Roma, Rusia, Estados Unidos y el Imperio español

Autor: María Elvira Roca Barea

Editorial: Siruela

Categoría: Historia

Páginas: 460

La imperiofobia es una forma de racismo. Así de claro lo tiene María Elvira Roca Barea, doctora en Literatura Medieval, y así lo recoge en Imperiofobia y leyenda negra. Roma, Rusia, Estados Unidos y el Imperio español. Con esa palabra se da nombre al rechazo que provocan esos pueblos que fueron capaces de crear un imperio. Al hablar de leyenda negra, directamente pensamos en la hispanofobia, pero en este libro también se habla de Roma, Rusia, Estados Unidos y -finalmente- del Imperio español.

Del imperium al imperialismo, no es solo cosa nuestra: el fenómeno que llamamos leyenda negra no es algo extraño en la historia, sino más bien frecuente. Como señala la doctora María Elvira Roca Barea:

Los españoles hemos creído durante décadas que este enojoso asunto era un rasgo exclusivo de nuestra historia. Nada más lejos de la realidad. Las leyendas negras son como el principio de acción y reacción de la física aplicada a los imperios.

María Elvira Roca Barea acomete con rigor en este volumen la cuestión de delimitar las ideas de imperio, leyenda negra e imperiofobia. De esta manera podemos entender qué tienen en común los imperios y las leyendas negras que irremediablemente van unidas a ellos, cómo surgen creadas por intelectuales ligados a poderes locales y cómo los mismos imperios la asumen. El orgullo, la hybris, la envidia no son ajenos a la dinámica imperial. La autora se ocupa de la imperiofobia en los casos de Roma, los Estados Unidos y Rusia para analizar con más profundidad y mejor perspectiva el Imperio español. El lector descubrirá cómo el relato actual de la historia de España y de Europa se sustenta en ideas basadas más en sentimientos nacidos de la propaganda que en hechos reales.

La primera manifestación de hispanofobia en Italia surgió vinculada al desarrollo del humanismo, lo que dio a la leyenda negra un lustre intelectual del que todavía goza. Más tarde, la hispanofobia se convirtió en el eje central del nacionalismo luterano y de otras tendencias centrífugas que se manifestaron en los Países Bajos e Inglaterra. Roca Barea investiga las causas de la perdurabilidad de la hispanofobia, que, como ha probado su uso consciente y deliberado en la crisis de deuda, sigue resultando rentable a más de un país. Es un lugar común por todos asumido que el conocimiento de la historia es la mejor manera de comprender el presente y plantearse el futuro.

María Elvira Roca Barea analiza los tópicos difundidos desde el siglo XVI según los cuales España sería un país bárbaro y atrasado, va ya por su sexta edición. La autora sostiene que "se ha convertido en una especie de libro de autoayuda para españoles con la autoestima dolida que son todos en realidad. Porque son siglos de propaganda acumulada que se han terminado transformando en una versión del Imperio español y de España que todos hemos aceptado."

. Roca sostiene que lejos de ser un fenómeno superado la leyenda negra está muy presente. "En la crisis de la prima de riesgo la prensa inglesa y la alemana han manejado esos tópicos porque existe un estado de opinión pública en Europa según el cual España es un país inseguro, atrasado, gente con propensión a la barbarie etc. Uno alienta eso un poco. Lo remueves-explica- y te encuentras con un caldo de cultivo que te permite subir la prima de riesgo de una manera extraordinaria".

El imperio español ocupó 20 millones de kilómetros cuadrados y se mantuvo durante tres siglos, por extensión sería el cuarto más importante detrás del británico, el mongol y el ruso. La autora sostiene que sólo los imperios útiles se mantienen. "Los imperios si no consiguen dar más de lo que quitan no se consolidan, se transforman en una aventura que dura una generación como el de Napoleón o el de Alejandro Magno. Para que un imperio se consolide tiene que convertirse en una herramienta, en un mecanismo de integración de gentes distintas. Todos los imperios son multinacionales y consiguen aglutinar a esa gente e incorporarlos a un sistema de vida común que en general mejora su vida. En el periodo central de todos los imperios hay crecimiento demográfico, mejoras en las ciudades, en las comunicaciones etc".

¿Entonces por qué reciben tantas críticas los imperios? Según defiende la autora de Imperiofobia y leyenda negra, su expansión choca siempre con oligarquías previamente instaladas que responden atacando. En el caso del español el movimiento empezó en Italia dónde se establecen las bases de la hispanofobia. Se habla de la inferioridad de la raza por haberse mezclado con los judíos, los españoles serían por tanto marranos, impuros. Después se señala su incultura, su barbarie, se hace hincapié en que se mueven sólo por el deseo de riqueza y en que sus costumbres son licenciosas. Un modelo similar seguirán los nacionalismos germánicos y los historiadores ingleses. "Durante el periodo Victoriano -comenta la autora- se reescribe toda la historia de Europa a mayor gloria del imperio británico y desde luego en ella tenían que estar los españoles con todas sus maldades".

La leyenda negra de España tiene dos momentos álgidos. La inquisición y la conquista de América. "La Inquisición por supuesto era una realidad -explica Roca- pero se trataba de una institución pequeña, que tenía pocos recursos y no era capaz de provocar los miles de muertos que se le han achacado.  Su gestión de la intolerancia fue mucho más benigna que la de los territorios británicos o los principados luteranos. La Inquisición tiene la gran ventaja de haber sido una institución extraordinariamente burocratizada. Hay quintales de documentos, por ejemplo entre 1560 y 1700 fueron condenadas a muerte 1.346 personas. Hay que entender que la Inquisición no solo juzgaba la herejía religiosa o la disidencia religiosa sino que entendía de delitos que hoy también lo son, como la pederastia, el tráfico de personas, la falsificación de monedas... De esos 1300 muertos si viéramos las condenas la mayor parte serían por delitos que hoy también se consideran como tal y sin embargo lo interesante es como siendo pequeña se la ha transformado en esa inmensidad".

Como ejemplo de error histórico la historiadora señala el caso de Galileo. Cuando en 2009 para celebrar el cuarto centenario de la invención del telescopio se preguntó a los estudiantes universitarios por Galileo el 90% pensaba que fue torturado y muerto por la Inquisición. En realidad la condena de Galileo, obra de la Inquisición Romana, fue de prisión perpetua, sustituida después por arresto domiciliario.

En el caso de la conquista de América, María Elvira Roca niega que existiera un genocidio. "La conquista -sostiene- se basó en pactos con los indígenas. Los españoles siempre fueron muy pocos. La capacidad de trasportar población desde la Península Ibérica hasta América era muy limitada. El Archivo de Indias habla de 250.000 españoles desplazados como máximo hasta 1700, entonces América estaba ya llena de ciudades muy pobladas. ¿De dónde sale esa población? Es población indígena. Los españoles, claro que guerrearon, pero guerreaban y pactaban e incorporaban esas poblaciones, sino hubieran imperado sobre los desiertos porque no había españoles suficientes para poblar América".

María Elvira Roca mantiene que luchar contra la leyenda negra es para España casi una batalla perdida pero no se resiste a asumir la derrota de antemano. "La derrota decía Cervantes es patrimonio de las almas nobles, por lo menos hay que ir a la pelea aunque le derroten a uno".

La autora primero rastrea el origen de la Leyenda Negra dentro de una actitud amplia de rechazo y denigración de los imperios, empezando por Roma hasta el norteamericano. Luego identifica los contenidos básicos de esta construcción propagandística contra toda potencia hegemónica -barbarie, codicia, fanatismo religioso, violencia- y explica cómo se han atribuido tales culpas a los españoles -genocidio americano, Inquisición, militarismo, racismo, incultura-. Y por fin denuncia la vigencia de la Leyenda Negra con unos rasgos muy nítidos desde la Ilustración hasta nuestros días, un prejuicio cuya particularidad más singular, y que a la vez le dota de eficacia, es que no solo pervive entre quienes la crearon -extranjeros-, sino que se pasea con buena salud entre los propios españoles, que nos la creemos.

Eso es lo más penoso y peligroso, según Roca, que hayamos asumido los tópicos que se reprochan a la historia de España. Según su argumentación, fueron los humanistas italianos, alemanes y flamencos quienes forjaron la propaganda antiespañola en reacción contra la potencia dominadora en ascenso. Luego los protestantes de todo lugar unieron España y catolicismo porque necesitaban demonizar a sus enemigos. Después actuaron las potencias rivales, Inglaterra, Holanda y Francia, celosas de un imperio transcontinental envidiado. Y para remate ayudaron a la Leyenda los Estados Unidos cuando se lanzaron a sustituir a España en América.

Historiar prejuicios es delicado porque supone estudiar medias verdades, las mentiras más persuasivas. Para ello Roca lidia sin miedo con literatura de diversa naturaleza, manipulaciones más o menos hábiles y colaboradores ingenuos o malintencionados, pues de todo hubo. Hay que reconocer que frente a los notables éxitos de la propaganda extranjera y protestante, las respuestas españolas y católicas tuvieron mínima repercusión.

Lo más lamentable, según la autora, es el proceso de interiorización de la Leyenda Negra, que arranca de la abrumada reacción ante el llamado desastre de 1898. Sin embargo, la pérdida de Cuba y Puerto Rico no fue más que el certificado de defunción de un imperio ya fenecido. Las elites intelectuales y políticas de entonces, en lugar de buscar en ellos mismos y en la historia reciente las causas de la liquidación, optaron por lo más fácil, que fue achacar el colapso del imperio a quienes lo habían puesto en pie en el siglo XVI y XVII, y de ahí que asumiesen los puntos principales de la Leyenda Negra. Por pereza intelectual y por intereses ideo- lógicos la propaganda vence a la historia.

Perfil de la autora

MARÍA ELVIRA ROCA BAREA ha trabajado para el Consejo Superior de Investigaciones Científicas y enseñado en la Universidad de Harvard. Ha publicado varios libros y artículos en revistas especializadas, también ha dado conferencias dentro y fuera de España.

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