Autores: Lorenzo Silva y Luís Miguel Francisco

Categoría: Historia

Editorial: Crítica

378 Págs.

El 4 de abril han cumplido 10 años de la batalla de Nayaf, en la que un grupo de milicianos del Ejército de al-Mahdi atacó en Irak la base española Al-Ándalus. Con motivo de este aniversario, la editorial Crítica reedita 'Y al final, la guerra', un libro de Lorenzo Silva y Luis Miguel Francisco en el que explican el antes y el después de este ataque y de los soldados que se vieron involucrados en él.

Fue a finales del año 2004 cuando se fraguó un proyecto que comenzó con los primeros meses de 2005, entonces surgió la idea de escribir un libro que contara los hechos de la forma más completa posible, sin omitir la información relevante del contexto, pero, sobre todo, desde el punto de vista de los protagonistas.

En esta ocasión podían acudir a ellos de forma directa. ”Al escribir este libro lo hacemos con el convencimiento de escribir historia, una historia cargada y especial, como lo son todas, y ésta más porque todavía es una historia viva, con personajes que deambulan y se emocionan narrándola porque es algo que pertenece a sus vidas. Nosotros sólo hemos tenido que unir el puzzle de los testimonios con más o menos fortuna. Lo que da valor a este episodio es el hombre, y en particular el hombre como soldado arrojado a la batalla”, aseguran los autores en el prólogo.

El resultado fue un trabajo de reelaboración y reescritura realizado por los dos autores, con el aporte de las puntualizaciones hechas por los entrevistados en las partes del relato que detallan las vivencias de cada uno, además de la descripción del armamento, la organización y el combate.

Ahora, 10 años después del ataque a la base de Al-Ándalus, se reedita esta historia sobre las aventuras de las tropas españolas en Irak. Una nueva edición reescrita, revisada y con material inédito que cuenta con más de un centenar de entrevista a militares y a observadores españoles desplegados en Nayaf, además de otros documentos militares y periodísticos.

La batalla de Nayaf

Como explica uno de los autores, el punto de inflexión de la misión para el contingente español en Irak se produjo el 4 de abril de 2004, con la que bien podría llamarse batalla de Nayaf, la acción armada más importante vivida por las tropas españolas en el último medio siglo, cuando los insurgentes del llamado Ejército del Mahdi, la milicia chií dirigida por el ayatolá Muqtada Al Sadr, asaltaron en fuerza la Base Al Ándalus, en Nayaf. Un incidente que tuvo unos antecedentes que de nuevo es ilustrativo recordar, para comprender mejor la dinámica y el resultado de aquella intervención.

Desde meses antes se venía observando en Nayaf, y más concretamente en la mezquita de Alí, lugar santo para los chiíes, la presencia de tribunales islámicos que aplicaban la sharia, y con los que Muqtada Al Sadr iba extendiendo su poder sobre la población. Los norteamericanos exhortaban a la Brigada bajo mando español a neutralizarlos. Por lo delicado del contexto, la operación que se diseñó al efecto, y que se programó finalmente para el 20 de febrero de 2004, dejaba todo el protagonismo a la policía iraquí, a fin de no producir el agravio que representaría la entrada de soldados extranjeros e infieles en recintos sagrados.

Sin embargo, a la hora de la verdad, la policía iraquí, muy infiltrada por la insurgencia chií, se negó a actuar. En ese momento, el general en jefe norteamericano, Ricardo Sánchez, ordenó al general español, Coll, que utilizara sus tropas para forzar la situación. Era el modus operandi habitual de los estadounidenses, que seguían sintiéndose en guerra, y que cuando encontraban resistencia (así lo demostraron en Faluya, por ejemplo) atacaban con contundencia y con todo lo que tenían.

Coll llamó a Madrid para consultar con sus superiores del Ministerio de Defensa, quienes le preguntaron si en la acción se podían producir bajas. Coll, militar experimentado y conocedor del terreno que pisaba, no tuvo más remedio que admitir esa probabilidad. Desde Madrid, en plena campaña electoral, se denegó el permiso. Cuando los norteamericanos supieron que los españoles se retiraban, montaron en cólera. Y decidieron tomar las riendas de la situación.

Los Navy SEAL, los mismos que años después se cobrarían a Bin Laden, lanzaron en la madrugada del 3 de abril una operación nocturna sobre Nayaf que llevó a la captura de Al Yacubi, el lugarteniente de Muqtada en la ciudad. Sus seguidores, que imputaron la acción a las tropas españolas, acudieron encolerizados a la Base Al Ándalus para exigir su liberación. Los españoles, desconocedores de aquella acción norteamericana en el territorio teóricamente bajo su responsabilidad, negaron su participación en la caza del hombre con el que, justamente, habían estado negociando hasta fechas recientes para controlar la situación.

De nada sirvió. En la mañana del 4 de abril se inició el asalto a la base, que duró todo el día y que obligó a los 200 españoles que componían la guarnición a usar sus armas hasta casi agotar las municiones. La columna al mando del alférez Guisado hubo de hacer dos salidas, a través de una ciudad hostil, para rescatar a los soldados salvadoreños que habían quedado atrapados en sus calles, lo que les llevó a vivir escenas dignas de Black Hawk Derribado, avanzando a toda velocidad con sus blindados mientras ametrallaban las azoteas desde las que se les hacía fuego de fusilería y lanzagranadas.

A lo largo del día se recibieron refuerzos de unidades norteamericanas, mercenarios de Blackwater que se unieron a los que estaban en la base, señaladores de blancos de los Marines y helicópteros Apache que se emplearon a fondo contra los insurgentes, igual que hubieron de hacer los blindados españoles del regimiento Farnesio que defendían el perímetro. En el combate intervinieron también tiradores de precisión españoles, que causaron entre los insurgentes un número indeterminado de bajas, no pocas: un disparo de francotirador suele equivaler a un muerto. De todos estos aspectos, y de cómo se vivió la batalla desde el lado iraquí, gracias a un vídeo requisado semanas después por los norteamericanos a los insurgentes, se ofrece abundante información inédita en el libro.

A partir de ahí, ya nada fue igual, hasta la retirada. Si hasta ese momento se había podido trabajar en la seguridad y la reconstrucción, desde entonces los españoles no hicieron más que sufrir emboscadas y ataques con morteros sobre sus bases, que hubieron de repeler como las acciones de ese tipo requieren: con un talante muy alejado del propio de la misión de paz, y con la tensión del combatiente que anda ojo avizor y una y otra vez ha de matar para que no le maten.

Es en este contexto en el que hay que situar el trato a los prisioneros en Base España, con el escándalo que produjeron las imágenes de malos tratos difundidas en marzo de 2013 por El País. Aunque no tenemos pruebas para señalar a los culpables de aquella acción, sometida a una investigación judicial todavía en curso, en el libro se describe con detalle todo el protocolo de trato a prisioneros, incluidas esas capuchas que tanto llaman la atención. En frío puede parecer inhumano ponerle una capucha a alguien para que no vea dónde está, pero si se tiene en cuenta que el detenido es sospechoso de bombardear con morteros la base en la que está detenido, se entenderá mejor que no se le facilite averiguar su disposición interior. La capucha, de tela bastante porosa, lo impide, permitiéndole respirar.

Con todo, en este capítulo quedan aún puntos por aclarar: además de los malos tratos del vídeo, las denuncias de torturas realizadas por Flayeh Al Mayali, el contratista y traductor acusado de colaborar en el asesinato de los siete agentes del CNI y que tras pasar una temporada en Abu Ghraib fue liberado por los norteamericanos. Al Mayali ha difundido, principalmente a través del reportero Gervasio Sánchez, su versión de los hechos, que también se recoge, pero en esta reedición se ofrece por primera vez el testimonio de los militares españoles bajo cuya responsabilidad se hallaba la custodia de detenidos en Base España y que lo trataron durante su detención. Entre una y otra, corresponde al lector formarse su juicio.

Felipe Sahagun comentó en El Cultural respecto al libro:

“Sus fuentes son más de cien entrevistas con militares y abundante documentación de la misión facilitada por los mandos u obtenida de medios de comunicación. El resultado es un libro informativo, sin ánimo de polémica. Cuando critican, los autores lo hacen con diplomacia y moderación. “La actuación de las tropas españolas fue digna, en un escenario muy complejo y con directrices políticas y recursos cuando menos mejorables”, concluyen. “Aunque algunos quisieran ocultarlo, en Irak hubo combates en toda regla (de las tropas españolas)”.

En la primera mitad del libro se describen las primeras bajas, el escenario, las improvisadas directrices, las mentiras, las medias verdades y los escasos recursos. En la segunda parte, los combates más importantes librados por las fuerzas españolas en las últimas semanas de su misión. El pulso del relato es muy desigual. La descripción de la emboscada del 29 de noviembre en Al Latifiya, con la que se abre el libro, me recuerda por su fuerza escenas de Nacido el 4 de julio o de Salvar al soldado Ryan.

Lo mejor del texto es la mezcla suave, sin rupturas bruscas, de lo particular y de lo general. Son de agradecer, aunque escasas, las breves reflexiones personales sobre la vida militar, el sentido del deber, el espíritu de sacrificio y la importancia del factor humano.

El 3 de abril de 2004 es una fecha decisiva. Sin informar a España, unidades especiales SEAL (siglas de tierra, mar y aire) de los EE.UU. detienen en Nayaf, zona de responsabilidad española y capital del chiísmo iraquí, al clérigo Mustafa Yaffa Al Yacubi, lugarteniente de Muqtada Al Sadr, el principal señor de la guerra en la zona. “Para el general Coll y todo su Cuartel General aquella actitud fue lo más parecido a un patada en los huevos”, escriben los autores (p. 202). Los medios de comunicación estadounidenses, empezando por la CNN, acusaron a las tropas españolas y se desató el pandemónium.

Las ciento cincuenta páginas siguientes son una sucesión de combates, atentados, intervenciones, asaltos fallidos a las bases españolas y centroamericanas, y operaciones de rescate. “Con la jugada de la detención de Al Yacubi, los norteamericanos han hecho saltar por los aires la política española de diálogo y han arrojado a la Plus Ultra de lleno en la guerra” (p. 214). El coronel Asarta, uno de los héroes del libro, lo reconoce: “Habíamos conseguido que el Mahdi en Kufa estuviera reducido a la mezquita, fuera de las calles”. Tras la detención de su número dos, sus seguidores se levantaron en armas, se adueñaron de Nayaf y –con armas muy desiguales y una densa niebla informativa– pusieron a las fuerzas españolas en situaciones límite. Fue milagroso que no sufrieran muchas más bajas.

Nadie, ni los autores ni los militares que se han confesado con ellos, reconoce abiertamente lo que muchos sospechamos entonces: que el Pentágono hizo trizas ocho meses de trabajo de España en Irak, poniendo en peligro muchas vidas, en represalia por la decisión de Rodríguez Zapatero, tras su victoria electoral del 14-M, de retirar las fuerzas españolas.

Reflexión final: con amigos como estos, no necesitamos enemigos."

Perfil de los autores

LORENZO SILVA (Madrid, 1966) ha escrito, entre otras, las novelas La flaqueza del bolchevique (finalista del Premio Nadal 1997), Noviembre sin violetas, La sustancia interior, El urinario, El ángel oculto, El nombre de los nuestros, Carta blanca (Premio Primavera 2004), Niños feroces y la Trilogía de Getafe, compuesta por Algún día, cuando pueda llevarte a Varsovia, El cazador del desierto y La lluvia de París. Es autor del libro de relatos El déspota adolescente y del libro de viajes Del Rif al Yebala. Viaje al sueño y la pesadilla de Marruecos. En 2006 publicó junto a Luis Miguel Francisco Y al final, la guerra, un libro-reportaje sobre la intervención de las tropas españolas en Irak, en 2008 un ensayo sobre El Derecho en la obra de Kafka y en 2010 Sereno en el peligro. La aventura histórica de la Guardia Civil (Premio Algaba de Ensayo). Además, es autor de la serie policíaca protagonizada por los investigadores Bevilacqua y Chamorro, iniciada con El lejano país de los estanques (Premio Ojo Crítico 1998) y a la que siguieron El alquimista impaciente (Premio Nadal 2000), La niebla y la doncella, Nadie vale más que otro, La reina sin espejo y La estrategia del agua.

LUIS MIGUEL FRANCISCO (Madrid, 1973). Militar retirado. Ha participado en cuatro misiones internacionales. Tiene publicados seis libros y decenas de artículos sobre conflictos bélicos, aunque también ha escrito y escribe literatura. Es miembro de la Asociación de Militares Escritores. Colabora y dirige diferentes proyectos culturales que tienen como protagonista al soldado. Para él Y al final, la guerra fue el mejor aporte que hizo al ejército en sus veintidós años de servicio activo.

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