del Consejo Supremo de Justicia Militar.

Durante su estancia en prisión, el ya ex comandante Pardo Zancada cursó el doctorado en Ciencias de la Información con una tesis titulada “Derecho de Información y Fuerzas Armadas” que leyó en las mismas dependencias de la prisión militar de Alcalá de Henares (Madrid) rodeado de correligionarios del Opus Dei, obteniendo la calificación de sobresaliente cum laude.

Reintegrado a la vida civil, entre 1988 y 1994 ejerció como director de la revista “Iglesia Mundo”, presentando también entonces la versión en libro de su tesis doctoral (“Las Fuerzas Armadas y su derecho a la información”, Editorial Imprenta Aguirre, 1987). En 1999 se integró en el equipo redactor de la revista “MC”, editada efímeramente por Mario Conde y dirigida por el periodista Javier Bleda.

Es autor del libro “23-F: La pieza que falta” (Plaza & Janés Editores, 1998), presentado en su portada como “testimonio de un protagonista”, obra reditada y ampliada posteriormente con el título “23-F: Las dos caras del golpe” (Altera, 2005). La lectura de cualquiera de ellos (incluidos sus anexos) evidencia que, más allá de su afán auto exculpatorio, Ricardo Pardo Zancada siguió manteniendo vivas las ideas reaccionarias de su fracasada ambición golpista, en un juego descriptivo de si mismo y de sus compañeros de asonada realmente contumaz.

Quizás, el comentario más sutil y revelador de Pardo Zancada sobre el 23-F no se encuentre recogido en aquella obra. Lo hizo verbalmente en 1998 durante la presentación de su edición original, siendo inmediatamente reproducido por los periodistas Carlos Estévez y Francisco Mármol en su libro “Carrero: Las razones ocultas de un asesinato” (Ediciones Temas de Hoy, 1998):

 … Recientemente otro militar implicado en el intento de golpe del 23-F, el comandante Ricardo Pardo Zancada, quien también estaba en aquellas fechas en el SECED a las órdenes de San Martín, en la presentación de su libro “23-F: La pieza que falta” aseguró que en el transcurso del consejo de guerra de Campamento “sonó como un trallazo cuando el comandante Cortina (de los Servicios Operativos Especiales del CESID), al ser preguntado por la presencia de coches de los servicios aquella tarde en las inmediaciones del Congreso, respondió: También el día del asesinato de Carrero había coches en la calle”. Tras esa declaración que sonaba a clara amenaza, ningún miembro del Tribunal siguió insistiendo en el tema. Cortina resultó absuelto ante el asombro de todos…

Casado y padre de nueve hijos (dos de los cuales continuaron la tradición militar familiar), ha sido distinguido con dos Cruces de la Orden del Mérito Militar, con la Cruz de la Orden de Cisneros y con la Cruz de Caballero de la Orden del Mérito Civil.

 FJM (Actualizado 02/02/2009)

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