Un militar “duro”, subordinado a la Corona durante el 23-F

 

 

ANTONIO ELICEGUI nació el 24 de septiembre de 1915 en Zamora. Ingresó en la Academia de Infantería en diciembre de 1935, siendo sorprendido por el inicio de la Guerra Civil en su ciudad natal, donde se encontraba de vacaciones, alistándose de inmediato en las tropas alzadas contra la República.

En agosto de aquel mismo año fue promovido al empleo de alférez alumno del Arma de Infantería, incorporándose al Regimiento de Infantería “San Quintín”, con el que combatió en el alto de Los Leones de Castilla. Posteriormente fue destinado al Regimiento de Infantería “Toledo” destacado en el frente de Madrid (Casa de Campo, Cerro del águila, Ciudad Universitaria…), donde fue herido el 8 de mayo de 1937. Restablecido de sus heridas, tomó parte en la batalla de Brunete y, tras ser ascendido a teniente provisional en julio de 1937, y ser designado Ayudante de la Segunda Brigada de la División 11, volvió a entrar en combate en los frentes de Extremadura, Toledo y Madrid.

Concluida la contienda nacional, en la que fue herido por segunda vez, finalizó sus estudios militares en la Academia de Infantería de Zaragoza. En junio de 1941 se incorporó como voluntario en la denominada “División Azul”, encuadrada en la 250 División del Ejército alemán. Integrado en el II Batallón del Regimiento 262, ya con el empleo de capitán, fue herido de gravedad el 13 de octubre en la posición “Alcázar” del frente Norte, siendo hospitalizado en Königsberg (Prusia Oriental).

Antonio Elicegui fue condecorado con dos Cruces de Hierro: el 25 de octubre de 1941 con la de Segunda Clase y el 18 de abril de 1942 con la de Primera Clase. También fue el primer combatiente de aquella expedición militar distinguido con una “Cruz de Hierro”; mérito alcanzado previamente (el 21 de agosto de 1941) por el teniente de Caballería José Acosta Lainez, cuando se encontraba destacado en el frente Este como ayudante del Grupo de Exploración 250,  en la VIII Compañía Ciclista del “Grupo Lang” (I División Alpina), para “familiarizarse” con los nuevos procedimientos de combate de la Werhmacht, pero antes de que la propia División Azul entrara en combate en el frente del Wolchow.

Werner Lahne, corresponsal de guerra alemán, narró en la prensa germana el episodio vivido por Elicegui, quien ya había recibido dos heridas en la Guerra Civil y ostentaba la medalla de Sufrimientos por la Patria, en los siguientes términos:

… El comandante de la compañía (sic) contempla la llama de fuego que ilumina pobremente el “Alcázar” [así había bautizado simbólicamente su puesto de mando]. Se oyen silbar proyectiles --sí, siempre lo mismo--, diablo. ¡El enemigo se echa encima! El grito de un camarada herido sobresalta al capitán. Sale rápidamente del refugio y atraviesa el fuego enemigo. Salva al soldado herido, pero al mismo tiempo, una granada estalla al lado y el oficial cae al suelo.

Aquella misma noche los cirujanos alemanes le extraen la metralla alojada en la grave herida de la pierna izquierda. Cuando Antonio Elicegui Prieto se entera, sonríe. Es la tercera vez que le hieren en el mismo sitio. Casualidades de la vida. Inesperadamente llega, acompañado de Muñoz Grandes, el general alemán, quien le entrega en nombre del Führer y del Comandante en Jefe de las Fuerzas del Reich, la Cruz de Hierro. Orgullosamente contempla Antonio Elicegui Prieto la recompensa ganada.

Repatriado el 24 de mayo de 1942, Elicegui ascendió a comandante en marzo de 1945, ingresando en octubre de ese mismo año en la Escuela de Estado Mayor del Ejército para obtener el diploma correspondiente en 1948. A continuación, prestó servicio en el Estado Mayor de la Capitanía de Zaragoza hasta 1955, siendo designado entonces jefe de Distrito de la IPS hasta que en 1957 es ascendido al empleo de teniente coronel.

Con ese empleo, se trasladó a Jaca para desempeñar la jefatura de las Unidades de Instrucción de la Escuela Militar de Montaña, obteniendo en julio de 1960 el diploma para el Mando de Tropas de Esquiadores-Escaladores. En octubre de 1960 fue nombrado jefe de Estado Mayor de la Agrupación de Montaña nº 4, con base en Zaragoza, hasta obtener el ascenso a coronel en 1967, realizando entonces el Curso Básico para Mandos Superiores en la Escuela Superior del Ejército, que culmina con la calificación de sobresaliente.

A continuación,  fue destinado de nuevo a la Escuela Militar de Montaña como segundo jefe, pasando en abril de 1968 a mandar el CIR nº 10, hasta ser nombrado jefe de Estado Mayor de la División de Montaña “Urgel” nº 4 en abril de 1969. En febrero de 1970 fue designado coronel-jefe del Regimiento de Infantería “Las Navas” nº 12, mando que desempeñó hasta ser promovido a general de brigada en septiembre de 1971, ocupando entonces la jefatura de Estado Mayor de la VII Región Militar (Valladolid) y después la de la V Región Militar (Zaragoza).

El 28 de noviembre de 1975 ascendió a general de división, empleo con el que fue nombrado  Gobernador Militar de las Palmas y segundo jefe de Tropas del Archipiélago canario, destino en el que se mantuvo hasta ser promovido a teniente general  el 15 de diciembre de 1978, siendo designado entonces capitán general de la V Región Militar.

Poco después, en mayo de 1979, Elicegui tuvo que soportar, junto a los capitanes generales de Valencia (Milans del Bosch) y Canarias (González del Yerro), la humillación profesional a la que les sometió Gutiérrez Mellado, a la sazón Vicepresidente Primero del Gobierno para Asuntos de la Defensa, ignorando la propuesta del Consejo Superior del Ejército para extraer de aquella terna de tenientes generales experimentados el nombre del nuevo Jefe de Estado Mayor del Ejército (JEME) que debía sustituir a Tomás de Liniers y Pidal, cargo que él prefirió asignar, sin más mérito para ello que el de su favor personal, al general de división José Gabeiras. Aquella decisión incrementó sin duda el malestar castrense ya existente por otras cuestiones (sobre todo el procedimiento seguido en la legalización del PCE), realimentando también un itinerario político más complicado que terminaría conduciendo al 23-F.

Lo cierto es que, a continuación, sería uno de los capitanes generales más beligerantes con el presidente del Gobierno, Adolfo Suárez. De hecho, Elicegui formó parte del cuarteto que protagonizó la “escena de la pistola”.

Es bien conocido que cuando el entorno de tensión político-militar amenazaba seriamente la transición española, el Rey llamó a Adolfo Suárez al palacio de la Zarzuela, contemplando ya la conveniencia de ejercer su capacidad legal de relevarle al frente de la Presidencia del Gobierno, y éste es introducido a su presencia, le encontró acompañado de los capitanes generales de Valencia, Valladolid, Sevilla y Zaragoza, todos ellos “vencedores” en la Guerra Civil y curtidos en la División Azul. En ese momento, Su Majestad abandonó “oportunamente” la estancia con la excusa de una llamada telefónica, momento que los generales conminaron a Suárez para que presentara su dimisión dada su incapacidad para gobernar.

Suárez les contestó extáticamente: ¿Dénme una razón para que yo dimita? Entonces fue Pedro Merry Gordon quien, sacando una pistola y colocándola sobre la mesa, le respondió: ¿Le parece bien esta razón? El Rey se incorporó de inmediato a la reunión, como si nada hubiera pasado. Tras aquella lamentable entrevista, Suárez terminó presentando su dimisión.

No obstante, durante el 23-F su comportamiento estuvo en todo momento subordinado a las instituciones competentes del Estado y, por supuesto, a las directrices de la Corona. De hecho, y con independencia de las conversaciones que ese día mantuvo con otros capitanes generales, además de coordinarse con el Rey y con el JEME, también lo hizo con Francisco Laína, que presidía la denominada “Comisión Permanente de secretarios de Estado y de subsecretarios” (un inoperante gobierno interino formado para evitar un vacío formal de poder que hubiera podido facilitar la asonada militar), de forma constructiva y decisiva para evitar que éste ordenara el desalojo forzado del Congreso de los Diputados. Laína se encontraba al frente del Gobierno Civil de Zaragoza cuando él se incorporó a la Capitanía General en diciembre de 1978, manteniendo ambos desde entonces una relación de mutua confianza.

Su comportamiento fue especialmente significativo porque varias unidades operativas de la División Acorazada “Brunete” (tres batallones de carros de combate y un grupo de artillería autopropulsada) se encontraban desplegadas en el Campo de San Gregorio en orden de maniobra, teóricamente dispuesta para marchar sobre Madrid y unirse al pronunciamiento de Milans del Bosch, razón por la que su adhesión al Rey nada más hablar con él a las 8 de la tarde fue decisiva para truncar cualquier expectativa golpista.

Previamente, al conocer la situación desencadenada con el asalto del teniente coronel Tejero al Congreso de los Diputados, que conllevó el bando de Milans del Bosch en la III Región Militar, ordenó el acuartelamiento preventivo de las unidades bajo su mando, salvo las que daban apoyo a la X Universiada de Invierno (Juegos Universitarios) entonces celebrada en Jaca. Esta circunstancia, acorde con la lógica militar hasta la aclaración de los hechos, fue aprovechada por el general Luis Pinilla, a la sazón director de la Academia General Militar, para hacer gala de un casi paranoico celo democrático. Incluso con el 23-F felizmente concluido, siguió intoxicando a varios comentaristas contra su superior jerárquico, a quien llegó a acusar veladamente de golpista ante el propio rey Juan Carlos, cuando nadie mejor que éste conocía su disciplinado comportamiento, en un ejercicio de oportunismo y deslealtad verdaderamente mal visto en el entorno castrense.

Antonio Elicegui pasó de forma reglamentaria a la situación de reserva el 11 de septiembre de 1981. Casado con Isabel Motis Ainoza y padre de cuatro hijos, fue distinguido con numerosas condecoraciones, apreciando de forma especial su título de Caballero Mutilado de Guerra por la Patria.

 

FJM (Actualizado 05/09/2011)

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