El veto de los pueblos

Autor: Jorge Vestrynge

Categoría: Filosofía Política

Editorial: Intervención Cultural – El Viejo Topo

Nº de páginas: 160 págs.

Verstrynge aborda aquí la palabra de moda: Populismo. Una palabra que significa cosas distintas según quien la emplea y según quien la lee o escucha. Para algunos, se trata de llevar la democracia más allá de los límites de la vigente democracia representativa; para otros, es simplemente un sinónimo de fascismo. ¿Cómo es posible que ese concepto, “populismo”, dé lugar a interpretaciones tan dispares? ¿Es populista Podemos? ¿Es populista Trump? Un partido que se autodenomina Popular, ¿es populista?

En este texto Jorge Verstrynge nos dice qué es y qué no es populismo y clarifica cuál es el sentido que hay que dar a esa palabra, huyendo de manipulaciones interesadas, y eliminando qué ha de entenderse –y qué no– cuando es utilizada.

"No es un fin; es un medio, un instrumento". En el año 1994, Verstrynge era de los pocos que escribía ya sobre el populismo y la importancia que podría cobrar en las sociedades modernas. Más de 20 años después, con el concepto, no siempre claro, en boca de todos, busca sumergirse en él para explicar lo que le está pasando al mundo de un tiempo a esta parte.

La reciente publicación del libro Populismo, el veto de los pueblos (El Viejo Topo, 2017) ha sido la excusa perfecta del politólogo para reafirmarse en aquello que pregonaba hace décadas y el artefacto ideal para intentar explicar a los neófitos dónde hunde sus raíces el -ismo de moda, al que en una primera aproximación académica y en entrevista para este medio define así: "Es la reivindicación de un grado mayor de democracia, de un grado mayor de participación del pueblo".

Aunque sus usos se pueden remontar a la Grecia Clásica o al Imperio Romano, el entrevistado trae al populismo al presente de la mano del siempre inevitable Jean-Jacques Rousseau y su golpe de Estado ideológico contra lo establecido. Se busca "la capacidad del pueblo de gobernarse a sí mismo, de sobrevivir y no ser eliminado". Para contrarrestarlo, dice, se inventaron la democracia representativa. "Pero eso no es democracia, es otro rollo", subraya antes de avisar: "El populismo es algo que va a ir a más".

Cuando se le pregunta por nombres propios, Verstrynge aparca por un momento a los Trump, Le Pen o Podemos -se reafirma en que todos ellos son populismos- de la actualidad y viaja hasta la Francia del general Charles De Gaulle y la Venezuela del comandante Hugo Chávez para explicar que todos ellos, los populistas de antes y los de ahora, sin distinción, defienden "una mayor intervención del Estado".

Respecto a los dos nombres castrenses, con el primero concitando a los de arriba y los de abajo en pos de la nación francesa y con el segundo apelando a los de abajo como arma de cambio, el profesor enumera los rasgos comunes de populismo entre ambos: "Desconfianza hacia la clase dirigente existente hasta el momento, son dos militares rebeldes, defienden una economía de mercado pero protegida, propugnan una identidad nacional, abogan por la autosuficiencia alimentaria del país y tanto el uno como el otro recurren en todo momento al pueblo".

También ambos establecerán un sufragio universal directo en una homónima Constitución de la V República, "si bien Chávez llegó más lejos con el derrocamiento del mandato imperativo a través del referéndum revocatorio", soslaya un Verstrynge que tira de este hilo para llegar a Podemos. Amigo y consejero de Pablo Iglesias, autor a la sazón del prólogo de su libro, Verstrynge, que está en la órbita del partido morado, concibe a esta formación como genuinamente populista y como el "tapón" que "ha impedido que en España brote un populismo de derechas" que sí ha germinado en otros países de Europa.

"Hay gente de derechas que agradece en Podemos la reivindicación españolista. De hecho, lglesias es un nacionalista español", suelta, sin despeinarse, tras asociar sin vacilaciones populismo y nacionalismo. En este sentido, habla de que en la política española actual sólo el líder de Podemos tiene sentimiento de "patria".

El politólogo descarta al conservador François Fillon -pese a autodefinirse como el único 'gaullista'- y al socioliberal Emmanuel Macron como populistas, dejando esta etiqueta tanto para el Frente Nacional de Marine Le Pen como para la Francia Insumisa de Jean-Luc Mélenchon, cercano a Iglesias y a Podemos. Aunque en teoría están en las antípodas, extrema derecha y extrema izquierda, Verstrynge asevera que únicamente hay dos diferencias rotundas entre ambos: la posición ante la inmigración y el euro, defendiendo curiosamente Le Pen la salida de la moneda común mediante referéndum y Mélenchon, "como Podemos", la permanencia. Estas concomitancias se las explica el entrevistado en la existencia de "populismos, en plural", categorizándose éstos, principalmente, en uno "de izquierdas" y en otro "de derechas".

Pese a este matiz, Verstrynge llama a la puerta de Jacques Sapir, "el asesor francés" del presidente ruso, Vladimir Putin, y hace mención a una posible Internacional Populista en la que ambos lados -aquí también cabría Trump, según el entrevistado- compartirían mesa.

También atisbará el politólogo un punto de encuentro en el ya citado al principio papel del Estado: "No conozco a ningún populista, de derechas o izquierdas, que no defienda acabar con los desahucios, el derecho a la vivienda, a la Educación gratuita, a la Sanidad Universal y gratuita".

Para el autor, los del sistema obedecen a lo que el sistema les pide. Y el sistema les pide que, ya que le ha salido un enemigo cuando hasta ahora no tenía ninguno, pues hay que eliminarlo. Pero no lo va a lograr. Los populistas tienen unas características comunes en todos los países de Europa: son soberanistas, lo que significa que quieren que el pueblo sea dios en su país, que las tradiciones del país sean mantenidas y no avasalladas por la mundialización. Y todos los populismos utilizan medios alternativos de información a través de internet, porque no se fían de los medios clásicos, que están comprados por la clase dominante.

El populismo arranca de una petición de más democracia y de que el pueblo, contrariamente a lo que piensa la clase dominante, sí que es capaz de gobernarse a sí mismo y tener opinión propia. A partir de ese momento el pueblo empieza a decir que no está de acuerdo con lo que está pasando y que quiere más democracia para poder intervenir. Esa es la primera fase. La segunda es una fase defensiva. El pueblo es dios en su país: a mí no me cambiéis demasiado las cosas porque no voy a ir en esa dirección. La tercera, cambiar las condiciones para que las cosas no puedan volver a ser la mierda que ustedes han hecho con la mundialización. En este contexto surgen populismos de izquierdas, de derechas, populismos defensivos, reformistas, proteccionistas o librecambistas, hay de todo. Marine Le Pen es populismo proteccionista; Theresa May, librecambista; Donald Trump, proteccionista; Geert Wilders, librecambista. No existe populismo, existen populismos en función de las tradiciones de cada país.

El populismo dice: el pueblo debe mandar. Aparentemente no hay problema, sin embargo inmediatamente surge la pregunta de ¿quién integra el pueblo? ¿Quién es el pueblo? Entonces existe un populismo- nación, como el encarnado por De Gaulle, que defiende que el pueblo son todos los franceses, clases altas y clases bajas. Mientras que el populismo-plebe, como el de Chávez, dice que el pueblo realmente son los pobres, porque las clases dominantes en el fondo no dominan para el pueblo y por tanto en el fondo no son el pueblo. En Europa tanto Podemos como el Frente Nacional son populismos-nación. Son reformistas, Podemos intenta sentar las bases para que no se vuelva a producir una especie degeneración como la que ha habido, mientras que Le Pen dice que hay que volver atrás, pero no plantea mecanismos para impedir que se vuelva a degenerar el futuro, esa es la diferencia entre los dos, además del tema de la inmigración.

El populismo nunca puede ser internacionalista. Es dios en su país, mientras que el internacionalismo dice que en el fondo no hay naciones, o no las debería haber. El populismo reivindica la nación, reivindica la patria y reivindica el Estado.

Perfil del autor

JORGE VESTRYNGE fue Secretario General del partido más importante de la derecha a activista izquierdista en la calle y en los medios: esta es la trayectoria que ha recorrido en estos últimos años Jorge Verstrynge. Una trayectoria a contracorriente de lo habitual.

Nacido en Tánger en 1948 Verstrynge, profesor en la Facultad de Ciencias Políticas de la madrileña Universidad Complutense, no es el clásico intelectual de izquierda que se encierra en su torre de marfil. Ni el paniaguado que aspira a un confortable sillón en las instituciones. Pisa la calle, corta el tráfico, protesta a voz en grito contra los recortes y las injusticias, acude a los debates televisivos donde dice las cosas que pocos se atreven a decir. Y escribe.

Sólo con El Viejo Topo ha publicado media docena de títulos, entre los que se encuentran Proteccionismo y “economías de gran espacio” (Elogio de una alternativa económica demonizada), Diario de la Rebelión. Transitando por la crisisLa guerra periférica y el islam revolucionario. Orígenes, reglas y ética de la guerra asimétrica.

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